Después del éxito que supuso «Los escorpiones», el título que catapultó y consagró su nombre, Sara Barquinero regresa con una obra de distinta forja, [[LINK:EXTERNO|||https://www.casadellibro.com/libro-la-chica-mas-lista-que-conozco/9788426433190/17720435?srsltid=AfmBOopg9zSnav4XSrdP_tQThEMC43F0j-dmaKyEl_THvNikMj9IApJF|||«La chica más lista que conozco»]] (Lumen), una historia que entreteje en un texto cabos de distinta procedencia y donde saca a relucir la ruindad moral de la universidad, los abusos de poder entre profesores y alumnos y dudosos comportamientos éticos. «Algunas amigas me dicen que es una novela de venganza», reconoce para entrar a matizar después: «Pero yo he intentado salirme de mis venganzas concretas y pensar en algo universal. Había cosas que me molestaban del mundo académico. Solo he tratado de narrar una rabia compartida por muchos: la desilusión de los estándares universitarios».. «Las relaciones entre profesores y alumnas son consentidas, pero no son morales en muchas ocasiones». Sara Barquinero. La escritora admite que «me molestó que personas que estudiaban filósofos, eran feministas o se reconocían de izquierdas, no tuvieran compromiso» y, aunque adelanta que no existen paralelismos entre ella y la protagonista, una tentación que en este caso conviene salvar, sí parte de lo visto/vivido. Una experiencia que la ha ayudado a plantear temas como el de la frustración: todos esos alumnos de juventud aún sin mella que llegan «a Madrid o Barcelona para comerse el mundo y luego la realidad cae sobre ellos como una jarra de agua fría. Todos ellos esperan que vayan a recibir una beca y luego resulta que hay muy pocas», argumenta para, a continuación, redondear una verdad sin vuelta de hoja: «Para hacerse adulto hay que aprender a lidiar con la desilusión. En el amor todos nos desilusionamos, pensamos una cosa y luego es otra. En este caso, el sentimiento de sentirse fuera».. «Cuando quien tiene poder seduce a una persona menor en edad, con menos sabiduría, lo que está operando es algo distinto a la seducción». Sara Barquinero. De fondo late un asunto controvertido, el abuso, y cómo hay profesores que se aprovechan de su experiencia, su labia, la aureola que los rodea, para atraer a jóvenes todavía desprovistos de suficiente pasado. «Me interesaban estas estructuras de poder, qué hay en el fondo. Desde la intelectualidad se puede seducir de manera confusa a una persona que siente admiración. Esto pasa en la universidad, aunque también con un jefe de empresa, un cineasta… Cuando quien tiene poder seduce a una persona menor en edad, con menos sabiduría, lo que está operando es algo distinto a la seducción. Esa chica se siente especial por ser elegida por alguien con poder. Entiendo las relaciones entre personas de edades diferentes y sé que el amor no es siempre ético, pero alguien con poder que liga… Estos ojos han visto cosas… En más de un sitio –añade–, un profesor liga en serie con alumnas. Existen muchos líos entre profesores y alumnas, pero si ellas supieran con cuántas se han liado esos hombres antes y que no es la primera vez que lo han hecho… Las relaciones entre profesores y alumnas son consentidas, pero no son morales en muchas ocasiones. El mundo filosófico sigue siendo setentero y ochentero, y esta alegría de un profe que se lía con una estudiante aún se ve como una liberación sexual. Todavía viven de las rentas de ese momento. Siguen en esa burbuja, pero, por otro lado, es de una enorme bajeza moral».. Sara Barquinero se adentra por senderos controvertidos, como el uso que todavía se hace de la cultura para justificar sus acciones, como refleja en su libro y que seguro a alguno le rompe el cascarón romántico que aún conserva de cierta idealización de la cultura: «La cultura enriquece, pero también puede ser una excusa para justificar comportamientos deleznables, como el de Óscar, uno de los protagonistas de mi libro, que pega a una chica y luego cita a Descartes y Spinoza. Es muy cínico. Y un síntoma. A veces se emplean las mejores palabras para justificar bajezas. La cultura también es una expresión de estructuras sociales que se ejercen desde el poder. La cultura no es santa por sí misma. Es una herramienta que da y que quita posibilidades».. «Me gustaría más compromiso por parte de los intelectuales». Sara Barquinero. En esta narración hay otro tema: el papel del intelectual en la sociedad. Una cuestión apremiante en una llena de incertidumbres y dudas. «La cultura ha sufrido o está atravesando en este momento una revolución técnica que ha cambiado el papel de los intelectuales. Cuando se inventó la imprenta surgió el protestantismo. Ahora ha cambiado la difusión de la cultura, y muchos pensadores hablan de la inteligencia artificial y de cómo va a cambiar la manera de acceder a las ideas. Esto va a reconfigurar el valor de un pensador. La idea del intelectual comprometido no puede funcionar igual. Me gustaría más compromiso por parte de los intelectuales».
