En 1977 el profesor Ronald Inglehart formuló la hipótesis de que el materialismo evolucionaría hacia el postmaterialismo, ya que las personas, al tener cubiertas sus necesidades básicas, desarrollarían valores y preocupaciones más profundas, como la igualdad de género, el ecologismo o la calidad de vida. Esta idea era compatible con el principio económico neoclásico de la utilidad marginal decreciente de cualquier bien o servicio, también del dinero. De hecho, el premio Nobel de Economía Daniel Kahneman, en su muy citado paper de 2010, estimó que el bienestar emocional se estanca si conseguimos un sueldo bruto superior a los 75.000 dólares anuales (con la inflación serían unos 90.000 euros actuales). Esta hipótesis, actualizada por Pippa Norris, pareciera plantear un escenario futuro de personas comprometidas, émulas de Greta Thunberg.. Seguir leyendo
Los gobiernos financian el acceso al antojo privado porque es más fácil y barato que mejorar los salarios reales
En 1977 el profesor Ronald Inglehart formuló la hipótesis de que el materialismo evolucionaría hacia el postmaterialismo, ya que las personas, al tener cubiertas sus necesidades básicas, desarrollarían valores y preocupaciones más profundas, como la igualdad de género, el ecologismo o la calidad de vida. Esta idea era compatible con el principio económico neoclásico de la utilidad marginal decreciente de cualquier bien o servicio, también del dinero. De hecho, el premio Nobel de Economía Daniel Kahneman, en su muy citado paper de 2010, estimó que el bienestar emocional se estanca si conseguimos un sueldo bruto superior a los 75.000 dólares anuales (con la inflación serían unos 90.000 euros actuales). Esta hipótesis, actualizada por Pippa Norris, pareciera plantear un escenario futuro de personas comprometidas, émulas de Greta Thunberg.. Algunos spin doctors de la izquierda creyeron ver una oportunidad electoral. ¿Por qué no favorecer el advenimiento de la utopía postmaterialista? Centrando el discurso político, los programas y las propuestas, en los debates identitarios, ya que, si las personas van a ser postmaterialistas, el debate de la distribución de la renta sería cada vez más innecesario.. Pero este escenario, como mínimo, se ha quedado corto, lastrando con ello los resultados electorales de los partidos socialdemócratas. Incluso Kahneman reconoció, en un nuevo paper de 2023, que para el 80% de la población seguirá aumentando su felicidad a medida que sus retribuciones superen esos 90.000 euros, por lo que Greta Thunberg será la excepción y no la regla.. ¿Qué puede haber cambiado? Probablemente el triunfo del capitalismo globalizador y liberalizado de las últimas décadas, que ha multiplicado el conjunto de cestas de bienes asequibles para la clase trabajadora. Incrementando sustancialmente los bienes y servicios no esenciales, es decir, los caprichos que ahora podemos adquirir. Por ejemplo, si en los 70 una escapada a Venecia era un privilegio exclusivo de las clases más adineradas, actualmente, gracias a la liberalización del transporte aéreo y las plataformas digitales, está al alcance de las economías domésticas más humildes. ¿Y qué decir de las salas de proyección domésticas? En los 70 parecían solo accesibles para productores de Hollywood y los antagonistas, tan perversos como millonarios, de las películas de James Bond, mientras que, ahora, los seguidores de La Roja, de los más variados estratos socioeconómicos, podrán verla jugar en gigantes pantallas de 65 pulgadas, de las que ya existen modelos por menos de 400 euros.. El problema es que la renta disponible para los caprichos, que es una renta residual (se obtiene de restarles a los ingresos netos de impuestos de las familias el gasto en bienes de primera necesidad), se está viendo gravemente comprometida. Tras la covid, este consumo hedonista se ha visto amenazado por la superior inflación de los bienes y servicios de primera necesidad, especialmente la vivienda (alquiler o recibo de la hipoteca), los alimentos frescos o las crisis puntuales en el precio de la electricidad o gasolina. Tampoco ayuda la ausencia de un ajuste por inflación en la escala de gravamen del IRPF. Lo que en conjunto nos lleva a una verdadera crisis de asequibilidad de los caprichos, justo cuando más se disparaba su demanda de una ciudadanía, superviviente de la pandemia, deseosa de celebrar la vida. Como también ocurrió en la Edad Media tras la peste negra, donde, según el historiador Samuel K. Cohn, se multiplicaron las celebraciones civiles, como los carnavales.. Además, las redes sociales y el FOMO potencian el consumo conspicuo y ostentoso, postulado por Thorstein Veblen, al multiplicar los canales para su exhibición, como prueba de un pretendido estatus socioeconómico. El FOMO nos inocula el miedo a perderte ese espectáculo del que se presume de haber estado en las plataformas digitales. ¿Cuántos de nuestros trabajadores con sueldos bajos, muchos nacidos en Iberoamérica, se están gastando el dinero, que no les sobra, en los nada baratos conciertos de sus compatriotas Shakira, Karol G. o Bad Bunny? Acceder a la famosa casita de los conciertos de este último, cima actual y efímera del éxito social, pasa a ser una ensoñación colectiva transversal, independiente del nivel de renta.. Este nuevo escenario ultramaterialista podría explicar uno de los enigmas económicos de nuestro tiempo: ¿cómo es posible que la población se haya vuelto tan pesimista desde principios de 2021? Desde entonces, los valores que arrojan los índices de sentimientos económicos son claramente inferiores a los que los modelos econométricos estiman que deberían ser, dados los excelentes valores actuales de las macromagnitudes. De esta forma, lo que las personas estarían diciendo no es que teman que la economía vaya a ir mal o puedan perder su trabajo, que era lo que antes significaban los valores bajos de estos índices, sino que somos pesimistas sobre que nuestros salarios reales nos vayan a permitir acceder a los caprichos, fuente de la felicidad material, en la misma medida que en la década pasada.. De nuevo los spin doctors detectaron este cambio de tendencia, y están intentando reorientar la política económica para financiar, con dinero público, el acceso privado al antojo. Sin que haya que esconder las medidas proconsumo suntuario tras sesudos argumentos económicos, como en su día se acudió a la lucha contra la estacionalidad turística, para justificar los viajes del Imserso de nuestros jubilosos jubilados. Ahora financiamos el Bono Cultural para que los jóvenes paguen su ocio digital y vayan a conciertos por toda España, gracias también al transporte subvencionado por el Verano Joven o las entradas de cine a 2 euros para los mayores 65. Mientras, los ayuntamientos promueven fiestas llenas, cada vez más, de luz y de color, y los gobiernos regionales establecen deducciones fiscales por ir al gimnasio, tener una mascota o comprar localidades de espectáculos.. Lamentablemente, financiar el acceso al antojo privado es más sencillo, exitoso e, incluso, barato a corto plazo, que promover políticas que aumenten los salarios reales, disminuyan el coste de acceso a la vivienda o a los alimentos frescos, es decir, las políticas que realmente nos permitirían pagarnos a cada uno nuestros caprichos, con nuestro propio dinero.. José Ignacio Castillo Manzano es catedrático de Economía de la Universidad de Sevilla y presidente de la Academia Andaluza de Ciencias Económicas y del Territorio.
Feed MRSS-S Noticias
