Una cebolla demasiado grande, una manzana con una forma irregular o una partida de verduras que no cumple los estándares estéticos de los supermercados suelen tener hoy un destino común: acabar fuera de los canales habituales de venta. Aunque mantienen intactas sus propiedades y son perfectamente aptas para el consumo, muchos de estos alimentos terminan desperdiciándose. La Xunta quiere cambiar esta situación con una nueva plataforma digital que permitirá dar salida a estos productos y evitar que acaben en la basura.. La iniciativa será una de las principales medidas de la primera Estrategia de prevención de pérdidas y lucha contra el desperdicio alimentario de Galicia, cuyo desarrollo comenzó este lunes tras ser abordada en el Consello de la Xunta. El objetivo es aprovechar mejor los alimentos producidos en Galicia y reducir las pérdidas que se generan a lo largo de toda la cadena alimentaria.. Según ha explicado el presidente de la Xunta, Alfonso Rueda, los productores podrán subir a esta web aquellos alimentos que no hayan conseguido vender o que presenten defectos estéticos que los alejen de los circuitos comerciales tradicionales. La intención es que esos productos puedan ser adquiridos inicialmente por comedores colectivos y públicos, aunque el propio presidente abrió la puerta a que también puedan llegar a la ciudadanía.. La conselleira do Medio Rural, María José Gómez, ha puesto ejemplos muy concretos de esta situación. Productos agrícolas que no cumplen determinados estándares de tamaño o apariencia pueden quedar fuera de los lineales comerciales pese a conservar toda su calidad. Entre ellos ha citado casos como cebollas que no resultan adecuadas para la venta convencional por su aspecto, pero que son perfectamente válidas para elaborar otros productos alimentarios.. Medir cuánto alimento se desperdicia realmente. La futura estrategia no se limitará a la creación de esta plataforma. Uno de los primeros pasos será conocer con precisión cuál es la dimensión del problema en Galicia. Para ello se pondrán en marcha encuestas dirigidas a hogares, explotaciones agrarias, industria alimentaria, empresas de distribución y establecimientos del sector hostelero. El trabajo se realizará en colaboración con el Instituto Galego de Estatística y la Consellería de Medio Ambiente.. La Xunta reconoce que actualmente dispone de datos globales, europeos y estatales, pero carece de un diagnóstico detallado de la situación gallega. La intención es elaborar la estrategia a lo largo de este año para comenzar a aplicarla en 2027.. Sellos, premios y recetas. El plan también contempla campañas de sensibilización, materiales informativos y la creación de un sello distintivo para las empresas comprometidas con la reducción del desperdicio alimentario. Las compañías que se adhieran a un manifiesto específico podrán exhibir esta acreditación como muestra de su compromiso.. Además, se instaurará un reconocimiento anual a las entidades que destaquen por sus buenas prácticas en este ámbito. La Xunta quiere aprovechar también la celebración del Día Internacional de Concienciación sobre la Pérdida y el Desperdicio de Alimentos, que se celebra cada 29 de septiembre, para dar visibilidad a estas iniciativas.. Otra de las medidas previstas será la elaboración de recetas de aprovechamiento con la colaboración de cocineros de prestigio. La idea es demostrar que muchos productos que hoy se desechan pueden tener una segunda vida en la cocina.. Cientos de euros al año por familia. La Xunta recuerda que el desperdicio alimentario es un problema de dimensiones globales. Según datos citados por el Gobierno gallego, alrededor de un tercio de la producción mundial de alimentos se pierde o se desperdicia.. En España, solo en 2019 se tiraron a la basura más de 1.350 millones de kilos de alimentos y bebidas, una cifra equivalente al 4,7 % de todo lo comprado por los hogares. Esto supone que una familia media desperdicia más de 76 kilos o litros de alimentos al año, con un coste económico que puede oscilar entre los 150 y los 400 euros por persona.
