La ciudad contemporánea ha sido formada, o deformada, a partir del uso del automóvil. Los vehículos aparcados o en movimiento ocupan entre el 40% o el 50% del espacio público disponible. La fotografía de arquitectura, sin embargo, omite e invisibiliza su presencia, dando cuenta de lo inapropiado que resulta en la representación de la ciudad ideal. La pandemia y su confinamiento nos dieron la posibilidad de poder vislumbrar una urbe con menos vehículos, más paseable, silenciosa y amable. En este trabajo, el lector encuentra una ciudad con coches y coches con ciudades, arquitecturas transfiguradas y vehículos como soporte imaginario de una ciudad alternativa.
Opinión en EL PAÍS
