Aunque no sea la más memorable de su bastísima filmografía –participó en más de 130 películas–, «El puente» (1977), del comunista Juan Antonio Bardem, fue quizá la más importante para [[LINK:TAG|||tag|||633613a31e757a32c790b9fd|||Alfredo Landa]] por el punto de inflexión que supuso en su carrera actoral. En esta «road movie» rodada hace medio siglo, el popular intérprete navarro evoluciona desde el «landismo» –cuyo ambiente se respira al comienzo de la historia– hasta una nueva faceta, de actor serio, aquilatado, que consolidará luego con papeles inolvidables, como el del impasible detective Germán Areta en «El crack» (1981 y 1983) de [[LINK:TAG|||tag|||6336194f59a61a391e0a169d|||José Luis Garci]], o el de Paco, el bajo: el perro fiel del señorito de «Los santos inocentes» (1984), con el que ganaría «ex aequo» con Paco Rabal –que encarnó al Azarías en la cinta de Mario Camus basada en la novela de Delibes– el premio al mejor actor en Cannes.. «Fue una película capital en mi carrera y siempre le estaré agradecido a Bardem por ofrecérmela. Sí, es verdad que el título acabó teniendo muchos sentidos. Puente del protagonista, puente entre una época y otra, puente para Bardem (…) y puente para mí, porque los críticos dejaron de perdonarme la vida y, tras casi 20 años de carrera, descubrieron mis ‘‘inmensas posibilidades’’», dice el propio Landa en sus memorias, «Alfredo el Grande», escritas por Marcos Ordóñez y recién reeditadas por Sílex.. Precisamente, de esta biografía beben Gracia Querejeta y Miguel Olid para componer «Landa», el documental que han hecho sobre el popular actor y que se estrena en cines mañana. «Por su sinceridad, son las mejores memorias que he leído nunca», asegura la hija del productor Elías Querejeta, buen amigo y rival futbolístico de Landa. «Es un libro único; dado su potencial, vimos una magnífica oportunidad para cubrir ese hueco que había: un documental sobre Landa», asegura Olid, quien llegó a la figura del artista tras dirigir un documental de Manolo Summers. En concreto, es a dicho cineasta a quien Querejeta señala como el descubridor de su potencial más allá del «landismo». Se refiere a la película «La niña de luto» (1963): «Creo que esa es la primera interpretación que se aleja absolutamente de lo que él interpretaba. Me parece que es el inicio de todo lo que iba a venir después».. El «landismo», fenómeno cinematográfico del desarrollismo al que dio nombre el intérprete, podría resumirse en una imagen que está en el imaginario colectivo nacional: el protagonista de «Manolo, la nuit» (1973), españolito medio, bajo y de pelo en pecho, corriendo detrás de las despampanantes suecas en biquini por las playas de Torremolinos. Punto. Aunque, por supuesto, es mucho más: es el retrato o, si se quiere, la caricatura de un país en los estertores de un régimen cuyo secular atraso alimentaba este cine con los contrastes civilizatorios y la insinuación que estimulaba la censura.. Arrasando en las salas. De hecho, hasta el estreno de «Torrente 2: Misión en Marbella» (2001), el filme español más taquillero de la historia –con más de 4,5 millones de espectadores– era «No desearás al vecino del quinto» (1970), quintaesencia del «landismo», en el que interpretaba a un caradura que se hacía pasar por mariquita de los que cosen para la calle y ganarse así la confianza de las féminas y adentrarse en su intimidad. «Fue una película que no había visto. Y personalmente me quedé muerto, impresionado: ¿cómo esta película ha podido tener tal éxito que no se lo arrebatara hasta hace 20 años ‘‘Torrente’’?», se pregunta Miguel Olid. «Es curioso cómo esta película, que empezó muy mal, de repente comenzó a tener mucho éxito en Sevilla y acabó arrasando en las salas de cine», apunta Gracia Querejeta.. Preguntados por cómo vemos hoy el fenómeno del «landismo», la cineasta madrileña descarta que haya una mirada condescendiente: «Lo que hay es una para criticarlo o, en el mejor de los casos, para entender que era un cine que bebía de su propia época, y su propia época era machista, era homófoba y muchas otras cosas». Olid, por su parte, comenta que en definitiva «es un retrato de la sociedad de la época» y que «en el documental hemos recogido voces muy diversas que justifican, ensalzan o critican el ‘‘landismo’’ porque hemos querido que el espectador se forme su propia opinión: si hay una mirada presentista o no, y si esas películas están más o menos vigentes».. Algunos títulos del «landismo» [[LINK:INTERNO|||Article|||67ff7a606b2bb0e46a680981|||han sido recuperados por RTVE en «Cine de barrio»]], eso sí, con una advertencia: «Las circunstancias contenidas en esta película se enmarcan en una época determinada y deben ser entendida en el contexto social de dicha época». «Evidente e innecesario» para Gracia Querejeta. «¿Y si sale una mujer embarazada fumando también?», se pregunta. «Si se hace con estas películas debería hacerse con todas las que tengan más de diez o quince años», opina Miguel Olid.