La autora de «Los escorpiones» vuelve con «La chica más lista que conozco», una novela sin concesiones sobre los abusos y las dinámicas de poder dentro de la universidad
Después del éxito que supuso «Los escorpiones», el título que catapultó y consagró su nombre, Sara Barquinero regresa con una obra de distinta forja, «La chica más lista que conozco» (Lumen), una historia que entreteje en un texto cabos de distinta procedencia y donde saca a relucir la ruindad moral de la universidad, los abusos de poder entre profesores y alumnos y dudosos comportamientos éticos. «Algunas amigas me dicen que es una novela de venganza», reconoce para entrar a matizar después: «Pero yo he intentado salirme de mis venganzas concretas y pensar en algo universal. Había cosas que me molestaban del mundo académico. Solo he tratado de narrar una rabia compartida por muchos: la desilusión de los estándares universitarios».. «Las relaciones entre profesores y alumnas son consentidas, pero no son morales en muchas ocasiones». La escritora admite que «me molestó que personas que estudiaban filósofos, eran feministas o se reconocían de izquierdas, no tuvieran compromiso» y, aunque adelanta que no existen paralelismos entre ella y la protagonista, una tentación que en este caso conviene salvar, sí parte de lo visto/vivido. Una experiencia que la ha ayudado a plantear temas como el de la frustración: todos esos alumnos de juventud aún sin mella que llegan «a Madrid o Barcelona para comerse el mundo y luego la realidad cae sobre ellos como una jarra de agua fría. Todos ellos esperan que vayan a recibir una beca y luego resulta que hay muy pocas», argumenta para, a continuación, redondear una verdad sin vuelta de hoja: «Para hacerse adulto hay que aprender a lidiar con la desilusión. En el amor todos nos desilusionamos, pensamos una cosa y luego es otra. En este caso, el sentimiento de sentirse fuera».. «Cuando quien tiene poder seduce a una persona menor en edad, con menos sabiduría, lo que está operando es algo distinto a la seducción». De fondo late un asunto controvertido, el abuso, y cómo hay profesores que se aprovechan de su experiencia, su labia, la aureola que los rodea, para atraer a jóvenes todavía desprovistos de suficiente pasado. «Me interesaban estas estructuras de poder, qué hay en el fondo. Desde la intelectualidad se puede seducir de manera confusa a una persona que siente admiración. Esto pasa en la universidad, aunque también con un jefe de empresa, un cineasta… Cuando quien tiene poder seduce a una persona menor en edad, con menos sabiduría, lo que está operando es algo distinto a la seducción. Esa chica se siente especial por ser elegida por alguien con poder. Entiendo las relaciones entre personas de edades diferentes y sé que el amor no es siempre ético, pero alguien con poder que liga… Estos ojos han visto cosas… En más de un sitio –añade–, un profesor liga en serie con alumnas. Existen muchos líos entre profesores y alumnas, pero si ellas supieran con cuántas se han liado esos hombres antes y que no es la primera vez que lo han hecho… Las relaciones entre profesores y alumnas son consentidas, pero no son morales en muchas ocasiones. El mundo filosófico sigue siendo setentero y ochentero, y esta alegría de un profe que se lía con una estudiante aún se ve como una liberación sexual. Todavía viven de las rentas de ese momento. Siguen en esa burbuja, pero, por otro lado, es de una enorme bajeza moral».. Sara Barquinero se adentra por senderos controvertidos, como el uso que todavía se hace de la cultura para justificar sus acciones, como refleja en su libro y que seguro a alguno le rompe el cascarón romántico que aún conserva de cierta idealización de la cultura: «La cultura enriquece, pero también puede ser una excusa para justificar comportamientos deleznables, como el de Óscar, uno de los protagonistas de mi libro, que pega a una chica y luego cita a Descartes y Spinoza. Es muy cínico. Y un síntoma. A veces se emplean las mejores palabras para justificar bajezas. La cultura también es una expresión de estructuras sociales que se ejercen desde el poder. La cultura no es santa por sí misma. Es una herramienta que da y que quita posibilidades».. «Me gustaría más compromiso por parte de los intelectuales». En esta narración hay otro tema: el papel del intelectual en la sociedad. Una cuestión apremiante en una llena de incertidumbres y dudas. «La cultura ha sufrido o está atravesando en este momento una revolución técnica que ha cambiado el papel de los intelectuales. Cuando se inventó la imprenta surgió el protestantismo. Ahora ha cambiado la difusión de la cultura, y muchos pensadores hablan de la inteligencia artificial y de cómo va a cambiar la manera de acceder a las ideas. Esto va a reconfigurar el valor de un pensador. La idea del intelectual comprometido no puede funcionar igual. Me gustaría más compromiso por parte de los intelectuales».
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