Contaba Colita ocho años antes de morir, rodeada de una pléyade escandalosamente eléctrica de mujeres artistas, inspiradoras y amigas –como Rosa Regás, Pilar Aymerich, Núria Feliu, Teresa Gimpera o Maruja Torres– en el marco del documental dedicado a su trayectoria dirigido por Ventura Pons, que cuando murió Franco, se disfrazó de falangista para poder ir a hacerle fotos a la tumba sin correr el riesgo de que la policía le agrediera pensando que pertenecía a la camarilla de fotógrafos rojos madrileños conocidos de siempre. «Había que tenerlos cuadrados», le alaba Maruja.. Resulta difícil pensar en alguien que no fuera ella, aguerrida capturadora de memorias compartidas, registradora inconfundible de la efervescencia social y cultural de una Barcelona que ya no existirá nunca, para congelar un momento trascendental que sin estar a la altura del fallecimiento del dictador en términos de relevancia histórica, sí contenía cantidades parejas de alivio colectivo y liberación ocasionada: la primera gran protesta LGTBI celebrada en España, concretamente en Barcelona. Cifrada en una horquilla que se movía entre las 4.000 y las 5.000 personas, la asistencia a esta convocatoria celebrada el 26 de junio de 1977 y organizada por el recién nacido Front d’Alliberament Gai de Catalunya, fue considerada todo un éxito. No así sus consecuencias.. Es a ti a quien queremos. «Es importante recordar que en aquel momento seguía en vigor la ley de peligrosidad y rehabilitación, que identificaba a las personas transexuales como «objeto de represión, tortura y cárcel», un lugar donde acabaron muchos de los manifestantes», recalcó ayer la delegada del Govern en Madrid, Núria Marín, durante la presentación que tuvo lugar en el Centro Cultural – Librería Blanquerna de la muestra presentada dentro de PhotoEspaña «Nosaltres no tenim por, nosaltres som» («Nosotros no tenemos miedo, nosotros somos»), que recoge por primera vez las cuarenta fotografías realizadas por la retratista predilecta de la «Gauche Divine» del desarrollo de la protesta.. Manifestantes portando banderas catalanas, rojas y rojinegras así como muy numerosas pancartas con leyendas exentas de disciplinamiento o grupos de lesbianas atravesando las Ramblas al grito de «Mujer, es a ti a quien queremos y por ti por quien luchamos» o «Sexualidad no es heterosexualidad» van configurando la composición estética de la propuesta expositiva. Todas ellas firmadas por grupos políticos como Bandera Roja, Acción Comunista, Liga Comunista Revolucionaría o Confederación Nacional del Trabajo.. También en esas mismas Ramblas, tal y como cuentan las crónicas de la época, los homosexuales catalanes recordaron a uno de sus antecesores, que fue quemado allí mismo en el siglo XVII. Se trataba de Joan Lloveras, consejero de Barcelona, que fue calcinado en una hoguera por el «delito» de homosexualidad. Pese al poderoso ambiente de lucha y reivindicación que se respiraba en las calles y que se traduce visualmente en los encuadres de las fotos de Colita, la violencia con la que fue reprimida la manifestación también forma parte del recorrido visual de la muestra y es por eso que en algunas de las imágenes observamos cordones policiales expandidos horizontalmente a punto de cargar y otras efectuando cargas de forma directa.. Tan solo diez días después de que se celebraran las primeras elecciones democráticas tras la dictadura franquista y en un país que comenzaba a despertar tras décadas de represión, aquella marcha representó mucho más que una reivindicación identitaria. Seis transexuales a la cabeza de la protesta con los puños en alto y la pancarta con el lema que da nombre a la exposición detrás protagonizan una de las imágenes más representativas de los dos carretes que realizó Colita. Representantes conscientes del grito por el derecho a existir y por la dignidad. La misma cuya preservación parece todavía urgente (y socialmente incomprensible) tener que seguir recordando y exigiendo a determinados partidos políticos en pleno 2026.
