“A lo mejor yo he sido más que tú y la pena es que no lo has sabido asumir”. Belén Esteban manda mensajes de despecho en su visita a Menudo Cuadro. Carlota Corredera aprovecha que “está calentita” y, bingo, consigue el titular.. El podcast ya tiene declaración aireada para viralizarse en las redes, aunque en realidad no hay nada nuevo: la popularidad de Belén siempre ha ido unida al resentimiento retransmitido. Ella ha aprendido de una televisión en donde la excitación del escozor era infalible. Incluso nos identificábamos con sus arrebatos, sobre todo cuando nacían del desamor. Los corazones rotos siempre unen.. Pero Belén se va quedando sola, dando volteretas en un despecho que ya no tiene ningún efecto. Es casi previsible. Los fans más fans de Sálvame lo aplauden, claro, pero el público generalista siente que esto ya lo ha vivido antes. Pero ya no está ahí, ha evolucionado y no quiere quedarse atrapado en el mismo bucle. También sus compañeros, que ni les molestan a estas alturas las indirectas. Porque han pasado página. Están en otros entornos, en otros trabajos, en otros ambientes donde las pullas no duelen tanto.. El propio Jorge Javier Vázquez transmite en El diario la felicidad de descubrir vidas cotidianas de la calle desde el humor cómplice y haber dejado atrás la televisión que rellenaba horas y horas prendiendo incendios que solo llegaban al puerto de sacar de quicio. A ellos mismos. Hasta arrastrarlos a susceptibilidades que distraían a un espectador que pensaba: “visto lo visto, a mi no me va tan mal”.. Belén Esteban necesita reciclarse para volver a una tele en la que ya no basta hablar de uno mismo. Se nota que ella quiere regresar. Pero su actual paso por talent shows intrascendentes ha devaluado su caché a ojos de la dirección de las cadenas. A veces, hay que prodigarse menos para que crezcan los aprecios. No siempre es fácil: la adrenalina del plató engancha y despierta una necesidad constante del chute de la validación de la gente. Cotejar que el público te sigue queriendo, vamos, que es lo que esconde la autoafirmación de «A lo mejor yo he sido más que tú y no lo has sabido asumir». Como si a Jorge Javier le importara algo eso. Con una cultura que le permite comprender que nadie se acordará de nosotros cuando pasen cien años. O menos. Mucho menos.. Belén se cobija en la soberbia que acarician las preguntas de los que se criaron en una televisión en donde la excitación de orgullo disparaba la audiencia. Y se consigue el golpe, aunque el ruido se evapore pronto. Ya no hay réplicas. Ya nadie se da por aludido. Porque la sociedad ya hace rato está caminando hacia otro tipo de entretenimiento. Por eso mismo, la gente celebra la Belén cómica con la que nos reímos por su generosidad de barrio y olvida rápido a la Belén arrogante. Su público está agotado de amarguras de pataleta infantil, está ansioso de referentes que sirvan de refugio en un mundo real liderado por los que creímos que solo podían ser ya malvados en las películas.
“A lo mejor yo he sido más que tú y no lo has sabido asumir”.
20MINUTOS.ES – Televisión
“A lo mejor yo he sido más que tú y la pena es que no lo has sabido asumir”. Belén Esteban manda mensajes de despecho en su visita a Menudo Cuadro. Carlota Corredera aprovecha que “está calentita” y, bingo, consigue el titular.. El podcast ya tiene declaración aireada para viralizarse en las redes, aunque en realidad no hay nada nuevo: la popularidad de Belén siempre ha ido unida al resentimiento retransmitido. Ella ha aprendido de una televisión en donde la excitación del escozor era infalible. Incluso nos identificábamos con sus arrebatos, sobre todo cuando nacían del desamor. Los corazones rotos siempre unen.. Pero Belén se va quedando sola, dando volteretas en un despecho que ya no tiene ningún efecto. Es casi previsible. Los fans más fans de Sálvame lo aplauden, claro, pero el público generalista siente que esto ya lo ha vivido antes. Pero ya no está ahí, ha evolucionado y no quiere quedarse atrapado en el mismo bucle. También sus compañeros, que ni les molestan a estas alturas las indirectas. Porque han pasado página. Están en otros entornos, en otros trabajos, en otros ambientes donde las pullas no duelen tanto.. El propio Jorge Javier Vázquez transmite en El diario la felicidad de descubrir vidas cotidianas de la calle desde el humor cómplice y haber dejado atrás la televisión que rellenaba horas y horas prendiendo incendios que solo llegaban al puerto de sacar de quicio. A ellos mismos. Hasta arrastrarlos a susceptibilidades que distraían a un espectador que pensaba: “visto lo visto, a mi no me va tan mal”.. Belén Esteban necesita reciclarse para volver a una tele en la que ya no basta hablar de uno mismo. Se nota que ella quiere regresar. Pero su actual paso por talent shows intrascendentes ha devaluado su caché a ojos de la dirección de las cadenas. A veces, hay que prodigarse menos para que crezcan los aprecios. No siempre es fácil: la adrenalina del plató engancha y despierta una necesidad constante del chute de la validación de la gente. Cotejar que el público te sigue queriendo, vamos, que es lo que esconde la autoafirmación de «A lo mejor yo he sido más que tú y no lo has sabido asumir». Como si a Jorge Javier le importara algo eso. Con una cultura que le permite comprender que nadie se acordará de nosotros cuando pasen cien años. O menos. Mucho menos.. Belén se cobija en la soberbia que acarician las preguntas de los que se criaron en una televisión en donde la excitación de orgullo disparaba la audiencia. Y se consigue el golpe, aunque el ruido se evapore pronto. Ya no hay réplicas. Ya nadie se da por aludido. Porque la sociedad ya hace rato está caminando hacia otro tipo de entretenimiento. Por eso mismo, la gente celebra la Belén cómica con la que nos reímos por su generosidad de barrio y olvida rápido a la Belén arrogante. Su público está agotado de amarguras de pataleta infantil, está ansioso de referentes que sirvan de refugio en un mundo real liderado por los que creímos que solo podían ser ya malvados en las películas.
