Uno de los momentos más emotivos de la visita del Papa León XIV a Barcelona tuvo lugar este miércoles en la iglesia de San Agustín, durante el encuentro que mantuvo con entidades sociales y caritativas que trabajan con personas vulnerables. Tras los parlamentos de algunos representantes de esos entes, llegó uno de los actos más emotivos de la tarde: un diálogo entre el Pontífice y Renzo, un niño perteneciente a una familia con dificultades económicas.. Lo que en principio iba a ser una sencilla ronda de preguntas acabó convirtiéndose en una profunda conversación sobre algunos de los grandes interrogantes de la existencia humana: el sufrimiento, el mal, la vocación, la soledad de los mayores y el perdón. Con un lenguaje sencillo, pero cargado de profundidad espiritual, León XIV fue respondiendo una a una a las cuestiones planteadas por el pequeño.. “¿Le gusta el fútbol?”. La primera pregunta provocó las sonrisas de todos los presentes. Renzo quiso saber si al Papa le gustaba el fútbol, y León XIV respondió recordando que su deporte más conocido es el tenis, aunque también jugó al fútbol durante su juventud.. Contó que practicó fútbol americano cuando era joven, “un poco más violento”, dijo entre risas, y que más tarde jugó al fútbol con los seminaristas durante su etapa en Perú. Incluso reveló la posición que ocupaba sobre el terreno de juego: defensa. “No era gran goleador”, reconoció con humildad, antes de explicar que el deporte enseña la importancia del trabajo en equipo y de pensar en los demás.. “¿De pequeño querías ser Papa?”. La respuesta sorprendió a muchos asistentes por su sencillez.. “Creo que no. Nunca lo pensé, ni de joven ni de viejo. Pero sí puedo decir una cosa. Desde pequeño sentí el deseo de entregar mi vida a Dios, no sabía cómo ni por dónde, pero con el tiempo descubrí que Jesús me llamaba a seguirlo como sacerdote y que este camino pasaba por la Orden de San Agustín, pero eso no va solo por mí. Cada niño es un sueño de Dios. Tú, Renzo, también lo eres. Dios desea la felicidad de todos, y quiere que desde pequeños y durante toda la vida, conservemos un corazón como el de los niños, capaz de confiar, lleno de bondad, que seamos sus amigos y no nos apartemos de Él. Por eso, más importante que preguntarnos si uno será sacerdote, maestro, médico o padre, hay que preguntarse si uno quiere ser amigo de Jesús.”. El Pontífice quiso así trasladar la idea de que la verdadera vocación no consiste tanto en una profesión concreta como en responder a la llamada de Dios y vivir una amistad sincera con Cristo.. “¿Por qué hay personas que les pasan cosas malas y a otros no?”. La tercera pregunta abordó una de las cuestiones más difíciles de responder. León XIV reconoció que no existen explicaciones sencillas para entender por qué algunas personas sufren más que otras, pero invitó a mirar a Jesucristo y a confiar en la presencia de Dios incluso en medio del dolor.. “No existen respuestas fáciles para esta pregunta. Pero podemos mirar a Jesús. Él conoció el sufrimiento, la incomprensión y la muerte. Sin embargo, su resurrección nos muestra que el mal no tiene la última palabra. Aunque haya sufrimiento, Dios nunca abandona a ninguno de sus hijos. Tengamos confianza. Jesús está con nosotros, nos ayuda y nos acompaña.”. “¿Por qué hay tantos abuelos solos si son tan importantes?”. La cuestión sobre la soledad de los mayores dio pie a una de las respuestas más sentidas de toda la conversación.. “Los abuelos son muy importantes en la vida de la familia. Nunca deberían quedarse solos. A menudo ellos cuidan a los nietos mientras los padres van a trabajar, y así con cariño y dedicación ayudan a los niños a conocer el amor a Dios y al prójimo, para que eche raíces en los corazones y un día lleguen a ser hombres y mujeres de bien.. ¿Y cómo debemos corresponder al amor? Con amor. Es lo que Jesús quiere que hagamos, cuidar y acompañar a nuestros abuelos en su vejez, así como ellos en su tiempo cuidaron de nosotros. No permitamos que la soledad y el abandono se normalicen en la vida de los adultos mayores. Eso es algo muy triste. Tengamos nuestro corazón abierto a todos ellos y aunque no sean nuestros abuelos no permitamos que se sientan solos ni desprotegidos, porque si no queremos la soledad para nosotros, tampoco debemos permitirla para los demás.”