El 3 de junio de 1986, Hugo Broos salió del túnel del estadio Azteca vestido con la camiseta de Bélgica para disputar su debut en un Mundial. Tenía 34 años, era un defensa sobrio que apenas había marcado dos goles en toda su carrera y enfrente esperaba México, el anfitrión. Cuarenta años después volvió a recorrer el mismo camino, solo que esta vez no llevaba las botas ni el brazalete de capitán, sino que lo hizo al frente de una selección sudafricana que perseguía un sueño que nunca había conseguido. A veces el fútbol tarda cuatro décadas en cerrar un círculo. A pesar de la desastrosa derrota en el partido inaugural, Sudáfrica ha hecho historia al clasificarse por primera vez para las eliminatorias de un Mundial. Y también Broos ha encontrado su lugar en los libros de los récords: es el entrenador más veterano en ganar un partido de la Copa del Mundo con 74 años y 75 días. Sin embargo, no hace mucho parecía más cerca de la retirada que de un nuevo éxito. Después de una carrera que lo llevó por Bélgica, Grecia, Turquía, Argelia o los Emiratos Árabes Unidos y de conquistar la Copa África con Camerún en 2017, pocos imaginaban que su último gran desafío llegaría al otro extremo del continente. Como jugador, Hugo Broos construyó una de las carreras más sólidas del fútbol belga. Defensa elegante y fiable, jugó en el Anderlecht y en el Brujas entre los años 70 y 80, conquistó varias ligas, copas y dos Recopas de Europa. Sin embargo, se le recuerda por ser el capitán de la selección belga en el Mundial de 1986, donde consiguieron el cuarto puesto que, hasta hoy, es el mejor resultado de los Diablos Rojos en una cita mundialista. Cuando la federación sudafricana llamó a su puerta en 2021, la elección sorprendió a muchos. Los Bafana Bafana atravesaban una larga travesía por el desierto. Desde que organizaron el Mundial de 2010 no habían conseguido volver a la gran cita y el optimismo alrededor de la selección era escaso. En un país acostumbrado a asociar sus mayores alegrías deportivas al rugby desde aquel inolvidable Mundial de 1995 que ayudó a acabar con el apartheid, el fútbol llevaba demasiado tiempo buscando un éxito propio y Broos aceptó el reto con la idea de que sería el último de su carrera. Con el tiempo, la selección empezó a parecerse a su entrenador. Sudáfrica recuperó competitividad, alcanzó las semifinales de la Copa África en 2024 y ahora ha encontrado el premio que llevaba buscando durante más de una década. El seleccionador afirmó que se trata de uno de los mejores momentos de su carrera, catalogándolo como «una experiencia fantástica y una hazaña histórica» para Sudáfrica y aprovechó para «callar bocas» de los críticos que no confiaron después de la derrota ante México: «Hubo alguien que se me acercó y me dijo: “Entrenador, tienen que hacerle una estatua en el país”. Le dije que la hagan de madera para que arda más fácil cuando pierda». Broos ya
Con 74 años ha clasificado a Sudáfrica a una ronda eliminatoria de una Copa del Mundo por primera vez en su historia. Esta noche busca los octavos ante Canadá.
El 3 de junio de 1986, Hugo Broos salió del túnel del estadio Azteca vestido con la camiseta de Bélgica para disputar su debut en un Mundial. Tenía 34 años, era un defensa sobrio que apenas había marcado dos goles en toda su carrera y enfrente esperaba México, el anfitrión. Cuarenta años después volvió a recorrer el mismo camino, solo que esta vez no llevaba las botas ni el brazalete de capitán, sino que lo hizo al frente de una selección sudafricana que perseguía un sueño que nunca había conseguido. A veces el fútbol tarda cuatro décadas en cerrar un círculo.A pesar de la desastrosa derrota en el partido inaugural, Sudáfrica ha hecho historia al clasificarse por primera vez para las eliminatorias de un Mundial. Y también Broos ha encontrado su lugar en los libros de los récords: es el entrenador más veterano en ganar un partido de la Copa del Mundo con 74 años y 75 días. Sin embargo, no hace mucho parecía más cerca de la retirada que de un nuevo éxito. Después de una carrera que lo llevó por Bélgica, Grecia, Turquía, Argelia o los Emiratos Árabes Unidos y de conquistar la Copa África con Camerún en 2017, pocos imaginaban que su último gran desafío llegaría al otro extremo del continente.Como jugador, Hugo Broos construyó una de las carreras más sólidas del fútbol belga. Defensa elegante y fiable, jugó en el Anderlecht y en el Brujas entre los años 70 y 80, conquistó varias ligas, copas y dos Recopas de Europa. Sin embargo, se le recuerda por ser el capitán de la selección belga en el Mundial de 1986, donde consiguieron el cuarto puesto que, hasta hoy, es el mejor resultado de los Diablos Rojos en una cita mundialista.Cuando la federación sudafricana llamó a su puerta en 2021, la elección sorprendió a muchos. Los Bafana Bafana atravesaban una larga travesía por el desierto. Desde que organizaron el Mundial de 2010 no habían conseguido volver a la gran cita y el optimismo alrededor de la selección era escaso. En un país acostumbrado a asociar sus mayores alegrías deportivas al rugby desde aquel inolvidable Mundial de 1995 que ayudó a acabar con el apartheid, el fútbol llevaba demasiado tiempo buscando un éxito propio y Broos aceptó el reto con la idea de que sería el último de su carrera.Con el tiempo, la selección empezó a parecerse a su entrenador. Sudáfrica recuperó competitividad, alcanzó las semifinales de la Copa África en 2024 y ahora ha encontrado el premio que llevaba buscando durante más de una década. El seleccionador afirmó que se trata de uno de los mejores momentos de su carrera, catalogándolo como «una experiencia fantástica y una hazaña histórica» para Sudáfrica y aprovechó para «callar bocas» de los críticos que no confiaron después de la derrota ante México: «Hubo alguien que se me acercó y me dijo: “Entrenador, tienen que hacerle una estatua en el país”. Le dije que la hagan de madera para que arda más fácil cuando pierda».Broos ya ha a
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