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  Cultura  Benjamín Labatut: «Hubo una época en que me prendí fuego y no quedó nada»
Cultura

Benjamín Labatut: «Hubo una época en que me prendí fuego y no quedó nada»

9 de junio de 2026
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«¿Le gustan los monstruos?».. [[LINK:TAG|||tag|||6a26fd65593f835b235994cc|||Benjamín Labatut]] está sentado en una azotea de Madrid, con una chaqueta que le campea y le da forma a la figura. Tiene los brazos acodados en una mesa, las manos entrelazadas y el sol le recorta la cara. Ha vuelto sobre su primera obra, [[LINK:EXTERNO|||https://www.anagrama-ed.es/libro/narrativas-hispanicas/la-antartica-empieza-aqui/9788433949202/NH_785|||«La Antártica empieza aquí»]] (Anagrama), porque, según explica, «me dije que no iba a poder escribir más y, como no podía escribir, porque estaba sufriendo como un cerdo, tenía la cabeza deshecha y pasaba por un periodo de mierda, me convencí de trabajar este texto». El libro es un conjunto de historias, de fuerte cerrazón literaria, marcadas por la incertidumbre, el horror y el delirio. Sus temas, concentrados en un puñado de páginas.. –Sin los monstruos no podríamos sobrevivir. Sin los monstruos no existen los héroes. Si no hay algo monstruoso no surge su opuesto. Es inevitable. Especialmente siendo escritores. Los monstruos son como nuestros santos. La literatura está llena de monstruosidades. No podríamos sobrevivir solo con gente virtuosa, porque la realidad tiene un aspecto destructivo, horrible, y nosotros formamos parte de eso. El trabajo más interesante que puede hacer una persona es conocer su propia sombra. Aunque la gente que se entrega a afanes de virtud absurdos se destruye con la misma rapidez, porque no dan lugar a lo que está reprimido, prohibido, dejado de lado. Perdimos mucho cuando dejamos de lado a los dioses que representaban el aspecto destructivo. Incluso Dios, antes de Cristo, era horroroso y sanguinario. Los monstruos son esenciales porque nos muestran el otro lado de nuestro rostro y la literatura sin esas polaridades es panfleto, porque la escritura se nutre de nuestras experiencias.. «El trabajo más interesante que puede hacer un ser humano es conocer su propia sombra». Benjamín Labatut. Labatut, el escritor chileno más renombrado después de Roberto Bolaño. Ha vuelto sobre su «Antártica». «Le tengo cariño –asegura–, pero lo he reescrito entero». El autor sonríe luego con malicia. «¿Por qué no? Me dije: “¿Por qué voy a someter a los lectores a la prosa de un pendejo de 27 años si escribo mucho mejor ahora que entonces?”. Además, apenas se publicaron quinientas copias. Así que lo reescribí. Sin piedad. Por completo. De principio a fin. Hubo gente que me decía que no se puede hacer eso. ¿Y por qué no? La literatura es la más conservadora de todas las artes. Burroughs lo comentó: “La literatura va 80 años por detrás de las artes plásticas”. Uno no puede hacer casi nada en literatura. Es brutal. La literatura es muy conservadora. Con razón, también, porque nuestra materia prima es lo más sagrado y esa materia prima es la palabra. Cuando te metes con la palabra, te estás metiendo con el espíritu y con la forma de la mente. Y los seres humanos aseguran que, cuidado, ahí no puedes hacer cualquier cosa».. El lado oscuro del conocimiento. Es un tema de sus libros.. A lo que tengo más miedo es al lado luminoso del conocimiento, porque es muy peligroso ver más. Cada vez que la ciencia ilumina un nuevo aspecto de la realidad, nos pone en riesgo porque pone en peligro algo básico para la supervivencia: cómo nos entendemos y cómo entendemos el mundo. Le tengo miedo a la ciencia cuando ilumina y descubre. Tengo más miedo a lo que crea que a su lado oscuro y destructivo. A veces son cosas pequeñas, pero es imposible imaginar lo que van a generar. Un tipo de 17 años, un inglés, cruzando un campo, escucha una voz que le dice que va a descubrir las leyes del pensamiento humano. Ese es el origen de la IA, la computación, la digitalización. El ADN del mundo moderno. Surge de un chico que tiene una epifanía. Ese tipo de cosas suceden todo el tiempo. Creemos que los grandes descubrimientos nos van a poner en peligro, pero a veces son los pequeños.. «Si quiere saber