La Real Maestranza de Sevilla guardó un minuto de silencio por dos de los nuestros: Alfonso Vázquez, mayoral de Fuenteymbro, y Santiago Barrero, ganadero del hierro de Toros de San Román. Un gesto que abrió el penúltimo festejo de la Feria de Abril de Sevilla, ya en ese tramo final que enlaza con el Corpus el día 4 de junio. Con La Quinta hoy y Miura mañana en los chiqueros, la tarde se anunciaba seria por los nombres, aunque el desarrollo no tardó en matizar esas expectativas.. El primero de la tarde dejó sensaciones encontradas desde su salida. Sin terminar de emplearse, distraído y con querencia a tablas, rehuyó el capote más por desgana que otra cosa. Hubo que ir a buscarlo, sí, pero sin que aquello alcanzara mayores cotas de exigencia. Sin embargo, ya en la muleta de El Cid, el toro se definió: escaso de poder, pero con una clase notable en el viaje. Lo vio claro desde el principio el diestro de Salteras, que entendió pronto la condición del animal y optó por darle sitio y suavidad, aprovechando esa inercia noble que sí permitía dibujar muletazos de buen trazo. Buen ritmo del toro que se acabó pronto.. Una vuelta dio en el cuarto ante la no concesión del trofeo. Que fue la noticia de la tarde hasta entonces. Petición hubo. Esa es la realidad. El de Salteras hundió el acero como colofón de una faena ligada y templada por el derecho, pitón por el que el toro se desplazaba con alegría y repetición. Faltó ajuste para que aquello explotara de una, pero la gente estaba con él. Fue bajando revoluciones el toro y había llegado el fin, que fue la estocada. La vuelta fue la compensación. Se pitó al palco.. Sin poder ninguno pero de corto recorrido fue el segundo. Una putada porque poco decía el esfuerzo que hicieras con él. Jiménez Fortes lo intentó todo sin mucho qué hacer.. Y llegó el quinto, para nuestro deleite. El toro tenía el poder justo, pero calidad para tomar el engaño por abajo. Transcurrió gran parte de la faena de Jiménez Fortes sin que se diera cuenta la gente y la música que no se habían dado muletazos de mayor ajuste y pureza en toda la tarde. Verdad. Con las yemas y buscando que el final del muletazo fuera siempre detrás de la cadera. Como el toro embestía tan despacio resultaba un difícil/maravilloso equilibrio cada lance, y de tremenda belleza. Hubo algunos pasajes excepcionales, el resultado y la manera de ir a ello. Una casi entera fue la clausura. Hubo petición, quizá no mayoritaria. Muchos, igual no se habían percatado de que habían visto el toreo mayúsculo.. José Garrido rompió al toro para adelante con el capote. Era el tercero. El mismo que enganchó de fea manera a Juan Luis Moreno al banderillear por la barriga. Le cortó tanto que le cazó rápido. Pasó a la enfermería después. Garrido no había venido a perder el tiempo y nos lo dejó claro. El toro le acompañó con nobleza y repetición, también el poder justo. Y el resto lo puso Garrido en una faena de ambición. Era su tarde, pero la espada se cruzó y acabó desdibujado. El sexto fue más desagradable y se justificó.. Ficcha del festejo. Sevilla. 15ª de abono. Se lidiaron toros de La Quinta. El 1º, tan escaso de poder como noble; 2º, flojo y corto recorrido; 3º, noble y repetidor; 4º, bueno y a menos; 5º, de calidad y poco fondo; 6, a la defensiva. Casi lleno.. El Cid, de verde hoja y oro, estocada trasera y perpendicular, descabellos (palmas); estocada (vuelta tañras petición de oreja). Jiménez Fortes, de turquesa y oro, estocada (saludos); casi entera (vuelta tras petición).. José Garrido, de verde botella y oro, tres pinchazos, estocada (saludos); bajonazo, aviso (silencio).
