Un nuevo estudio preclínico liderado por investigadores de la Universidad Complutense de Madrid (UCM) ha demostrado que la combinación de alcohol y mala alimentación agrava el daño hepático a través del eje intestino-hígado, acelerando la progresión de la enfermedad hepática esteatósica.. El estudio, impulsado por investigadores del Departamento de Inmunología, Oftalmología y Otorrinolaringología de la UCM, aporta así nuevas evidencias claves sobre cómo interactúan el consumo de alcohol y los factores metabólicos en el desarrollo y progresión de esta enfermedad, indica la universidad en una nota.. En concreto, la interacción entre ambos factores altera el eje intestino-hígado, incrementa la inflamación y acelera la progresión de la enfermedad hepática esteatósica hacia formas más graves.. Esta enfermedad (SLD, por sus siglas en inglés) es una patología compleja que no afecta únicamente al hígado, sino que implica a distintos órganos y sistemas del cuerpo.. En los últimos años, la ciencia ha puesto el foco en la estrecha relación entre el intestino -incluida su microbiota- y el hígado, conocida como el eje intestino-hígado.. Para ello, el equipo utilizó un modelo experimental en ratones, denominado modelo DUAL, que combina una dieta de tipo occidental, rica en grasas, con un 10% de alcohol añadido al agua de bebida, de modo que se pudo analizar el efecto conjunto de una alimentación poco saludable y el consumo moderado de alcohol.. Los resultados muestran que cuando el alcohol se combina con factores de riesgo metabólico -como la obesidad o una dieta rica en grasas saturadas- no debe considerarse simplemente como una enfermedad hepática por alcohol (ALD) ni únicamente como enfermedad hepática asociada a disfunción metabólica (MASLD).. Ambos factores interactúan y se potencian mutuamente, dando lugar a una forma «dual» de la enfermedad más agresiva, según el estudio que observó, además, una relación bidireccional llamativa: el alcohol incrementa la preferencia por alimentos ricos en grasas, y este tipo de dieta, a su vez, puede aumentar el deseo de consumir alcohol.. Los investigadores comprobaron que la combinación de alcohol y grasa altera el funcionamiento del intestino, aumentando la absorción de lípidos y enviando grandes cantidades de ácidos grasos al hígado.. Paralelamente, el hígado pierde parte de su capacidad para procesar y eliminar esa grasa, lo que favorece su acumulación.. Además, esta combinación daña la barrera intestinal, incrementa la inflamación y altera la microbiota, lo que, como consecuencia, activa mecanismos inflamatorios en el hígado que pueden acelerar la progresión hacia formas más graves de la enfermedad, como inflamación crónica y fibrosis.. En conjunto, el estudio confirma que la combinación de alcohol y factores metabólicos empeora significativamente el daño tanto intestinal como hepático, un hallazgo que subraya la importancia de no solo mejorar la alimentación y reducir el peso corporal, sino también promover la abstinencia de alcohol en personas con enfermedad hepática.. La mayor parte del trabajo, publicado en la revista Gut Microbes se llevó a cabo en el Departamento de Inmunología, Oftalmología y Otorrinolaringología de la Complutense, aunque 37 autores de siete países participaron en el estudio, reflejando un importante esfuerzo de colaboración científica internacional.
Estudio impulsado por investigadores del Departamento de Inmunología, Oftalmología y Otorrinolaringología de la Universidad Complutense
Un nuevo estudio preclínico liderado por investigadores de la Universidad Complutense de Madrid (UCM) ha demostrado que la combinación de alcohol y mala alimentación agrava el daño hepático a través del eje intestino-hígado, acelerando la progresión de la enfermedad hepática esteatósica.. El estudio, impulsado por investigadores del Departamento de Inmunología, Oftalmología y Otorrinolaringología de la UCM, aporta así nuevas evidencias claves sobre cómo interactúan el consumo de alcohol y los factores metabólicos en el desarrollo y progresión de esta enfermedad, indica la universidad en una nota.. En concreto, la interacción entre ambos factores altera el eje intestino-hígado, incrementa la inflamación y acelera la progresión de la enfermedad hepática esteatósica hacia formas más graves.. Esta enfermedad (SLD, por sus siglas en inglés) es una patología compleja que no afecta únicamente al hígado, sino que implica a distintos órganos y sistemas del cuerpo.. En los últimos años, la ciencia ha puesto el foco en la estrecha relación entre el intestino -incluida su microbiota- y el hígado, conocida como el eje intestino-hígado.. Para ello, el equipo utilizó un modelo experimental en ratones, denominado modelo DUAL, que combina una dieta de tipo occidental, rica en grasas, con un 10% de alcohol añadido al agua de bebida, de modo que se pudo analizar el efecto conjunto de una alimentación poco saludable y el consumo moderado de alcohol.. Los resultados muestran que cuando el alcohol se combina con factores de riesgo metabólico -como la obesidad o una dieta rica en grasas saturadas- no debe considerarse simplemente como una enfermedad hepática por alcohol (ALD) ni únicamente como enfermedad hepática asociada a disfunción metabólica (MASLD).. Ambos factores interactúan y se potencian mutuamente, dando lugar a una forma «dual» de la enfermedad más agresiva, según el estudio que observó, además, una relación bidireccional llamativa: el alcohol incrementa la preferencia por alimentos ricos en grasas, y este tipo de dieta, a su vez, puede aumentar el deseo de consumir alcohol.. Los investigadores comprobaron que la combinación de alcohol y grasa altera el funcionamiento del intestino, aumentando la absorción de lípidos y enviando grandes cantidades de ácidos grasos al hígado.. Paralelamente, el hígado pierde parte de su capacidad para procesar y eliminar esa grasa, lo que favorece su acumulación.. Además, esta combinación daña la barrera intestinal, incrementa la inflamación y altera la microbiota, lo que, como consecuencia, activa mecanismos inflamatorios en el hígado que pueden acelerar la progresión hacia formas más graves de la enfermedad, como inflamación crónica y fibrosis.. En conjunto, el estudio confirma que la combinación de alcohol y factores metabólicos empeora significativamente el daño tanto intestinal como hepático, un hallazgo que subraya la importancia de no solo mejorar la alimentación y reducir el peso corporal, sino también promover la abstinencia de alcohol en personas con enfermedad hepática.. La mayor parte del trabajo, publicado en la revista Gut Microbes se llevó a cabo en el Departamento de Inmunología, Oftalmología y Otorrinolaringología de la Complutense, aunque 37 autores de siete países participaron en el estudio, reflejando un importante esfuerzo de colaboración científica internacional.
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