a dónde vamos, abra el móvil. Ahí percibirá el futuro. Al horror se le ve venir». Benjamín Labatut. También relata el colapso de la razón.. Me interesan los delirios de la razón. En Occidente hay una sobrevaloración del intelecto, de la racionalidad, y no entendemos que es la capa más reciente y menos importantes de la vida de un individuo. Cada vez que hemos tratado de acotar el fenómeno humano desde la lógica o la razón, engendramos pesadillas. Quieren poner bombas nucleares en el espacio exterior. Eso surge de ecuaciones que aseguran que el estado más estable en un mundo nuclear es que nadie pueda apretar el botón porque todos moriríamos. A esas conclusiones se llega por los caminos fríos de la lógica. Pero eso no fue lo que nos salvó. Nos salvan los soldados que se niegan a cumplir órdenes. Los enemigos que deciden colaborar. Estos son escenarios apocalípticos a los que nos lleva a veces la lógica. Son tan peligrosos como la locura desatada o el delirio sin límites.. ¿Y hoy?. En este momento estamos más cerca del apocalipsis producto de la razón. Hemos llegado a crear máquinas construidas bajo ese principio y que no comparten nuestra humanidad. La parte que piensa del ser humano es algo muy menor. La razón no es lo que hace latir el corazón.. Es el lado espiritual.. Y ese es el tema central de mi obra. Escribo de ciencia porque me interesa el espíritu, si no sería un divulgador. Para mí la literatura es un estudio de lo invisible. Me interesa sobremanera lo que no se puede poner en palabras. Una de las definiciones de lo que es sagrado es lo que no se puede poner en palabras, lo que se resiste a los símbolos, a la fórmula y excede nuestra comprensión. Eso es lo que yo considero sagrado. A lo único que el ser humano se puede entregar por completo es a lo que no comprende y le excede, sale de su capacidad de raciocinio. Después de conocer, la gente razona, simboliza.. «La literatura es un delirio, una entrega. Es tan peligrosa como el amor. Uno se juega entero». Benjamín Labatut. En «Un verdor terrible» aborda la figura de Fritz Haber, el inventor del gas que se usó en el Holocausto y en la Primera Guerra Mundial. Por eso, su mujer se mató.. De un disparo en el corazón. Ella sabía hacia dónde iba la racionalidad. Las lógicas de una época industrial iban hacia la masacre industrial, de la misma manera que las lógicas de nuestra era algorítmica nos llevan hacia algo que se puede ver ahora. No es necesario que los sistemas de inteligencia artificial se vuelvan más inteligentes que cualquier ser humano para ver hacia dónde nos dirigimos. Si quiere saber a dónde vamos, abra el móvil. Ahí percibirá el futuro. Al horror se le ve venir. Hay una lógica corriendo por detrás. En este caso tiene que ver con la captura del mecanismo fundamental de la mente: la atención. Uno ve venir el horror. Ella cae en la desesperación. Su muerte es un microcosmos de la gente que va a morir ahogada en la guerra. Esto nos recuerda lo único que nos mantiene humanos: nuestra fragilidad.. Labatut se reconoce en el esfuerzo. Su obra es un ejercicio de voluntad. Comenta que «uno piensa que va a poder escribir si lee», pero introduce una corrección: «Luego te das cuenta de que solo puedes escribir escribiendo. Es un hacer, lo que significa un vivir, y, a medida que vas escribiendo, tu escritura afecta tu sistema nervioso, tu vida. Te pone en riesgo». No lo oculta: «Es un sufrimiento al principio. Los primeros años de un autor son una tortura y puede ser una tortura el resto de la vida también. O te puede salvar».. El escritor confiesa que «cuando empecé a escribir, mi afán era emular a mis ídolos. Lo digo en “La Antártica…”: «Cuando ya no queda nada que quemar, tienes que prenderte fuego a ti mismo». Yo me tomé eso en serio. Hubo una época en mi vida donde me prendí fuego. Donde me quemé y cuando te quemas no queda nada. Eres una ruina. Lo que pasó después es que mi relación con la realidad y la literatura cambió. Yo no pude seguir leyendo a mis autores favoritos. No he leído una novela en 20 años. No puedo. Soy incapaz». Así explica el origen de su estilo híbrido, frontera entre el ensayo y la literatura, la ciencia y las humanidades. «Sobreviví, pero desde el principio sabía que la literatura exigía un sacrificio, una