El Cid da una vuelta al ruedo tras petición, como el malagueño, con dos toros justos de poder, pero mucha calidad de La Quinta
La Real Maestranza de Sevilla guardó un minuto de silencio por dos de los nuestros: Alfonso Vázquez, mayoral de Fuenteymbro, y Santiago Barrero, ganadero del hierro de Toros de San Román. Un gesto que abrió el penúltimo festejo de la Feria de Abril de Sevilla, ya en ese tramo final que enlaza con el Corpus el día 4 de junio. Con La Quinta hoy y Miura mañana en los chiqueros, la tarde se anunciaba seria por los nombres, aunque el desarrollo no tardó en matizar esas expectativas.. El primero de la tarde dejó sensaciones encontradas desde su salida. Sin terminar de emplearse, distraído y con querencia a tablas, rehuyó el capote más por desgana que otra cosa. Hubo que ir a buscarlo, sí, pero sin que aquello alcanzara mayores cotas de exigencia. Sin embargo, ya en la muleta de El Cid, el toro se definió: escaso de poder, pero con una clase notable en el viaje. Lo vio claro desde el principio el diestro de Salteras, que entendió pronto la condición del animal y optó por darle sitio y suavidad, aprovechando esa inercia noble que sí permitía dibujar muletazos de buen trazo. Buen ritmo del toro que se acabó pronto.. Una vuelta dio en el cuarto ante la no concesión del trofeo. Que fue la noticia de la tarde hasta entonces. Petición hubo. Esa es la realidad. El de Salteras hundió el acero como colofón de una faena ligada y templada por el derecho, pitón por el que el toro se desplazaba con alegría y repetición. Faltó ajuste para que aquello explotara de una, pero la gente estaba con él. Fue bajando revoluciones el toro y había llegado el fin, que fue la estocada. La vuelta fue la compensación. Se pitó al palco.. Sin poder ninguno pero de corto recorrido fue el segundo. Una putada porque poco decía el esfuerzo que hicieras con él. Jiménez Fortes lo intentó todo sin mucho qué hacer.. Y llegó el quinto, para nuestro deleite. El toro tenía el poder justo, pero calidad para tomar el engaño por abajo. Transcurrió gran parte de la faena de Jiménez Fortes sin que se diera cuenta la gente y la música que no se habían dado muletazos de mayor ajuste y pureza en toda la tarde. Verdad. Con las yemas y buscando que el final del muletazo fuera siempre detrás de la cadera. Como el toro embestía tan despacio resultaba un difícil/maravilloso equilibrio cada lance, y de tremenda belleza. Hubo algunos pasajes excepcionales, el resultado y la manera de ir a ello. Una casi entera fue la clausura. Hubo petición, quizá no mayoritaria. Muchos, igual no se habían percatado de que habían visto el toreo mayúsculo.. José Garrido rompió al toro para adelante con el capote. Era el tercero. El mismo que enganchó de fea manera a Juan Luis Moreno al banderillear por la barriga. Le cortó tanto que le cazó rápido. Pasó a la enfermería después. Garrido no había venido a perder el tiempo y nos lo dejó claro. El toro le acompañó con nobleza y repetición, también el poder justo. Y el resto lo puso Garrido en una faena de ambición. Era su tarde, pero la espada se cruzó y acabó desdibujado. El sexto fue más desagradable y se justificó.. Sevilla. 15ª de abono. Se lidiaron toros de La Quinta. El 1º, tan escaso de poder como noble; 2º, flojo y corto recorrido; 3º, noble y repetidor; 4º, bueno y a menos; 5º, de calidad y poco fondo; 6, a la defensiva. Casi lleno.. El Cid, de verde hoja y oro, estocada trasera y perpendicular, descabellos (palmas); estocada (vuelta tañras petición de oreja). Jiménez Fortes, de turquesa y oro, estocada (saludos); casi entera (vuelta tras petición).. José Garrido, de verde botella y oro, tres pinchazos, estocada (saludos); bajonazo, aviso (silencio).
Noticias de cultura en La Razón
