En Galicia, el Atlántico siempre estuvo lleno de tesoros, aunque algunos tardaron décadas en descubrirse. Mientras percebeiros, marineros y mariscadoras convivían desde hace generaciones con ellas pegadas a las rocas o flotando entre las mareas, casi nadie imaginaba que aquellas “hierbas del mar” acabarían formando parte de algunos de los platos más sofisticados de la alta cocina internacional.. Hoy, las algas gallegas han dejado de ser un elemento invisible del paisaje costero para convertirse en un producto gourmet codiciado por chefs de medio mundo.. Desde restaurantes Michelin hasta cocinas experimentales de Japón, Francia o Estados Unidos, variedades recolectadas en la Costa da Morte, las Rías Baixas o el litoral coruñés protagonizan caldos, mantequillas, arroces, emulsiones y platos marinos que buscan condensar el sabor más puro del Atlántico.. El fenómeno supone una pequeña revolución gastronómica y cultural. Durante décadas, en muchas zonas de Galicia las algas apenas tuvieron valor culinario. Algunas se utilizaban como fertilizante agrícola y otras simplemente se retiraban de las playas. Mientras tanto, en países asiáticos formaban parte habitual de la alimentación desde hacía siglos.. Cambio de paradigma. Todo comenzó a cambiar en los años noventa, cuando una pequeña empresa gallega decidió apostar por un producto que entonces parecía imposible convertir en negocio gastronómico. Ahí aparece el nombre de Porto-Muiños, firma fundada por Antonio y Rosa Muiños y considerada hoy una de las grandes responsables del salto internacional de las algas gallegas.. Su historia se ha convertido casi en una leyenda dentro del sector gastronómico. En una época en la que hablar de comer algas provocaba extrañeza, comenzaron a investigar sus posibilidades culinarias, técnicas de conservación, deshidratado y aplicaciones gastronómicas. El objetivo era transformar un recurso prácticamente ignorado en un ingrediente de alta cocina.. El gran punto de inflexión llegó cuando elBulli y Ferran Adrià descubrieron su trabajo. A partir de ese momento, las algas gallegas comenzaron a entrar en el circuito de la cocina de vanguardia y despertaron el interés de chefs nacionales e internacionales. Lo que hasta entonces parecía un experimento pasó a verse como un ingrediente con enorme potencial gastronómico.. Desde entonces, nombres como Ángel León, Eneko Atxa o numerosos cocineros especializados en cocina marina comenzaron a incorporarlas a sus cartas. Algunas variedades se hicieron especialmente populares por su intensidad de sabor y sus posibilidades culinarias.. Tipos de algas. Entre las más conocidas está el espagueti de mar, un alga de largas tiras marrones cuyo aspecto recuerda visualmente a la pasta y que suele utilizarse en salteados o acompañamientos de pescado.. También destaca la lechuga de mar, delicada y muy rica en matices salinos; el codium, considerado por muchos cocineros como una auténtica “explosión atlántica”; o el kombu gallego, cada vez más utilizado en caldos y preparaciones inspiradas en la cocina japonesa.. La estética del producto ha contribuido también a su éxito. Las imágenes de recolectores trabajando entre acantilados y mareas vivas en la Costa da Morte o las Rías Baixas ofrecen un escenario visual que encaja perfectamente con la narrativa contemporánea de la gastronomía ligada al territorio, la sostenibilidad y el producto.. Porque precisamente ahí reside otra de las claves del fenómeno: las algas se han convertido en símbolo de una nueva cocina atlántica conectada con el mar y con el aprovechamiento responsable de los recursos naturales.. Condiciones gallegas. Galicia cuenta además con unas condiciones privilegiadas para su desarrollo. La fuerza del Atlántico, la riqueza de nutrientes y la singularidad de las rías crean uno de los ecosistemas marinos más ricos de Europa. Esa biodiversidad permite la existencia de decenas de variedades diferentes, muchas de ellas especialmente apreciadas por la alta cocina.. Sin embargo, el auge del sector también ha abierto nuevos desafíos. El incremento de la temperatura del mar y los efectos del cambio climático preocupan cada vez más a investigadores y productores, que alertan de posibles alteraciones en algunas especies y en sus ciclos naturales.. Mientras tanto, las algas gallegas continúan expandiendo su presencia en restaurantes, tiendas gourmet y mercados internacionales. Lo que durante generaciones fue simplemente parte del paisaje costero se ha convertido hoy en uno de los grandes símbolos de la gastronomía gallega.
