Con ochenta años cumplidos, el irlandés John Banville es autor de 38 novelas, la mayoría firmadas por él, y el resto, aproximadamente un tercio de su obra, bajo el seudónimo de Benjamin Black. Ganador de innumerables galardones, entre ellos el Príncipe de Asturias de las Letras, Banville es uno de los novelistas más prestigiosos del panorama internacional. Publicó su primer libro de ficción en 1970 y durante los 35 años que siguieron dio vida a un sólido corpus que comprende una docena larga de títulos memorables, algunos de ellos verdaderas obras maestras. Su brillante trayectoria culminó en 2005 con la publicación de El mar, con la que obtuvo el codiciado Man Booker. “Por fin reconocen un libro por su mérito artístico”, afirmó a la sazón, arriesgándose a ser tildado de elitista.. Seguir leyendo
Con ochenta años cumplidos, el irlandés John Banville es autor de 38 novelas, la mayoría firmadas por él, y el resto, aproximadamente un tercio de su obra, bajo el seudónimo de Benjamin Black. Ganador de innumerables galardones, entre ellos el Príncipe de Asturias de las Letras, Banville es uno de los novelistas más prestigiosos del panorama internacional. Publicó su primer libro de ficción en 1970 y durante los 35 años que siguieron dio vida a un sólido corpus que comprende una docena larga de títulos memorables, algunos de ellos verdaderas obras maestras. Su brillante trayectoria culminó en 2005 con la publicación de El mar, con la que obtuvo el codiciado Man Booker. “Por fin reconocen un libro por su mérito artístico”, afirmó a la sazón, arriesgándose a ser tildado de elitista. Seguir leyendo
Con ochenta años cumplidos, el irlandés John Banville es autor de 38 novelas, la mayoría firmadas por él, y el resto, aproximadamente un tercio de su obra, bajo el seudónimo de Benjamin Black. Ganador de innumerables galardones, entre ellos el Príncipe de Asturias de las Letras, Banville es uno de los novelistas más prestigiosos del panorama internacional. Publicó su primer libro de ficción en 1970 y durante los 35 años que siguieron dio vida a un sólido corpus que comprende una docena larga de títulos memorables, algunos de ellos verdaderas obras maestras. Su brillante trayectoria culminó en 2005 con la publicación de El mar, con la que obtuvo el codiciado Man Booker. “Por fin reconocen un libro por su mérito artístico”, afirmó a la sazón, arriesgándose a ser tildado de elitista.. Consagrado como escritor “serio”, unos meses después de ganar el Booker, cumplió con el deseo oculto de escribir una novela negra. El género le fascinaba hasta tal punto que en una ocasión afirmó que muchos de los mejores escritores del siglo XX eran autores de novelas policiacas. En la lista figuraban James M. Cain, Raymond Chandler, Richard Stark y, por encima de todos, Georges Simenon. Del belga llegó a decir que era mejor escritor que Sartre y Camus y sus llamadas novelas duras, las obras maestras del canon de la ficción existencialista del siglo XX.. Cuando él mismo se pasó al género negro, estaba a punto de cumplir 60 años, edad en la que muchos escritores dan por cumplida su carrera. El primer día, al cabo de unas horas, tenía 1.500 palabras, el equivalente a una semana de trabajo cuando escribía una novela “seria”. Cinco meses después había puesto fin a El secreto de Cristina, novela protagonizada por el doctor Quirke, un patólogo borrachín que trabajaba en el Instituto Forense de Dublín. La firmó con el seudónimo de Benjamin Black, compadeciéndosedel “pobre Banville, que necesita cuatro o cinco años para terminar un libro, cuando a Black le basta con tres o cuatro meses”. Claro que “Banville es un artista y Black un artesano”, precisó.. Banville es un perfeccionista que no se lo pone necesariamente fácil a los lectores, que en ocasiones se han quejado de que al autor le interesan más el lenguaje y los temas que aborda en profundidad que el dibujo de los personajes o el argumento. No tenía intención de escribir más novelas protagonizadas por Quirke pero acabó