Por décadas, la extrema derecha se ha mantenido a raya y sin acceso a los ejecutivos europeos gracias al cordón sanitario. Sin embargo, esta política de acuerdos entre partidos no parece contener el trasvase de votantes desencantados con las opciones tradicionales. La victoria de Alternativa para Alemania (AfD) en Sajonia-Anhalt el pasado 6 de septiembre consolida el avance de estas formaciones y, con elecciones en Francia, Italia, España y Polonia en 2027, conviene preguntarse si esta fórmula sigue siendo eficaz.. Seguir leyendo
El avance de los ultras en Europa obliga a cuestionar si los acuerdos para impedir su acceso al poder siguen siendo eficaces
Por décadas, la extrema derecha se ha mantenido a raya y sin acceso a los ejecutivos europeos gracias al cordón sanitario. Sin embargo, esta política de acuerdos entre partidos no parece contener el trasvase de votantes desencantados con las opciones tradicionales. La victoria de Alternativa para Alemania (AfD) en Sajonia-Anhalt el pasado 6 de septiembre consolida el avance de estas formaciones y, con elecciones en Francia, Italia, España y Polonia en 2027, conviene preguntarse si esta fórmula sigue siendo eficaz.. Los periodistas Berna González Harbour y José Marcos discuten el alcance del veto. Mientras ella asegura que pactar con la extrema derecha no solo rompe los valores, sino que perjudica a quien se rinde, él responde que la única forma de que la extrema derecha toque techo es “dejar que gobiernen y que se retraten”.. PP: ¿pértiga o felpudo de Vox?. Berna González Harbour. Dice una de las protagonistas de La madre de Frankenstein, una de las grandes novelas que Almudena Grandes dedicó a la posguerra española, que casarse con el hombre infame que le han adjudicado las monjas que quieren dominar su vida supondría deja de ser “yo”. Se dispone a hacerlo porque está forzada y chantajeada por ellas, pero sabe que ese “yo” morirá en ese instante y nunca más volverá a ser quien era. Se acabó.. Algo así ocurre con el matrimonio forzoso que se va imponiendo en España y en Europa con la ultraderecha: forzoso por el poder de sus votos y por la rendición de la derecha o, en el caso de Sajonia-Anhalt, en Alemania, de la izquierda nacionalista de BSW, que está a punto de facilitarles el gobierno en ese land. Todos podemos casarnos por la fuerza o por política matrimonial, como en las antiguas monarquías, pero dejaríamos de ser nosotros. Y democracia dejaría de ser democracia. Por ello hay múltiples razones para no hacerlo: por identidad democrática, pero también por pragmatismo.. La victoria en Sajonia-Anhalt de la AfD, un partido filonazi, filorruso, xenófobo y racista, ha hecho visibles los límites del cordón sanitario que hasta ahora había funcionado en Alemania y en la Francia que intenta cortar el paso a Marine Le Pen. Mientras el muro sanitario crece, los ultraderechistas se están volviendo tan fuertes que están a punto de saltarlo. Y algunos no tienen inconveniente alguno en servirles de pértiga. O de felpudo.. La ultraderecha francesa es hoy la primera en intención de voto para las presidenciales de Francia, que se celebrarán en abril, incluso en una segunda vuelta en la que históricamente todos se han unido para frenarla. En Alemania, la AfD es primera fuerza en las encuestas ante las elecciones federales, previstas en 2029. Y, en Italia, a Giorgia Meloni le surgen competidores aún más radicales por la derecha.. Se puede comprender la tentación para partidos como el PP, que no tiene otra manera de llegar al trono del poder que mediante una alianza con Vox. También están los que mantienen un cordón sanitario formal, sin pactar con la ultraderecha, pero que de facto ya se han transformado, han comprado sus postulados y se han mutado en partidos más xenófobos, menos tolerantes y menos dispuestos a luchar por el medio ambiente. Así ocurre con la CDU alemana y con el Partido Popular Europeo en general.. Quienes lo hacen, quienes venden su alma al diablo, dejan de ser ese “yo” del personaje de Almudena Grandes, renuncian al “nosotros” que nos une y que significa democracia, tolerancia, igualdad, soberanía, derechos, integración, legalidad y principios. Y se convierten en algo peor.. El cordón sanitario no es una fórmula mágica y no basta para contener a la ultraderecha. Por el camino hay que fortalecer el estado de bienestar, hay que promover una ambición de igualdad hoy abandonada, reparar los ascensores sociales y favorecer la cohesión. Vivienda, empleo digno y acceso a educación y sanidad no son lemas vacíos, deben ser el corazón de las políticas en Europa y el verdadero cordón sanitario que pueda frenarles. El debate debe abrirse, ya vamos tarde. Pero pactar con ellos no es la solución.. Tras 70 años de gobierno del PRI, en México “al fin hubo democracia y resultó que puede ganar el peor”, ironizó esta semana el escritor mexicano Juan Villoro en el festival Centroamérica Cuenta en Madrid. En democracia puede ganar el peor, sí, como ocurrió con Hitler. Pero la inteligencia política y las