. El Papa vinculó así el cuidado de los ancianos con una responsabilidad de toda la sociedad, no únicamente de las familias.. “¿Hay que perdonar siempre?”. La última pregunta abordó uno de los pilares centrales del mensaje cristiano.. León XIV respondió recordando el pasaje evangélico en el que Pedro pregunta a Jesús cuántas veces debe perdonar.. “Jesús nos dice que sí. Un día Pedro le preguntó: ‘¿Cuántas veces tengo que perdonar? ¿Hasta siete veces?’. Jesús le respondió: ‘No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete’. Con eso se refería a que hay que perdonar siempre. Pero hay que entender bien qué significa perdonar. Perdonar no significa decir que lo malo estuvo bien, ni dejar que alguien siga haciendo daño. No significa olvidar por la fuerza, como si nada hubiera pasado. Perdonar significa no dejar que el odio se convierta en dueño de nuestro corazón.. Jesús nos pide perdonar porque es la única manera de experimentar la paz de Dios y de sanar heridas, heridas espirituales. Cuando perdonamos imitamos el ejemplo de Jesús, que perdonó a quienes le crucificaban. Nuestra predisposición para perdonar es condición para el perdón que recibimos de Dios.”. Así, a través de las preguntas de un niño, León XIV terminó ofreciendo una auténtica catequesis sobre algunas de las cuestiones más profundas de la existencia humana. Un diálogo sencillo en las formas, pero de enorme profundidad en el fondo, que se convirtió en uno de los momentos más memorables de su visita a Barcelona.
Durante un encuentro con entidades sociales en Barcelona, Renzo, un niño de una familia vulnerable, planteó al Pontífice algunas cuestiones
Uno de los momentos más emotivos de la visita del Papa León XIV a Barcelona tuvo lugar este miércoles en la iglesia de San Agustín, durante el encuentro que mantuvo con entidades sociales y caritativas que trabajan con personas vulnerables. Tras los parlamentos de algunos representantes de esos entes, llegó uno de los actos más emotivos de la tarde: un diálogo entre el Pontífice y Renzo, un niño perteneciente a una familia con dificultades económicas.. Lo que en principio iba a ser una sencilla ronda de preguntas acabó convirtiéndose en una profunda conversación sobre algunos de los grandes interrogantes de la existencia humana: el sufrimiento, el mal, la vocación, la soledad de los mayores y el perdón. Con un lenguaje sencillo, pero cargado de profundidad espiritual, León XIV fue respondiendo una a una a las cuestiones planteadas por el pequeño.. “¿Le gusta el fútbol?”. La primera pregunta provocó las sonrisas de todos los presentes. Renzo quiso saber si al Papa le gustaba el fútbol, y León XIV respondió recordando que su deporte más conocido es el tenis, aunque también jugó al fútbol durante su juventud.. Contó que practicó fútbol americano cuando era joven, “un poco más violento”, dijo entre risas, y que más tarde jugó al fútbol con los seminaristas durante su etapa en Perú. Incluso reveló la posición que ocupaba sobre el terreno de juego: defensa. “No era gran goleador”, reconoció con humildad, antes de explicar que el deporte enseña la importancia del trabajo en equipo y de pensar en los demás.. “¿De pequeño querías ser Papa?”