haciéndole figurar en diez, a las que hay que añadir algunas también firmadas por Black en las que no aparece el idiosincrático patólogo. El contraste entre Banville y Black es muy acusado. El primero es un perfeccionista que no se lo pone necesariamente fácil a los lectores, que en ocasiones se han quejado de que al autor le interesan más el lenguaje y los temas que aborda en profundidad que el dibujo de los personajes o el argumento.. Los libros de Black son deliberadamente simples, el vocabulario limitado, el argumento claro, los personajes nítidamente definidos y los diálogos vivaces. Algunos lectores de Banville se mantuvieron fieles a él, pero otros lo abandonaron. Los que apostaron por Black encontraron en él una fuente de entretenimiento inteligente, pero no faltaron quienes sintieron que algo esencial se había perdido para siempre. Durante un tiempo el autor irlandés siguió dividiendo su atención entre sus dos avatares, escribiendo a mano y con gran esfuerzo las novelas que firmaba como Banville, y tecleando alegremente en el ordenador las que firmaba como Black.. De manera gradual, la frontera que separaba estas dos formas antagónicas de entender la escritura empezó a desdibujarse. A los lectores no se les escapó la anomalía. En parte la culpa era de Banville, cuyas ambiciones eran más profundas y complejas que las de Black y empezó a influir en él. A su vez, los seguidores más puristas del género negro detectaban en las novelas Black un tufillo a alta literatura que les molestaba. Por espacio de 15 años las cosas fueron relativamente bien, en especial las ventas.. En 2020, con la publicación de Nieve, las cosas volvieron a dar un vuelco. Banville decidió escuchar (la idea de leerlas le superaba) todas las novelas escritas por Black. Le parecieron bastante mejores de lo que recordaba. “Nunca me he avergonzado de Black ni he sentido que tuviera que defenderlo como escritor. Era un buen artífice, honesto y sin pretensiones”, declaró. Hablaba de su alter ego en pasado porque había decidido deshacerse de él. “Lo encerré en un cuarto con una pistola, un tubo de somníferos, una botella de whisky y me lo cargué”, confesó.. Solo que Benjamin Black no había muerto. Banville se engañó a sí mismo, o quizá Black se la jugó. Dos de las novelas posteriores a Nieve, Las hermanas Jacobs (2023) y Los ahogados (2024) las firma Black, y en ellas campan por sus respetos dos criaturas centrales de su universo, el doctor Quirke y el inspector St. John Strafford. El caso de Nocturno de Venecia(2025), su título más reciente, que acaba de llegar a las librerías españolas, es aún más inquietante. La novela la firma Banville, pero parece escrita por Black. Quirke y Strafford no aparecen, pero todas las señas de identidad de la escritura de Benjamin Black están ahí.. Nocturno de Venecia es un escaparate de la manera de entender la literatura del alter ego negro de John Banville. ¿Qué ha ocurrido? Por más que la etiqueta de “novela literaria” le moleste (¿qué es una novela no literaria?) y no crea en la distinción entre alta y baja literatura, Banville ha escrito una novela de género, con todo su aparato de trucos baratos y clichés. Situándose, quizás sin habérselo propuesto, a mitad de camino entre sus dos avatares, el irlandés despista al lector, que al pasar las páginas se da cuenta de manera creciente de que le han dado gato por liebre, es decir, Black por Banville.. No es cuestión de condenar a nadie. Los dos han publicado libros de extraordinario mérito, cada uno conforme a sus parámetros. Nocturno de Venecia es desasosegante en el sentido de que el resultado de la lucha entre dos formas supuestamente antagónicas de entender la creación literaria es equívoco. El entretenimiento está asegurado, y si eso es todo lo que se busca, misión cumplida. ¿Quiere eso decir que la literatura de verdad ha perdido la batalla? ¿O es al revés?. John Banville. Traducción de Antonia Martín Martín. Alfaguara, 2026. 320 páginas. 20,81 euros. Búsquelo en su librería