Ignoradas durante décadas e incluso utilizadas como abono, conquistan hoy cocinas Michelin y se han convertido en uno de los productos gastronómicos más sorprendentes
En Galicia, el Atlántico siempre estuvo lleno de tesoros, aunque algunos tardaron décadas en descubrirse. Mientras percebeiros, marineros y mariscadoras convivían desde hace generaciones con ellas pegadas a las rocas o flotando entre las mareas, casi nadie imaginaba que aquellas “hierbas del mar” acabarían formando parte de algunos de los platos más sofisticados de la alta cocina internacional.. Hoy, las algas gallegas han dejado de ser un elemento invisible del paisaje costero para convertirse en un producto gourmet codiciado por chefs de medio mundo.. Desde restaurantes Michelin hasta cocinas experimentales de Japón, Francia o Estados Unidos, variedades recolectadas en la Costa da Morte, las Rías Baixas o el litoral coruñés protagonizan caldos, mantequillas, arroces, emulsiones y platos marinos que buscan condensar el sabor más puro del Atlántico.. El fenómeno supone una pequeña revolución gastronómica y cultural. Durante décadas, en muchas zonas de Galicia las algas apenas tuvieron valor culinario. Algunas se utilizaban como fertilizante agrícola y otras simplemente se retiraban de las playas. Mientras tanto, en países asiáticos formaban parte habitual de la alimentación desde hacía siglos.. Cambio de paradigma. Todo comenzó a cambiar en los años noventa, cuando una pequeña empresa gallega decidió apostar por un producto que entonces parecía imposible convertir en negocio gastronómico. Ahí aparece el nombre de Porto-Muiños, firma fundada por Antonio y Rosa Muiños y considerada hoy una de las grandes responsables del salto internacional de las algas gallegas.. Su historia se ha convertido casi en una leyenda dentro del sector gastronómico. En una época en la que hablar de comer algas provocaba extrañeza, comenzaron a investigar sus posibilidades culinarias, técnicas de conservación, deshidratado y aplicaciones gastronómicas. El objetivo era transformar un recurso prácticamente ignorado en un ingrediente de alta cocina.. El gran punto de inflexión llegó cuando elBulli y Ferran Adrià descubrieron su trabajo. A partir de ese momento, las algas gallegas comenzaron a entrar en el circuito de la cocina de vanguardia y despertaron el interés de chefs nacionales e internacionales. Lo que hasta entonces parecía un experimento pasó a verse como un ingrediente con enorme potencial gastronómico.. Desde entonces, nombres como Ángel León, Eneko Atxa o numerosos cocineros especializados en cocina marina comenzaron a incorporarlas a sus cartas. Algunas variedades se hicieron especialmente populares por su intensidad de sabor y sus posibilidades culinarias.. Tipos de algas. Entre las más conocidas está el espagueti de mar, un alga de largas tiras marrones cuyo aspecto recuerda visualmente a la pasta y que suele utilizarse en salteados o acompañamientos de pescado.. También destaca la lechuga de mar, delicada y muy rica en matices salinos; el codium, considerado por muchos cocineros como una auténtica “explosión atlántica”; o el kombu gallego, cada vez más utilizado en caldos y preparaciones inspiradas en la cocina japonesa.. La estética del producto ha contribuido también a su éxito. Las imágenes de recolectores trabajando entre acantilados y mareas vivas en la Costa da Morte o las Rías Baixas ofrecen un escenario visual que encaja perfectamente con la narrativa contemporánea de la gastronomía ligada al territorio, la sostenibilidad y el producto.. Porque precisamente ahí reside otra de las claves del fenómeno: las algas se han convertido en símbolo de una nueva cocina atlántica conectada con el mar y con el aprovechamiento responsable de los recursos naturales.. Condiciones gallegas. Galicia cuenta además con unas condiciones privilegiadas para su desarrollo. La fuerza del Atlántico, la riqueza de nutrientes y la singularidad de las rías crean uno de los ecosistemas marinos más ricos de Europa. Esa biodiversidad permite la existencia de decenas de variedades diferentes, muchas de ellas especialmente apreciadas por la alta cocina.. Sin embargo, el auge del sector también ha abierto nuevos desafíos. El incremento de la temperatura del mar y los efectos del cambio climático preocupan cada vez más a investigadores y productores, que alertan de posibles alteraciones en algunas especies y en sus ciclos naturales.. Mientras tanto, las algas gallegas continúan expandiendo su presencia en restaurantes, tiendas gourmet y mercados internacionales. Lo que durante generaciones fue simplemente parte del paisaje costero se ha convertido hoy en uno de los grandes símbolos de la gastronomía gallega.
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