transformación. No era escribir. Si fuera solo escribir, podrías hacer un taller. Esos cursos de las universidades gringas solo enseñan lo contrario de lo que es la literatura. La literatura es una cosa del ser, no solo del saber. Y cualquier experiencia humana que sea consciente de que está buscando el espíritu es peligrosa porque somos limitados, frágiles y débiles. La literatura es un delirio, una entrega. Es tan peligrosa como el amor. Uno se juega entero. Y si no te juegas entero, no hay ninguna manera de que funcione».. «Los Ceo de las tecnológicas hablan ya del reemplazo de la humanidad. Nos están llevando hacia un territorio hostil a la humanidad». Benjamín Labatut. La IA…. Lo que estoy haciendo en el libro nuevo es buscar el ADN de la IA, de estos sistemas. Cuál es su alma. Y su alma es digital. Binaria. Una lógica binaria solo reconoce el ser y su ausencia. Pero uno no puede atrapar la realidad con valores binarios. Lo dice la ciencia. Pero nuestro mundo está construido alrededor de esa lógica. Estos sistemas piensan en esos términos, pero en las cosas hay un valor continuo que no se puede separar de la totalidad. Uno siente cómo surgen los pensamientos y se acaban. Algunas personas le dicen conciencia. El cuerpo participa de las cosas. Eso requiere otro tipo de matemáticas y de relaciones con el mundo. Eso es lo que hemos ido perdiendo. Lo hemos olvidado. Hoy todo es digital. Ahora me interesa rastrear el alma de la IA, de dónde viene, sus características y lo que no puede ver. Sus límites. Si este es el funcionamiento básico de su sistema, tiene límites. Hay cosas a las cuales no puede acceder, porque no existe nada ilimitado. Y yo trato de encontrar su límite.. La IA, un paisaje nuevo.. Si escucha a los CEO de estas compañías… Ellos hablan del reemplazo completo de la humanidad y de generar esta súper conciencia, súper organismo, súper inteligencia. Todos los demás moriremos en sacrificio en el camino. Lo dicen abiertamente. Sam Altman decía que somos un paso más en el camino. Lo biológico surgió para traer lo digital y lo digital es mejor, así que lo biológico se acaba. Estos seres encarnan nuestra razón, nuestra lógica, e inmediatamente empezamos a soñar con reemplazarnos, aniquilarnos. No es una metáfora o exageración. Lo dicen ellos. Nos están llevando hacia el corazón de un territorio hostil a la humanidad, muy poco humano, y nos están pidiendo que marchemos hasta que no queden más que ellos. Y encima de ellos, su juguetito.. «La inteligencia artificial ya ha consumido todo lo que hemos escrito. Pero eso no es lo mismo que conocer». Benjamín Labatut. ¿Nos reemplazará la IA? ¿Escribirá novelas?. La IA puede saber todo lo que se ha escrito. De hecho, ya ha consumido todo lo que hemos escrito. Pero eso no es lo mismo que conocer, porque el conocimiento no es solo una facultad del intelecto y de la manipulación de símbolos. Puedes haber leído todos los manuales de sexo, pero si no has cogido nunca, significa que no sabes lo que es el sexo. No tienes ni idea. Puedes conocer las mejores descripciones de un fenómeno y no conocer el fenómeno, porque el fenómeno se conoce en la medida en que se participa y se participa con todas tus facultades… La literatura es un intento siempre fallido, por tanto trágico y medio patético, de ponerle palabras a algo que no se puede poner en palabras. Eso lo sabe cualquier escritor después de un tiempo. Es la paradoja que mantiene viva a la literatura. La literatura es un arte de lo invisible. No refleja solo la realidad. La IA conoce la historia completa de París, todas sus dimensiones, el mapa, las económicas, pero nunca ha estado en París y no sabe lo que se siente al vivir en París. Esa experiencia es una forma de conocimiento superior y profundamente inferior. Veo poco probable que estas máquinas adquieran conciencia, pero sí creo que van a tener envidia,. Es envidia, porque de la misma forma en que uno sabe que hay ciertas personas que conocen aspectos de la realidad, porque los han vivido, tú, eso, no lo puedes vivir. Aunque escuchen todos los discos de Dylan y conozcan su biografía, no sabrán lo que es ser Dylan. La gracia del ser humano es el ser. Y el ser es muy diferente a pensar, conocer, entender. Esas son otras facultades.

