Los gobiernos de China y Rusia saludaron este jueves los 25 años de la firma del Tratado de Buena Vecindad y Cooperación Amistosa, el acuerdo que cimenta unas relaciones que en los últimos cinco años se han reforzado a todos los niveles, pero algo ralentizadas en el plano energético.»Las relaciones entre Rusia y China se basan en la igualdad, no están condicionadas por dogmas ideológicos, no están dirigidas contra terceros países y son resistentes a las influencias externas», aseguró esta semana el ministro ruso de Exteriores, Sergei Lavrov, en un artículo publicado en el diario Kommersant con motivo del aniversario.Aunque la fecha de la firma fue el 16 de julio, Pekín y Moscú celebraron en mayo pasado el cuarto de siglo del Tratado, una efeméride que amparó la visita a China del presidente ruso, Vladimir Putin, para celebrar con su homólogo chino, Xi Jinping, una cumbre en la que ambos reforzaron su mensaje de coordinación estratégica. En la cita, ambos líderes presentaron a sus países como factor de «estabilidad» frente a un escenario internacional marcado por Ucrania, Oriente Medio y las tensiones con Occidente.»Nuestros amigos chinos»Xi aseguró entonces que los vínculos entre ambos países se encuentran en «el nivel más alto de su historia» y anunció, junto a Putin, una extensión del Tratado, además de firmar declaraciones sobre cooperación estratégica, sobre un «nuevo orden mundial» y veinte acuerdos y memorandos de entendimiento. En el texto reproducido por Kommersant, Lavrov valora «la postura constructiva y equilibrada de China sobre la situación en Ucrania, basada en una comprensión profunda del origen de la crisis y del camino hacia su resolución política, mediante la identificación y la eliminación de sus causas profundas».»Junto con nuestros amigos chinos, abogamos por la necesidad de una resolución política y diplomática de los conflictos basada en abordar sus causas originales y rechazamos la política de ‘cambios de régimen’, la ‘doble moral’ y las sanciones unilaterales», afirma el canciller ruso. Sin mencionar a Estados Unidos, deplora asimismo que «varios Estados occidentales, actuando de manera neocolonialista en un intento por mantener su dominio, buscan destruir por completo la arquitectura jurídica internacional centrada en la ONU».Pekín ha insistido en los últimos meses en que aún existe «esperanza» para las negociaciones que pongan fin al conflicto en Ucrania y mantiene una posición ambigua: pide respeto a la soberanía de todos los países, pero también reclama atender las «legítimas preocupaciones de seguridad» de todas las partes, en referencia a Rusia.Un gasoducto crucial, paralizadoEl jefe de la diplomacia rusa atribuye asimismo «importancia estratégica» a la cooperación energética y el suministro de petróleo y gas natural a China, «que, a pesar de la turbulencia geopolítica, se mantiene estable, fiable y predecible». Este es sin embargo el ámbito en el que la colabor
Los gobiernos de China y Rusia saludaron este jueves los 25 años de la firma del Tratado de Buena Vecindad y Cooperación Amistosa, el acuerdo que cimenta unas relaciones que en los últimos cinco años se han reforzado a todos los niveles, pero algo ralentizadas en el plano energético.»Las relaciones entre Rusia y China se basan en la igualdad, no están condicionadas por dogmas ideológicos, no están dirigidas contra terceros países y son resistentes a las influencias externas», aseguró esta semana el ministro ruso de Exteriores, Sergei Lavrov, en un artículo publicado en el diario Kommersant con motivo del aniversario. Aunque la fecha de la firma fue el 16 de julio, Pekín y Moscú celebraron en mayo pasado el cuarto de siglo del Tratado, una efeméride que amparó la visita a China del presidente ruso, Vladimir Putin, para celebrar con su homólogo chino, Xi Jinping, una cumbre en la que ambos reforzaron su mensaje de coordinación estratégica. En la cita, ambos líderes presentaron a sus países como factor de «estabilidad» frente a un escenario internacional marcado por Ucrania, Oriente Medio y las tensiones con Occidente. «Nuestros amigos chinos» Xi aseguró entonces que los vínculos entre ambos países se encuentran en «el nivel más alto de su historia» y anunció, junto a Putin, una extensión del Tratado, además de firmar declaraciones sobre cooperación estratégica, sobre un «nuevo orden mundial» y veinte acuerdos y memorandos de entendimiento. En el texto reproducido por Kommersant, Lavrov valora «la postura constructiva y equilibrada de China sobre la situación en Ucrania, basada en una comprensión profunda del origen de la crisis y del camino hacia su resolución política, mediante la identificación y la eliminación de sus causas profundas». «Junto con nuestros amigos chinos, abogamos por la necesidad de una resolución política y diplomática de los conflictos basada en abordar sus causas originales y rechazamos la política de ‘cambios de régimen’, la ‘doble moral’ y las sanciones unilaterales», afirma el canciller ruso. Sin mencionar a Estados Unidos, deplora asimismo que «varios Estados occidentales, actuando de manera neocolonialista en un intento por mantener su dominio, buscan destruir por completo la arquitectura jurídica internacional centrada en la ONU». Pekín ha insistido en los últimos meses en que aún existe «esperanza» para las negociaciones que pongan fin al conflicto en Ucrania y mantiene una posición ambigua: pide respeto a la soberanía de todos los países, pero también reclama atender las «legítimas preocupaciones de seguridad» de todas las partes, en referencia a Rusia. Un gasoducto crucial, paralizado El jefe de la diplomacia rusa atribuye asimismo «importancia estratégica» a la cooperación energética y el suministro de petróleo y gas natural a China, «que, a pesar de la turbulencia geopolítica, se mantiene estable, fiable y predecible». Este es sin embargo el ámbito en el que la
Pekín y Moscú reivindican su coordinación estratégica y su rechazo a la presión occidental, mientras el proyecto Fuerza de Siberia-2 evidencia las cautelas chinas en materia energética.
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