El documental de Gracia Querejeta y Miguel Olid aborda la figura del gran actor y del fenómeno al que le dio nombre
Aunque no sea la más memorable de su bastísima filmografía –participó en más de 130 películas–, «El puente» (1977), del comunista Juan Antonio Bardem, fue quizá la más importante para Alfredo Landa por el punto de inflexión que supuso en su carrera actoral. En esta «road movie» rodada hace medio siglo, el popular intérprete navarro evoluciona desde el «landismo» –cuyo ambiente se respira al comienzo de la historia– hasta una nueva faceta, de actor serio, aquilatado, que consolidará luego con papeles inolvidables, como el del impasible detective Germán Areta en «El crack» (1981 y 1983) de José Luis Garci, o el de Paco, el bajo: el perro fiel del señorito de «Los santos inocentes» (1984), con el que ganaría «ex aequo» con Paco Rabal –que encarnó al Azarías en la cinta de Mario Camus basada en la novela de Delibes– el premio al mejor actor en Cannes.. «Fue una película capital en mi carrera y siempre le estaré agradecido a Bardem por ofrecérmela. Sí, es verdad que el título acabó teniendo muchos sentidos. Puente del protagonista, puente entre una época y otra, puente para Bardem (…) y puente para mí, porque los críticos dejaron de perdonarme la vida y, tras casi 20 años de carrera, descubrieron mis ‘‘inmensas posibilidades’’», dice el propio Landa en sus memorias, «Alfredo el Grande», escritas por Marcos Ordóñez y recién reeditadas por Sílex.. Precisamente, de esta biografía beben Gracia Querejeta y Miguel Olid para componer «Landa», el documental que han hecho sobre el popular actor y que se estrena en cines mañana. «Por su sinceridad, son las mejores memorias que he leído nunca», asegura la hija del productor Elías Querejeta, buen amigo y rival futbolístico de Landa. «Es un libro único; dado su potencial, vimos una magnífica oportunidad para cubrir ese hueco que había: un documental sobre Landa», asegura Olid, quien llegó a la figura del artista tras dirigir un documental de Manolo Summers. En concreto, es a dicho cineasta a quien Querejeta señala como el descubridor de su potencial más allá del «landismo». Se refiere a la película «La niña de luto» (1963): «Creo que esa es la primera interpretación que se aleja absolutamente de lo que él interpretaba. Me parece que es el inicio de todo lo que iba a venir después».. El «landismo», fenómeno cinematográfico del desarrollismo al que dio nombre el intérprete, podría resumirse en una imagen que está en el imaginario colectivo nacional: el protagonista de «Manolo, la nuit» (1973), españolito medio, bajo y de pelo en pecho, corriendo detrás de las despampanantes suecas en biquini por las playas de Torremolinos. Punto. Aunque, por supuesto, es mucho más: es el retrato o, si se quiere, la caricatura de un país en los estertores de un régimen cuyo secular atraso alimentaba este cine con los contrastes civilizatorios y la insinuación que estimulaba la censura.. Arrasando en las salas. De hecho, hasta el estreno de «Torrente 2: Misión en Marbella» (2001), el filme español más taquillero de la historia –con más de 4,5 millones de espectadores– era «No desearás al vecino del quinto» (1970), quintaesencia del «landismo», en el que interpretaba a un caradura que se hacía pasar por mariquita de los que cosen para la calle y ganarse así la confianza de las féminas y adentrarse en su intimidad. «Fue una película que no había visto. Y personalmente me quedé muerto, impresionado: ¿cómo esta película ha podido tener tal éxito que no se lo arrebatara hasta hace 20 años ‘‘Torrente’’?», se pregunta Miguel Olid. «Es curioso cómo esta película, que empezó muy mal, de repente comenzó a tener mucho éxito en Sevilla y acabó arrasando en las salas de cine», apunta Gracia Querejeta.. Preguntados por cómo vemos hoy el fenómeno del «landismo», la cineasta madrileña descarta que haya una mirada condescendiente: «Lo que hay es una para criticarlo o, en el mejor de los casos, para entender que era un cine que bebía de su propia época, y su propia época era machista, era homófoba y muchas otras cosas». Olid, por su parte, comenta que en definitiva «es un retrato de la sociedad de la época» y que «en el documental hemos recogido voces muy diversas que justifican, ensalzan o critican el ‘‘landismo’’ porque hemos querido que el espectador se forme su propia opinión: si hay una mirada presentista o no, y si esas películas están más o menos vigentes».. Algunos títulos del «landismo» han sido recuperados por RTVE en «Cine de barrio», eso sí, con una advertencia: «Las circunstancias contenidas en esta película se enmarcan en una época determinada y deben ser entendida en el contexto social de dicha época». «Evidente e innecesario» para Gracia Querejeta. «¿Y si sale una mujer embarazada fumando también?», se pregunta. «Si se hace con estas películas debería hacerse con todas las que tengan más de diez o quince años», opina Miguel Olid.
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