Hay misterios que perduran, en la historia de España, por los siglos de los siglos. Y uno de ellos, como otros tantos, tuvo lugar en Segovia. Su protagonista el hijo del rey Enrique II de Castilla, el infante Don Pedro, cuyo sepulcro se ubica en la catedral de la capital y que se abría hace unos años, para saber que es lo que había dentro.. La historia se remonta a julio de 1366. Según cuentas las leyendas que el infante, por causas que se desconocen, se precipitaba por una de las pequeñas ventanas de Alcázar segoviano. Y su aya o cuidadora, ante la desesperación y totalmente destrozada se tiraba tras el niño. Fue una caída de más de 30 metros sobre las rocas que descendían hacia el Eresma. El niño, con dos años se decía, perdía de esta manera la vida y enseguida empezaban pronto las especulaciones sobre su muerte trágica, sucesiones y preguntas sin responder.. Una de ellas era el hecho de conocer la verdadera edad del Infante ya que lo largo de los siglos se consolidó la idea de que se trataba de un muchacho ya de diez años o más. La razón estriba en el sepulcro que se puede ver en la catedral, donde se ve en su exterior la apariencia de un niño, casi adolescente, por la talla y la espada que empuña en sus manos.. Ese secreto se desvelaría en el año 2019, como consecuencia del proceso de restauración de dicho sepulcro, donde se aclararía que en el momento de su muerte el infante Don Pedro tendría entre seis meses y un año y medio.. Enrique II había convertido el Alcázar de Segovia en su residencia, aunque permanecía habitualmente fuera de la fortaleza, debido a la guerra que mantenía con su hermano Pedro I por hacerse con el control de Castilla. Tras morir su hijo, expide un privilegio real para levantar un sepulcro en su honor que se levanta en el centro del coro de la antigua catedral de Segovia, y dejando escrito que «debería estar iluminado por dos hacheros día y noche» a la vez que custodiado por «dos porteros de confianza del cabildo».. Después de la Guerra de las Comunidades, la antigua catedral que se situaba frente al Alcázar queda dañada y se decide construir una nueva en el lugar actual. Y es en el año 1558, con los trabajos de construcción de la nueva catedral ya avanzados cuando se realiza en solemne procesión desde el lugar que ocupaba la antigua catedral el traslado de los restos del infante Don Pedro guardados en el cofre hallado, y en otras cajas, los restos de María del Salto, canónigos y obispos, según se recoge en el libro “Historia de la Insigne Ciudad de Segovia y Compendio de las Historias de Castilla” del sacerdote e historiador segoviano, Diego de Colmenares.. El cofre con los restos del Infante fueron sepultados en la capilla de Santa Catalina, en el cuerpo bajo de la torre. Se levantó para su descanso eterno un nuevo sepulcro, de estilo renacentista, más acorde a la época, rodeado de una reja. Y es donde moran en la actualidad
Su sepulcro se encuentra en la catedral de Segovia
Hay misterios que perduran, en la historia de España, por los siglos de los siglos. Y uno de ellos, como otros tantos, tuvo lugar en Segovia. Su protagonista el hijo del rey Enrique II de Castilla, el infante Don Pedro, cuyo sepulcro se ubica en la catedral de la capital y que se abría hace unos años, para saber que es lo que había dentro.. La historia se remonta a julio de 1366. Según cuentas las leyendas que el infante, por causas que se desconocen, se precipitaba por una de las pequeñas ventanas de Alcázar segoviano. Y su aya o cuidadora, ante la desesperación y totalmente destrozada se tiraba tras el niño. Fue una caída de más de 30 metros sobre las rocas que descendían hacia el Eresma. El niño, con dos años se decía, perdía de esta manera la vida y enseguida empezaban pronto las especulaciones sobre su muerte trágica, sucesiones y preguntas sin responder.. Una de ellas era el hecho de conocer la verdadera edad del Infante ya que lo largo de los siglos se consolidó la idea de que se trataba de un muchacho ya de diez años o más. La razón estriba en el sepulcro que se puede ver en la catedral, donde se ve en su exterior la apariencia de un niño, casi adolescente, por la talla y la espada que empuña en sus manos.. Ese secreto se desvelaría en el año 2019, como consecuencia del proceso de restauración de dicho sepulcro, donde se aclararía que en el momento de su muerte el infante Don Pedro tendría entre seis meses y un año y medio.. Enrique II había convertido el Alcázar de Segovia en su residencia, aunque permanecía habitualmente fuera de la fortaleza, debido a la guerra que mantenía con su hermano Pedro I por hacerse con el control de Castilla. Tras morir su hijo, expide un privilegio real para levantar un sepulcro en su honor que se levanta en el centro del coro de la antigua catedral de Segovia, y dejando escrito que «debería estar iluminado por dos hacheros día y noche» a la vez que custodiado por «dos porteros de confianza del cabildo».. Después de la Guerra de las Comunidades, la antigua catedral que se situaba frente al Alcázar queda dañada y se decide construir una nueva en el lugar actual. Y es en el año 1558, con los trabajos de construcción de la nueva catedral ya avanzados cuando se realiza en solemne procesión desde el lugar que ocupaba la antigua catedral el traslado de los restos del infante Don Pedro guardados en el cofre hallado, y en otras cajas, los restos de María del Salto, canónigos y obispos, según se recoge en el libro “Historia de la Insigne Ciudad de Segovia y Compendio de las Historias de Castilla” del sacerdote e historiador segoviano, Diego de Colmenares.. El cofre con los restos del Infante fueron sepultados en la capilla de Santa Catalina, en el cuerpo bajo de la torre. Se levantó para su descanso eterno un nuevo sepulcro, de estilo renacentista, más acorde a la época, rodeado de una reja. Y es donde moran en la actualidad
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