lecciones históricas nos fuerzan a no dejarles gobernar si está en nuestra mano. Como nos fuerzan a preparar el terreno para que el votante vuelva a confiar en su estado de derecho y de bienestar. Eso es urgente.. Hasta ahí van los argumentos idealistas. Y aquí van algunos más prácticos: ¿Acaso le interesa al PP o los partidos de derecha ser la pértiga que permita a la ultraderecha avanzar, el felpudo en el que dejar el barro mientras se disparan? Porque la última encuesta del CIS, recordemos, muestra que el rédito a una crisis como la de Ceuta lo saca Vox. Por tanto, puede que muchos muramos de todas formas en el intento, pero, al menos, seguiremos siendo nosotros. Sin barro.. Berna González Harbour es periodista.. Los vetos le sientan de maravilla a la ultraderecha. José Marcos. Giulio Andreotti, siete veces primer ministro de Italia, decía que el poder desgasta, sobre todo a quien no lo tiene. El aforismo ha perdido su significado en un siglo XXI sin libro de instrucciones en el que la ultraderecha galopa crecida en el nuevo desorden mundial y los cordones sanitarios, lejos de debilitarla, le han terminado sentando de maravilla. Hay un remedio, aunque implica sacrificios: ponerles delante del espejo. Dejar que gobiernen y que se retraten. Que gestionen unos incendios y danas más voraces, a ver cómo siguen justificando que el cambio climático no existe. Que apliquen sus recetas mágicas de menos impuestos y menos Estado, a ver cómo refuerzan los servicios públicos sin culpar de su saturación a los inmigrantes.. El sentido original de los cordones sanitarios lo conocimos en 2002 cuando millones de franceses de izquierdas y derechas aparcaron sus diferencias y, en defensa de la democracia, evitaron que el filonazi Jean Marie Le Pen fuese elegido presidente. Pero el veto por el veto, sin más, ya no es suficiente. Marine Le Pen parte como la ultrafavorita en las próximas presidenciales. Promete la prioridad nacional —¿les suena?—, menos impuestos y menos regulaciones. Su programa es irreal para muchos economistas. Puede que Le Pen sea una amenaza existencial para la UE, pero lo habría sido mucho menos hace unos años, cuando no tenía tanto respaldo. Aun así, la única manera de que Reagrupamiento Nacional toque techo es que llegue al Elíseo. Toma paradoja.. La victoria de AfD en Sajonia-Anhalt es el último canario en la mina de una sociedad que está que trina. El miedo y la incertidumbre campan a sus anchas a las puertas de un 2027 con elecciones en Francia, Italia, España y Polonia. AfD ya dio en 2025 el sorpasso al SPD en Alemania y se convirtió en la oposición a la gran coalición, exprimiendo las diferencias (ideo)lógicas entre democristianos y socialdemócratas. En términos tácticos, ¿qué es mejor, dejar que la ultraderecha gobierne por primera vez desde la derrota del nazismo o persistir con la misma estrategia hasta la derrota final en el Bundestag? Para mí sin duda es la opción A.. El abuso de las grandes coaliciones y los frentes republicanos sitúa a las democracias liberales ante un dilema morrocotudo: continuar engordando a la bestia, impidiendo que gobierne hasta que los vetos dejen de ser posibles, o retratar desde la oposición a los nacionalpopulistas y sus soluciones simplonas de barra de bar. ¿Y si en todos estos años hemos confundido susto y muerte? Esto también vale para España: ¿cómo habrían gestionado el PP y Vox la crisis de Ceuta? ¿De verdad alguien se cree que ese gobierno de coalición rompería relaciones con Marruecos? Si gobiernan se tendrán que mojar. Ya no les bastaría con el antisanchismo.. Las décadas de bloqueo han sido una bendición de los reaccionarios, que se han librado de gestionar la sucesión de crisis de la Gran Recesión, la pandemia, la amenaza rusa y la revisión de la relación con Washington. El cordón sanitario ha sido un recurso tan manido que ha quedado vacío de parte de su esencia. Los últimos años han valido para retener el poder, pero sin capacidad para mejorar la vida de la gente. El paternalismo de los partidos clásicos ha agrandado la ola ultra. El aislamiento los ha dopado comicio tras comicio con más votantes desencantados por la falta de respuesta a su día a día.. La clave está una vez más en la periferia de Europa. La ultraderecha ha retrocedido en Suecia por primera vez en cuatro décadas, después de haber condicionado al Gobierno desde fuera. En Países Bajos. Geert Wilders, defensor de una “Holanda solo para los holandeses”, hizo caer al gobierno de coalición del que su partido formaba parte en menos de un año. En Estados Unidos vimos algo similar. Sin el segundo mandato de Trump posiblemente no habría surgido Zohran Mamdani. El futuro de nuestras democracias depende de que los partidos tradicionales escapen de la trampa identitaria de los ultras y fijen el tablero de juego en las cosas del comer. De lo contrario la ultraderecha nos comerá. Por eso hay que dejarle al volante. Un consejo: pónganse el cinturón.. José Marcos es periodista.
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