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«¿Le gustan los monstruos?».. Benjamín Labatut está sentado en una azotea de Madrid, con una chaqueta que le campea y le da forma a la figura. Tiene los brazos acodados en una mesa, las manos entrelazadas y el sol le recorta la cara. Ha vuelto sobre su primera obra, «La Antártica empieza aquí» (Anagrama), porque, según explica, «me dije que no iba a poder escribir más y, como no podía escribir, porque estaba sufriendo como un cerdo, tenía la cabeza deshecha y pasaba por un periodo de mierda, me convencí de trabajar este texto». El libro es un conjunto de historias, de fuerte cerrazón literaria, marcadas por la incertidumbre, el horror y el delirio. Sus temas, concentrados en un puñado de páginas.. –Sin los monstruos no podríamos sobrevivir. Sin los monstruos no existen los héroes. Si no hay algo monstruoso no surge su opuesto. Es inevitable. Especialmente siendo escritores. Los monstruos son como nuestros santos. La literatura está llena de monstruosidades.No podríamos sobrevivir solo con gente virtuosa, porque la realidad tiene un aspecto destructivo, horrible, y nosotros formamos parte de eso. El trabajo más interesante que puede hacer una persona es conocer su propia sombra. Aunque la gente que se entrega a afanes de virtud absurdos se destruye con la misma rapidez, porque no dan lugar a lo que está reprimido, prohibido, dejado de lado. Perdimos mucho cuando dejamos de lado a los dioses que representaban el aspecto destructivo. Incluso Dios, antes de Cristo, era horroroso y sanguinario. Los monstruos son esenciales porque nos muestran el otro lado de nuestro rostro y la literatura sin esas polaridades es panfleto, porque la escritura se nutre de nuestras experiencias.. «El trabajo más interesante que puede hacer un ser humano es conocer su propia sombra». Labatut, el escritor chileno más renombrado después de Roberto Bolaño. Ha vuelto sobre su «Antártica». «Le tengo cariño –asegura–, pero lo he reescrito entero». El autor sonríe luego con malicia. «¿Por qué no? Me dije: “¿Por qué voy a someter a los lectores a la prosa de un pendejo de 27 años si escribo mucho mejor ahora que entonces?”. Además, apenas se publicaron quinientas copias. Así que lo reescribí. Sin piedad. Por completo. De principio a fin. Hubo gente que me decía que no se puede hacer eso. ¿Y por qué no? La literatura es la más conservadora de todas las artes. Burroughs lo comentó: “La literatura va 80 años por detrás de las artes plásticas”. Uno no puede hacer casi nada en literatura. Es brutal. La literatura es muy conservadora. Con razón, también, porque nuestra materia prima es lo más sagrado y esa materia prima es la palabra. Cuando te metes con la palabra, te estás metiendo con el espíritu y con la forma de la mente. Y los seres humanos aseguran que, cuidado, ahí no puedes hacer cualquier cosa».. El lado oscuro del conocimiento. Es un tema de sus libros.. A lo que tengo más miedo es al lado luminoso del conocimiento, porque es muy peligroso ver más. Cada vez que la ciencia ilumina un nuevo aspecto de la realidad, nos pone en riesgo porque pone en peligro algo básico para la supervivencia: cómo nos entendemos y cómo entendemos el mundo. Le tengo miedo a la ciencia cuando ilumina y descubre. Tengo más miedo a lo que crea que a su lado oscuro y destructivo. A veces son cosas pequeñas, pero es imposible imaginar lo que van a generar. Un tipo de 17 años, un inglés, cruzando un campo, escucha una voz que le dice que va a descubrir las leyes del pensamiento humano. Ese es el origen de la IA, la computación, la digitalización. El ADN del mundo moderno. Surge de un chico que tiene una epifanía. Ese tipo de cosas suceden todo el tiempo. Creemos que los grandes descubrimientos nos van a poner en peligro, pero a veces son los pequeños.. «Si quiere saber a dónde vamos, abra el móvil. Ahí percibirá el futuro. Al horror se le ve venir». También relata el colapso de la razón.. Me interesan los delirios de la razón. En Occidente hay una sobrevaloración del intelecto, de la racionalidad, y no entendemos que es la capa más reciente y