. La respuesta sorprendió a muchos asistentes por su sencillez.. “Creo que no. Nunca lo pensé, ni de joven ni de viejo. Pero sí puedo decir una cosa. Desde pequeño sentí el deseo de entregar mi vida a Dios, no sabía cómo ni por dónde, pero con el tiempo descubrí que Jesús me llamaba a seguirlo como sacerdote y que este camino pasaba por la Orden de San Agustín, pero eso no va solo por mí. Cada niño es un sueño de Dios. Tú, Renzo, también lo eres. Dios desea la felicidad de todos, y quiere que desde pequeños y durante toda la vida, conservemos un corazón como el de los niños, capaz de confiar, lleno de bondad, que seamos sus amigos y no nos apartemos de Él. Por eso, más importante que preguntarnos si uno será sacerdote, maestro, médico o padre, hay que preguntarse si uno quiere ser amigo de Jesús.”. El Pontífice quiso así trasladar la idea de que la verdadera vocación no consiste tanto en una profesión concreta como en responder a la llamada de Dios y vivir una amistad sincera con Cristo.. “¿Por qué hay personas que les pasan cosas malas y a otros no?”. La tercera pregunta abordó una de las cuestiones más difíciles de responder. León XIV reconoció que no existen explicaciones sencillas para entender por qué algunas personas sufren más que otras, pero invitó a mirar a Jesucristo y a confiar en la presencia de Dios incluso en medio del dolor.. “No existen respuestas fáciles para esta pregunta. Pero podemos mirar a Jesús. Él conoció el sufrimiento, la incomprensión y la muerte. Sin embargo, su resurrección nos muestra que el mal no tiene la última palabra. Aunque haya sufrimiento, Dios nunca abandona a ninguno de sus hijos. Tengamos confianza. Jesús está con nosotros, nos ayuda y nos acompaña.”. “¿Por qué hay tantos abuelos solos si son tan importantes?”. La cuestión sobre la soledad de los mayores dio pie a una de las respuestas más sentidas de toda la conversación.. “Los abuelos son muy importantes en la vida de la familia. Nunca deberían quedarse solos. A menudo ellos cuidan a los nietos mientras los padres van a trabajar, y así con cariño y dedicación ayudan a los niños a conocer el amor a Dios y al prójimo, para que eche raíces en los corazones y un día lleguen a ser hombres y mujeres de bien.. ¿Y cómo debemos corresponder al amor? Con amor. Es lo que Jesús quiere que hagamos, cuidar y acompañar a nuestros abuelos en su vejez, así como ellos en su tiempo cuidaron de nosotros. No permitamos que la soledad y el abandono se normalicen en la vida de los adultos mayores. Eso es algo muy triste. Tengamos nuestro corazón abierto a todos ellos y aunque no sean nuestros abuelos no permitamos que se sientan solos ni desprotegidos, porque si no queremos la soledad para nosotros, tampoco debemos permitirla para los demás.”. El Papa vinculó así el cuidado de los ancianos con una responsabilidad de toda la sociedad, no únicamente de las familias.. “¿Hay que perdonar siempre?”. La última pregunta abordó uno de los pilares centrales del mensaje cristiano.. León XIV respondió recordando el pasaje evangélico en el que Pedro pregunta a Jesús cuántas veces debe perdonar.. “Jesús nos dice que sí. Un día Pedro le preguntó: ‘¿Cuántas veces tengo que perdonar? ¿Hasta siete veces?’. Jesús le respondió: ‘No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete’. Con eso se refería a que hay que perdonar siempre. Pero hay que entender bien qué significa perdonar. Perdonar no significa decir que lo malo estuvo bien, ni dejar que alguien siga haciendo daño. No significa olvidar por la fuerza, como si nada hubiera pasado. Perdonar significa no dejar que el odio se convierta en dueño de nuestro corazón.. Jesús nos pide perdonar porque es la única manera de experimentar la paz de Dios y de sanar heridas, heridas espirituales. Cuando perdonamos imitamos el ejemplo de Jesús, que perdonó a quienes le crucificaban. Nuestra predisposición para perdonar es condición para el perdón que recibimos de Dios.”. Así, a través de las preguntas de un niño, León XIV terminó ofreciendo una auténtica catequesis sobre algunas de las cuestiones más profundas de la existencia humana. Un diálogo sencillo en las formas, pero de enorme profundidad en el fondo, que se convirtió en uno de los momentos más memorables de su visita a Barcelona.
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