Colombia cerró las urnas de la segunda vuelta presidencial que enfrentó al abogado de derecha Abelardo de la Espriella, candidato del movimiento Defensores de la Patria, con el senador izquierdista Iván Cepeda, del Pacto Histórico. El primero llegó a la jornada como favorito. Se alzó con la victoria con un 49,80% de votos y el 98% escrutado. La cita electoral, en la que estaban habilitados para votar más de 41 millones de colombianos, transcurrió con normalidad según los primeros balances de autoridades y observadores. El jefe adjunto de la Misión de Observación Electoral de la UE, José Antonio de Gabriel, calificó la jornada de «fiesta democrática» tras constatar la apertura puntual de los puestos de votación y un equilibrio en la presencia de testigos.. La jornada no estuvo exenta de incidentes menores. En La Guajira, departamento fronterizo con Venezuela, fue detenida una persona por usar una cámara oculta en un puesto de votación, y se recibieron varias denuncias por presunta compra de votos. En otros dos departamentos hubo dos detenidos por fotografiar el voto y suplantar la identidad, respectivamente. Las autoridades insistieron en que fueron hechos aislados.. El despliegue de seguridad fue masivo: más de 408.000 efectivos de la Fuerza Pública vigilaron el país, en una elección en la que el Gobierno había advertido de «atención especial» en Bogotá, Medellín, Cali, Bucaramanga y Barranquilla ante el riesgo de protestas tras el cierre de las urnas.. El telón de fondo de la jornada fue, de nuevo, la sombra de la deslegitimación. Petro, que no podía optar a la reelección tras su mandato de 2022 a 2026, anticipó horas antes de votar, que solo reconocería los resultados del escrutinio, en referencia al conteo oficial y definitivo que en Colombia puede tardar varios días, y no los del preconteo rápido y meramente informativo que se conoce apenas cierran las mesas. «A los jueces obedeceré», dijo. Petro ya utilizó un argumento similar tras la primera vuelta del 31 de mayo, cuando denunció sin evidencias la inclusión de 800.000 cédulas ajenas al censo electoral, una acusación que no llegó a reconocer formalmente como infundada pese a que las auditorías la desmintieron.. El registrador nacional, Hernán Penagos, la máxima autoridad electoral del país, insistió ayer en la solidez de un sistema que combina voto manual en papel, conteo a cargo de jurados ciudadanos elegidos por sorteo y verificación biométrica de identidad. En la primera vuelta, la coincidencia entre el preconteo y el escrutinio oficial fue del 99,94%, sin que hubiera ninguna reclamación formal ante el Consejo Nacional Electoral.. Tanto De la Espriella como Cepeda se comprometieron a reconocer los resultados. Cepeda, que votó en el colegio San Lucas, del barrio popular de Kennedy, en el sur de Bogotá, donde creció, pidió «verificar los resultados del preconteo y el escrutinio» y aseguró que su campaña haría una «muy clara observación escrupulosa y meticulosa del resultado». Llamó a sus simpatizantes a tener «serenidad». De la Espriella votó en Barranquilla, ciudad caribeña que es un símbolo de su campaña, rodeado de seguridad y con la camiseta de la selección colombiana de fútbol, prenda que ha convertido en símbolo de su discurso nacionalista junto al de «mano dura» contra la inseguridad.. La primera vuelta dejó un mapa de país dividido casi por mitades: Cepeda se impuso en la capital y en la región Caribe, mientras De la Espriella ganó terreno entre la clase media bogotana que en 2022 había respaldado a Petro. El reto del izquierdista era retomar esos bastiones con nuevas alianzas y la moderación de sus posturas.. El resultado de esta segunda vuelta marca el rumbo de la tercera economía de Iberoamérica y define el giro hacia un Gobierno más alineado con Donald Trump, Javier Milei o Nayib Bukele. Washington observó con especial atención los comicios, como reflejó la presencia del senador republicano Bernie Moreno, estadounidense de familia colombiana, entre los veedores internacionales acreditados.