menos importantes de la vida de un individuo. Cada vez que hemos tratado de acotar el fenómeno humano desde la lógica o la razón, engendramos pesadillas. Quieren poner bombas nucleares en el espacio exterior. Eso surge de ecuaciones que aseguran que el estado más estable en un mundo nuclear es que nadie pueda apretar el botón porque todos moriríamos. A esas conclusiones se llega por los caminos fríos de la lógica. Pero eso no fue lo que nos salvó. Nos salvan los soldados que se niegan a cumplir órdenes. Los enemigos que deciden colaborar. Estos son escenarios apocalípticos a los que nos lleva a veces la lógica. Son tan peligrosos como la locura desatada o el delirio sin límites.. ¿Y hoy?. En este momento estamos más cerca del apocalipsis producto de la razón. Hemos llegado a crear máquinas construidas bajo ese principio y que no comparten nuestra humanidad. La parte que piensa del ser humano es algo muy menor. La razón no es lo que hace latir el corazón.. Es el lado espiritual.. Y ese es el tema central de mi obra. Escribo de ciencia porque me interesa el espíritu, si no sería un divulgador. Para mí la literatura es un estudio de lo invisible. Me interesa sobremanera lo que no se puede poner en palabras. Una de las definiciones de lo que es sagrado es lo que no se puede poner en palabras, lo que se resiste a los símbolos, a la fórmula y excede nuestra comprensión. Eso es lo que yo considero sagrado. A lo único que el ser humano se puede entregar por completo es a lo que no comprende y le excede, sale de su capacidad de raciocinio. Después de conocer, la gente razona, simboliza.. «La literatura es un delirio, una entrega. Es tan peligrosa como el amor. Uno se juega entero». En «Un verdor terrible» aborda la figura de Fritz Haber, el inventor del gas que se usó en el Holocausto y en la Primera Guerra Mundial. Por eso, su mujer se mató.. De un disparo en el corazón. Ella sabía hacia dónde iba la racionalidad. Las lógicas de una época industrial iban hacia la masacre industrial, de la misma manera que las lógicas de nuestra era algorítmica nos llevan hacia algo que se puede ver ahora. No es necesario que los sistemas de inteligencia artificial se vuelvan más inteligentes que cualquier ser humano para ver hacia dónde nos dirigimos. Si quiere saber a dónde vamos, abra el móvil. Ahí percibirá el futuro. Al horror se le ve venir. Hay una lógica corriendo por detrás. En este caso tiene que ver con la captura del mecanismo fundamental de la mente: la atención. Uno ve venir el horror. Ella cae en la desesperación. Su muerte es un microcosmos de la gente que va a morir ahogada en la guerra. Esto nos recuerda lo único que nos mantiene humanos: nuestra fragilidad.. Labatut se reconoce en el esfuerzo. Su obra es un ejercicio de voluntad. Comenta que «uno piensa que va a poder escribir si lee», pero introduce una corrección: «Luego te das cuenta de que solo puedes escribir escribiendo. Es un hacer, lo que significa un vivir, y, a medida que vas escribiendo, tu escritura afecta tu sistema nervioso, tu vida. Te pone en riesgo». No lo oculta: «Es un sufrimiento al principio. Los primeros años de un autor son una tortura y puede ser una tortura el resto de la vida también. O te puede salvar».. El escritor confiesa que «cuando empecé a escribir, mi afán era emular a mis ídolos. Lo digo en “La Antártica…”: «Cuando ya no queda nada que quemar, tienes que prenderte fuego a ti mismo». Yo me tomé eso en serio. Hubo una época en mi vida donde me prendí fuego. Donde me quemé y cuando te quemas no queda nada. Eres una ruina. Lo que pasó después es que mi relación con la realidad y la literatura cambió. Yo no pude seguir leyendo a mis autores favoritos. No he leído una novela en 20 años. No puedo. Soy incapaz». Así explica el origen de su estilo híbrido, frontera entre el ensayo y la literatura, la ciencia y las humanidades. «Sobreviví, pero desde el principio sabía que la literatura exigía un sacrificio, una transformación. No era escribir. Si fuera solo escribir, podrías hacer un taller. Esos cursos de las universidades gringas solo enseñan lo contrario de lo que es