Algunos árboles parecen desafiar el paso del tiempo. Sus troncos se elevan durante decenas de metros, sus copas no dejan pasar la luz y sus raíces llevan más de un siglo aferradas a la misma tierra. En un pequeño rincón del interior de Galicia existe un bosque que reúne estas características; uno de extraordinaria belleza que ha llamado la atención de expertos internacionales.. Se trata de la Fraga de Catasós, un pequeño bosque situado en el municipio pontevedrés de Lalín, en pleno corazón de la comarca del Deza. Apenas ocupa cuatro hectáreas y media, pero alberga algunos de los ejemplares de castaños y robles más impresionantes de Europa. Un auténtico monumento natural que, además de su riqueza ecológica, esconde una estrecha vinculación con la literatura española.. Su historia se remonta al siglo XIX, cuando estos terrenos formaban parte de las propiedades de la familia Quiroga, vinculada al cercano pazo del mismo nombre. Fue precisamente esta familia la que estableció una relación con Emilia Pardo Bazán, una de las figuras más importantes de la literatura española, que pasó temporadas en este entorno.. La escritora contrajo matrimonio en 1868 con José Quiroga y Pérez de Deza y conoció de cerca estos paisajes gallegos que acabarían formando parte del universo literario de sus novelas. La tradición local sostiene que escribió en el pazo algunos capítulos de Los pazos de Ulloa, una de sus obras más conocidas, publicada en 1886.. Los expertos de la FAO. Sin embargo, la verdadera excepcionalidad de Catasós se encuentra varios metros por encima del suelo. Algunos de sus castaños alcanzan los 30 metros de altura, con troncos de dimensiones extraordinarias. Lejos de presentar las formas retorcidas habituales en muchos ejemplares centenarios, estos árboles destacan por sus fustes rectos y elevados, que recuerdan a las columnas de una catedral.. Su peculiar aspecto tiene una explicación histórica. Durante el siglo XIX, los árboles destinados a proporcionar madera para las grandes construcciones rurales se podaban de una manera específica. Se eliminaban las ramas laterales para favorecer su crecimiento vertical, pero se conservaba la guía principal. Así se conseguían los largos troncos utilizados en las vigas de pazos y casonas.. Aquella práctica forestal acabó creando un paisaje único.. En la década de 1970, técnicos de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) llegaron a destacar los castaños de Catasós por su excepcional porte forestal, considerándolos entre los mejores ejemplares de Europa.. La importancia de este pequeño espacio natural llevó a la Xunta de Galicia a declararlo Monumento Natural en el año 2000, una figura de protección que reconoce su especial valor ecológico y paisajístico.. Un pequeño paraíso para descubrir en otoño. Aunque Catasós merece una visita durante todo el año, el otoño le confiere un atractivo especial. Las hojas de los castaños y robles comienzan a cambiar de color, el suelo se cubre de tonalidades ocres y la humedad habitual de los bosques gallegos intensifica el verde de los musgos que recubren los troncos.. El recorrido por su interior es relativamente corto y sencillo, lo que permite disfrutar del paisaje sin necesidad de afrontar una ruta exigente. La dimensión de los árboles, las formas de sus raíces y los juegos de luz entre las copas convierten el paseo en una experiencia difícil de igualar.. La fraga se encuentra en el lugar de Quintela, en la parroquia de Catasós, a unos cuatro kilómetros del centro de Lalín. El acceso se realiza desde las inmediaciones de la carretera que comunica la capital del Deza con Ourense.. Allí permanece uno de esos lugares que demuestran que no es necesario recorrer grandes distancias para descubrir algo extraordinario. Un bosque diminuto en extensión, pero gigantesco por la historia y el tamaño de sus árboles.
En el interior de Pontevedra, una pequeña fraga conserva algunos de los castaños más extraordinarios del continente y un pasado vinculado a la gran escritora
Algunos árboles parecen desafiar el paso del tiempo. Sus troncos se elevan durante decenas de metros, sus copas no dejan pasar la luz y sus raíces llevan más de un siglo aferradas a la misma tierra. En un pequeño rincón del interior de Galicia existe un bosque que reúne estas características; uno de extraordinaria belleza que ha llamado la atención de expertos internacionales.. Se trata de la Fraga de Catasós, un pequeño bosque situado en el municipio pontevedrés de Lalín, en pleno corazón de la comarca del Deza. Apenas ocupa cuatro hectáreas y media, pero alberga algunos de los ejemplares de castaños y robles más impresionantes de Europa. Un auténtico monumento natural que, además de su riqueza ecológica, esconde una estrecha vinculación con la literatura española.. Su historia se remonta al siglo XIX, cuando estos terrenos formaban parte de las propiedades de la familia Quiroga, vinculada al cercano pazo del mismo nombre. Fue precisamente esta familia la que estableció una relación con Emilia Pardo Bazán, una de las figuras más importantes de la literatura española, que pasó temporadas en este entorno.. La escritora contrajo matrimonio en 1868 con José Quiroga y Pérez de Deza y conoció de cerca estos paisajes gallegos que acabarían formando parte del universo literario de sus novelas. La tradición local sostiene que escribió en el pazo algunos capítulos de Los pazos de Ulloa, una de sus obras más conocidas, publicada en 1886.. Los expertos de la FAO. Sin embargo, la verdadera excepcionalidad de Catasós se encuentra varios metros por encima del suelo. Algunos de sus castaños alcanzan los 30 metros de altura, con troncos de dimensiones extraordinarias. Lejos de presentar las formas retorcidas habituales en muchos ejemplares centenarios, estos árboles destacan por sus fustes rectos y elevados, que recuerdan a las columnas de una catedral.. Su peculiar aspecto tiene una explicación histórica. Durante el siglo XIX, los árboles destinados a proporcionar madera para las grandes construcciones rurales se podaban de una manera específica. Se eliminaban las ramas laterales para favorecer su crecimiento vertical, pero se conservaba la guía principal. Así se conseguían los largos troncos utilizados en las vigas de pazos y casonas.. Aquella práctica forestal acabó creando un paisaje único.. En la década de 1970, técnicos de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) llegaron a destacar los castaños de Catasós por su excepcional porte forestal, considerándolos entre los mejores ejemplares de Europa.. La importancia de este pequeño espacio natural llevó a la Xunta de Galicia a declararlo Monumento Natural en el año 2000, una figura de protección que reconoce su especial valor ecológico y paisajístico.. Un pequeño paraíso para descubrir en otoño. Aunque Catasós merece una visita durante todo el año, el otoño le confiere un atractivo especial. Las hojas de los castaños y robles comienzan a cambiar de color, el suelo se cubre de tonalidades ocres y la humedad habitual de los bosques gallegos intensifica el verde de los musgos que recubren los troncos.. El recorrido por su interior es relativamente corto y sencillo, lo que permite disfrutar del paisaje sin necesidad de afrontar una ruta exigente. La dimensión de los árboles, las formas de sus raíces y los juegos de luz entre las copas convierten el paseo en una experiencia difícil de igualar.. La fraga se encuentra en el lugar de Quintela, en la parroquia de Catasós, a unos cuatro kilómetros del centro de Lalín. El acceso se realiza desde las inmediaciones de la carretera que comunica la capital del Deza con Ourense.. Allí permanece uno de esos lugares que demuestran que no es necesario recorrer grandes distancias para descubrir algo extraordinario. Un bosque diminuto en extensión, pero gigantesco por la historia y el tamaño de sus árboles.
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