Colombia cerró las urnas de la segunda vuelta presidencial que enfrentó al abogado de derecha Abelardo de la Espriella, candidato del movimiento Defensores de la Patria, con el senador izquierdista Iván Cepeda, del Pacto Histórico. El primero llegó a la jornada como favorito. Se alzó con la victoria con un 49,80% de votos y el 98% escrutado. La cita electoral, en la que estaban habilitados para votar más de 41 millones de colombianos, transcurrió con normalidad según los primeros balances de autoridades y observadores. El jefe adjunto de la Misión de Observación Electoral de la UE, José Antonio de Gabriel, calificó la jornada de «fiesta democrática» tras constatar la apertura puntual de los puestos de votación y un equilibrio en la presencia de testigos.. La jornada no estuvo exenta de incidentes menores. En La Guajira, departamento fronterizo con Venezuela, fue detenida una persona por usar una cámara oculta en un puesto de votación, y se recibieron varias denuncias por presunta compra de votos. En otros dos departamentos hubo dos detenidos por fotografiar el voto y suplantar la identidad, respectivamente. Las autoridades insistieron en que fueron hechos aislados.. El despliegue de seguridad fue masivo: más de 408.000 efectivos de la Fuerza Pública vigilaron el país, en una elección en la que el Gobierno había advertido de «atención especial» en Bogotá, Medellín, Cali, Bucaramanga y Barranquilla ante el riesgo de protestas tras el cierre de las urnas.. El telón de fondo de la jornada fue, de nuevo, la sombra de la deslegitimación. Petro, que no podía optar a la reelección tras su mandato de 2022 a 2026, anticipó horas antes de votar, que solo reconocería los resultados del escrutinio, en referencia al conteo oficial y definitivo que en Colombia puede tardar varios días, y no los del preconteo rápido y meramente informativo que se conoce apenas cierran las mesas. «A los jueces obedeceré», dijo. Petro ya utilizó un argumento similar tras la primera vuelta del 31 de mayo, cuando denunció sin evidencias la inclusión de 800.000 cédulas ajenas al censo electoral, una acusación que no llegó a reconocer formalmente como infundada pese a que las auditorías la desmintieron.. El registrador nacional, Hernán Penagos, la máxima autoridad electoral del país, insistió ayer en la solidez de un sistema que combina voto manual en papel, conteo a cargo de jurados ciudadanos elegidos por sorteo y verificación biométrica de identidad. En la primera vuelta, la coincidencia entre el preconteo y el escrutinio oficial fue del 99,94%, sin que hubiera ninguna reclamación formal ante el Consejo Nacional Electoral.. Tanto De la Espriella como Cepeda se comprometieron a reconocer los resultados. Cepeda, que votó en el colegio San Lucas, del barrio popular de Kennedy, en el sur de Bogotá, donde creció, pidió «verificar los resultados del preconteo y el escrutinio» y aseguró que su campaña haría una «muy clara observación escrupulosa y meticulosa del resultado». Llamó a sus simpatizantes a tener «serenidad». De la Espriella votó en Barranquilla, ciudad caribeña que es un símbolo de su campaña, rodeado de seguridad y con la camiseta de la selección colombiana de fútbol, prenda que ha convertido en símbolo de su discurso nacionalista junto al de «mano dura» contra la inseguridad.. La primera vuelta dejó un mapa de país dividido casi por mitades: Cepeda se impuso en la capital y en la región Caribe, mientras De la Espriella ganó terreno entre la clase media bogotana que en 2022 había respaldado a Petro. El reto del izquierdista era retomar esos bastiones con nuevas alianzas y la moderación de sus posturas.. El resultado de esta segunda vuelta marca el rumbo de la tercera economía de Iberoamérica y define el giro hacia un Gobierno más alineado con Donald Trump, Javier Milei o Nayib Bukele. Washington observó con especial atención los comicios, como reflejó la presencia del senador republicano Bernie Moreno, estadounidense de familia colombiana, entre los veedores internacionales acreditados.
Abelardo de la Espriella gana con un 49,7% de los votos que muestra la gran polarización
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