La Xunta prepara una plataforma para dar salida a productos descartados por tamaño, forma o aspecto pese a ser aptos para el consumo
Una cebolla demasiado grande, una manzana con una forma irregular o una partida de verduras que no cumple los estándares estéticos de los supermercados suelen tener hoy un destino común: acabar fuera de los canales habituales de venta. Aunque mantienen intactas sus propiedades y son perfectamente aptas para el consumo, muchos de estos alimentos terminan desperdiciándose. La Xunta quiere cambiar esta situación con una nueva plataforma digital que permitirá dar salida a estos productos y evitar que acaben en la basura.. La iniciativa será una de las principales medidas de la primera Estrategia de prevención de pérdidas y lucha contra el desperdicio alimentario de Galicia, cuyo desarrollo comenzó este lunes tras ser abordada en el Consello de la Xunta. El objetivo es aprovechar mejor los alimentos producidos en Galicia y reducir las pérdidas que se generan a lo largo de toda la cadena alimentaria.. Según ha explicado el presidente de la Xunta, Alfonso Rueda, los productores podrán subir a esta web aquellos alimentos que no hayan conseguido vender o que presenten defectos estéticos que los alejen de los circuitos comerciales tradicionales. La intención es que esos productos puedan ser adquiridos inicialmente por comedores colectivos y públicos, aunque el propio presidente abrió la puerta a que también puedan llegar a la ciudadanía.. La conselleira do Medio Rural, María José Gómez, ha puesto ejemplos muy concretos de esta situación. Productos agrícolas que no cumplen determinados estándares de tamaño o apariencia pueden quedar fuera de los lineales comerciales pese a conservar toda su calidad. Entre ellos ha citado casos como cebollas que no resultan adecuadas para la venta convencional por su aspecto, pero que son perfectamente válidas para elaborar otros productos alimentarios.. Medir cuánto alimento se desperdicia realmente. La futura estrategia no se limitará a la creación de esta plataforma. Uno de los primeros pasos será conocer con precisión cuál es la dimensión del problema en Galicia. Para ello se pondrán en marcha encuestas dirigidas a hogares, explotaciones agrarias, industria alimentaria, empresas de distribución y establecimientos del sector hostelero. El trabajo se realizará en colaboración con el Instituto Galego de Estatística y la Consellería de Medio Ambiente.. La Xunta reconoce que actualmente dispone de datos globales, europeos y estatales, pero carece de un diagnóstico detallado de la situación gallega. La intención es elaborar la estrategia a lo largo de este año para comenzar a aplicarla en 2027.. Sellos, premios y recetas. El plan también contempla campañas de sensibilización, materiales informativos y la creación de un sello distintivo para las empresas comprometidas con la reducción del desperdicio alimentario. Las compañías que se adhieran a un manifiesto específico podrán exhibir esta acreditación como muestra de su compromiso.. Además, se instaurará un reconocimiento anual a las entidades que destaquen por sus buenas prácticas en este ámbito. La Xunta quiere aprovechar también la celebración del Día Internacional de Concienciación sobre la Pérdida y el Desperdicio de Alimentos, que se celebra cada 29 de septiembre, para dar visibilidad a estas iniciativas.. Otra de las medidas previstas será la elaboración de recetas de aprovechamiento con la colaboración de cocineros de prestigio. La idea es demostrar que muchos productos que hoy se desechan pueden tener una segunda vida en la cocina.. Cientos de euros al año por familia. La Xunta recuerda que el desperdicio alimentario es un problema de dimensiones globales. Según datos citados por el Gobierno gallego, alrededor de un tercio de la producción mundial de alimentos se pierde o se desperdicia.. En España, solo en 2019 se tiraron a la basura más de 1.350 millones de kilos de alimentos y bebidas, una cifra equivalente al 4,7 % de todo lo comprado por los hogares. Esto supone que una familia media desperdicia más de 76 kilos o litros de alimentos al año, con un coste económico que puede oscilar entre los 150 y los 400 euros por persona.
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