la literatura. La literatura es una cosa del ser, no solo del saber. Y cualquier experiencia humana que sea consciente de que está buscando el espíritu es peligrosa porque somos limitados, frágiles y débiles. La literatura es un delirio, una entrega. Es tan peligrosa como el amor. Uno se juega entero. Y si no te juegas entero, no hay ninguna manera de que funcione».. «Los Ceo de las tecnológicas hablan ya del reemplazo de la humanidad. Nos están llevando hacia un territorio hostil a la humanidad». La IA…. Lo que estoy haciendo en el libro nuevo es buscar el ADN de la IA, de estos sistemas. Cuál es su alma. Y su alma es digital. Binaria. Una lógica binaria solo reconoce el ser y su ausencia. Pero uno no puede atrapar la realidad con valores binarios. Lo dice la ciencia. Pero nuestro mundo está construido alrededor de esa lógica. Estos sistemas piensan en esos términos, pero en las cosas hay un valor continuo que no se puede separar de la totalidad. Uno siente cómo surgen los pensamientos y se acaban. Algunas personas le dicen conciencia. El cuerpo participa de las cosas. Eso requiere otro tipo de matemáticas y de relaciones con el mundo. Eso es lo que hemos ido perdiendo. Lo hemos olvidado. Hoy todo es digital. Ahora me interesa rastrear el alma de la IA, de dónde viene, sus características y lo que no puede ver. Sus límites. Si este es el funcionamiento básico de su sistema, tiene límites. Hay cosas a las cuales no puede acceder, porque no existe nada ilimitado. Y yo trato de encontrar su límite.. La IA, un paisaje nuevo.. Si escucha a los CEO de estas compañías… Ellos hablan del reemplazo completo de la humanidad y de generar esta súper conciencia, súper organismo, súper inteligencia. Todos los demás moriremos en sacrificio en el camino. Lo dicen abiertamente. Sam Altman decía que somos un paso más en el camino. Lo biológico surgió para traer lo digital y lo digital es mejor, así que lo biológico se acaba. Estos seres encarnan nuestra razón, nuestra lógica, e inmediatamente empezamos a soñar con reemplazarnos, aniquilarnos. No es una metáfora o exageración. Lo dicen ellos. Nos están llevando hacia el corazón de un territorio hostil a la humanidad, muy poco humano, y nos están pidiendo que marchemos hasta que no queden más que ellos. Y encima de ellos, su juguetito.. «La inteligencia artificial ya ha consumido todo lo que hemos escrito. Pero eso no es lo mismo que conocer». ¿Nos reemplazará la IA? ¿Escribirá novelas?. La IA puede saber todo lo que se ha escrito. De hecho, ya ha consumido todo lo que hemos escrito. Pero eso no es lo mismo que conocer, porque el conocimiento no es solo una facultad del intelecto y de la manipulación de símbolos. Puedes haber leído todos los manuales de sexo, pero si no has cogido nunca, significa que no sabes lo que es el sexo. No tienes ni idea. Puedes conocer las mejores descripciones de un fenómeno y no conocer el fenómeno, porque el fenómeno se conoce en la medida en que se participa y se participa con todas tus facultades… La literatura es un intento siempre fallido, por tanto trágico y medio patético, de ponerle palabras a algo que no se puede poner en palabras. Eso lo sabe cualquier escritor después de un tiempo. Es la paradoja que mantiene viva a la literatura. La literatura es un arte de lo invisible. No refleja solo la realidad. La IA conoce la historia completa de París, todas sus dimensiones, el mapa, las económicas, pero nunca ha estado en París y no sabe lo que se siente al vivir en París. Esa experiencia es una forma de conocimiento superior y profundamente inferior. Veo poco probable que estas máquinas adquieran conciencia, pero sí creo que van a tener envidia,. Es envidia, porque de la misma forma en que uno sabe que hay ciertas personas que conocen aspectos de la realidad, porque los han vivido, tú, eso, no lo puedes vivir. Aunque escuchen todos los discos de Dylan y conozcan su biografía, no sabrán lo que es ser Dylan. La gracia del ser humano es el ser. Y el ser es muy diferente a pensar, conocer, entender. Esas son otras facultades.

 

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