La Librería Blanquerna de Madrid acoge por primera vez la muestra «Nosaltres no tenim por, nosaltres som», integrada por las imágenes que la icónica fotógrafa capturó de una manifestación histórica
Contaba Colita ocho años antes de morir, rodeada de una pléyade escandalosamente eléctrica de mujeres artistas, inspiradoras y amigas –como Rosa Regás, Pilar Aymerich, Núria Feliu, Teresa Gimpera o Maruja Torres– en el marco del documental dedicado a su trayectoria dirigido por Ventura Pons, que cuando murió Franco, se disfrazó de falangista para poder ir a hacerle fotos a la tumba sin correr el riesgo de que la policía le agrediera pensando que pertenecía a la camarilla de fotógrafos rojos madrileños conocidos de siempre. «Había que tenerlos cuadrados», le alaba Maruja.. Resulta difícil pensar en alguien que no fuera ella, aguerrida capturadora de memorias compartidas, registradora inconfundible de la efervescencia social y cultural de una Barcelona que ya no existirá nunca, para congelar un momento trascendental que sin estar a la altura del fallecimiento del dictador en términos de relevancia histórica, sí contenía cantidades parejas de alivio colectivo y liberación ocasionada: la primera gran protesta LGTBI celebrada en España, concretamente en Barcelona. Cifrada en una horquilla que se movía entre las 4.000 y las 5.000 personas, la asistencia a esta convocatoria celebrada el 26 de junio de 1977 y organizada por el recién nacido Front d’Alliberament Gai de Catalunya, fue considerada todo un éxito. No así sus consecuencias.. «Es importante recordar que en aquel momento seguía en vigor la ley de peligrosidad y rehabilitación, que identificaba a las personas transexuales como «objeto de represión, tortura y cárcel», un lugar donde acabaron muchos de los manifestantes», recalcó ayer la delegada del Govern en Madrid, Núria Marín, durante la presentación que tuvo lugar en el Centro Cultural – Librería Blanquerna de la muestra presentada dentro de PhotoEspaña «Nosaltres no tenim por, nosaltres som» («Nosotros no tenemos miedo, nosotros somos»), que recoge por primera vez las cuarenta fotografías realizadas por la retratista predilecta de la «Gauche Divine» del desarrollo de la protesta.. Manifestantes portando banderas catalanas, rojas y rojinegras así como muy numerosas pancartas con leyendas exentas de disciplinamiento o grupos de lesbianas atravesando las Ramblas al grito de «Mujer, es a ti a quien queremos y por ti por quien luchamos» o «Sexualidad no es heterosexualidad» van configurando la composición estética de la propuesta expositiva. Todas ellas firmadas por grupos políticos como Bandera Roja, Acción Comunista, Liga Comunista Revolucionaría o Confederación Nacional del Trabajo.. También en esas mismas Ramblas, tal y como cuentan las crónicas de la época, los homosexuales catalanes recordaron a uno de sus antecesores, que fue quemado allí mismo en el siglo XVII. Se trataba de Joan Lloveras, consejero de Barcelona, que fue calcinado en una hoguera por el «delito» de homosexualidad. Pese al poderoso ambiente de lucha y reivindicación que se respiraba en las calles y que se traduce visualmente en los encuadres de las fotos de Colita, la violencia con la que fue reprimida la manifestación también forma parte del recorrido visual de la muestra y es por eso que en algunas de las imágenes observamos cordones policiales expandidos horizontalmente a punto de cargar y otras efectuando cargas de forma directa.. Tan solo diez días después de que se celebraran las primeras elecciones democráticas tras la dictadura franquista y en un país que comenzaba a despertar tras décadas de represión, aquella marcha representó mucho más que una reivindicación identitaria. Seis transexuales a la cabeza de la protesta con los puños en alto y la pancarta con el lema que da nombre a la exposición detrás protagonizan una de las imágenes más representativas de los dos carretes que realizó Colita. Representantes conscientes del grito por el derecho a existir y por la dignidad. La misma cuya preservación parece todavía urgente (y socialmente incomprensible) tener que seguir recordando y exigiendo a determinados partidos políticos en pleno 2026.
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