Quien llega a Albacete sin expectativas suele marcharse con una sorpresa mayúscula. En el corazón de la ciudad, entre las calles Mayor y Tinte, se abre el Pasaje de Lodares, una galería modernista que muchos visitantes consideran —sin exagerar— una de las calles más bellas del país. Su estética recuerda a las grandes galerías europeas de principios del siglo XX, pero con un carácter propio que la convierte en una joya inesperada en una provincia a menudo subestimada.. Caminar por el pasaje es una experiencia sensorial, ya que la cubierta acristalada filtra la luz natural y la proyecta sobre columnas, balcones y motivos vegetales que decoran cada rincón. El resultado es un espacio cálido, casi teatral, donde el visitante avanza entre reflejos y sombras que cambian a lo largo del día. El proyecto nació en un momento de prosperidad económica para la ciudad, cuando Albacete aspiraba a situarse al nivel de las grandes capitales europeas.. El pasaje lleva el apellido de los Lodares, impulsores de la obra. Fue diseñado en 1925 por Buenaventura Ferrando Castells y concebido como galería comercial y residencial. Su interior combina columnas renacentistas, comercios tradicionales y una decoración inspirada en la mitología clásica, con numerosas representaciones de Mercurio, dios del comercio. Los balcones y rejerías, obra del artesano albaceteño José Tejados, aportan un nivel de detalle que sorprende incluso a quienes conocen bien el modernismo.. Una asimetría que se convirtió en seña de identidad. Aunque el interior es perfectamente simétrico, las dos fachadas del pasaje no lo son. La entrada desde la calle Mayor es más estrecha debido a que uno de los propietarios colindantes se negó a vender su vivienda durante la construcción. Esa peculiaridad obligó a modificar el diseño exterior y hoy forma parte de la historia del edificio, declarado Bien de Interés Cultural en 1996.. Quien visita Albacete descubre que el pasaje es solo el principio. El Parque Abelardo Sánchez, uno de los pulmones verdes más grandes de Castilla-La Mancha, invita a pasear entre estanques y senderos. La Catedral de San Juan Bautista, con su mezcla de estilos gótico y renacentista, sorprende por la sobriedad de su exterior y la riqueza de su interior. Además también destaca la Plaza del Altozano, rodeada de edificios emblemáticos como el Gran Hotel o el antiguo Ayuntamiento, completa un recorrido que demuestra que la ciudad tiene mucho más que ofrecer de lo que sugieren los tópicos.
Concebido en 1925 como galería comercial y residencial, su interior combina columnas renacentistas, comercios tradicionales y una decoración inspirada en la mitología clásica
Quien llega a Albacete sin expectativas suele marcharse con una sorpresa mayúscula. En el corazón de la ciudad, entre las calles Mayor y Tinte, se abre el Pasaje de Lodares, una galería modernista que muchos visitantes consideran —sin exagerar— una de las calles más bellas del país. Su estética recuerda a las grandes galerías europeas de principios del siglo XX, pero con un carácter propio que la convierte en una joya inesperada en una provincia a menudo subestimada.. Caminar por el pasaje es una experiencia sensorial, ya que la cubierta acristalada filtra la luz natural y la proyecta sobre columnas, balcones y motivos vegetales que decoran cada rincón. El resultado es un espacio cálido, casi teatral, donde el visitante avanza entre reflejos y sombras que cambian a lo largo del día. El proyecto nació en un momento de prosperidad económica para la ciudad, cuando Albacete aspiraba a situarse al nivel de las grandes capitales europeas.. El pasaje lleva el apellido de los Lodares, impulsores de la obra. Fue diseñado en 1925 por Buenaventura Ferrando Castells y concebido como galería comercial y residencial. Su interior combina columnas renacentistas, comercios tradicionales y una decoración inspirada en la mitología clásica, con numerosas representaciones de Mercurio, dios del comercio. Los balcones y rejerías, obra del artesano albaceteño José Tejados, aportan un nivel de detalle que sorprende incluso a quienes conocen bien el modernismo.. Aunque el interior es perfectamente simétrico, las dos fachadas del pasaje no lo son. La entrada desde la calle Mayor es más estrecha debido a que uno de los propietarios colindantes se negó a vender su vivienda durante la construcción. Esa peculiaridad obligó a modificar el diseño exterior y hoy forma parte de la historia del edificio, declarado Bien de Interés Cultural en 1996.. Quien visita Albacete descubre que el pasaje es solo el principio. El Parque Abelardo Sánchez, uno de los pulmones verdes más grandes de Castilla-La Mancha, invita a pasear entre estanques y senderos. La Catedral de San Juan Bautista, con su mezcla de estilos gótico y renacentista, sorprende por la sobriedad de su exterior y la riqueza de su interior. Además también destaca laPlaza del Altozano, rodeada de edificios emblemáticos como el Gran Hotel o el antiguo Ayuntamiento, completa un recorrido que demuestra que la ciudad tiene mucho más que ofrecer de lo que sugieren los tópicos.
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