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  Internacional  La ciudad solo para blancos que crece en silencio en Estados Unidos
Internacional

La ciudad solo para blancos que crece en silencio en Estados Unidos

14 de diciembre de 2025
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En los últimos días Donald Trump ha llamado «basura» a los somalíes, se ha referido a varias naciones africanas y latinoamericanas como «países de mierda», y ha insinuado que congresistas de minorías raciales deberían regresar a sus lugares de origen que, según sus propias palabras, son «sitios rotos e infestados de crímenes». Son algunos ejemplos de los muchos que el público ha escuchado en los últimos 12 meses, un discurso abiertamente racista que ha reconfigurado las bases de un país que siempre ha presumido de ser una nación de inmigrantes y que también alimenta un clima de odio cuya versión más radical se está cocinando en un remoto rincón de Arkansas. Allí, un joven de 35 años está levantando un proyecto que hace décadas parecía impensable, una pequeña ciudad diseñada solo para quienes encajan en un ideal racial.. «¿Quieren una nación blanca? Construyan una ciudad blanca», dice en un vídeo en redes sociales su fundador Eric Orwoll, «se puede hacer, nosotros lo estamos haciendo». El proyecto de este joven de cabello rubio, ojos azules y tez blanca avanza en silencio, sin hacer de momento mucho ruido, y concediendo pocas entrevistas a medios de comunicación para no llamar demasiado la atención hasta que la aldea de supremacistas blancos crezca un poco más.. Ahora mismo viven en ella cerca de 40 vecinos que reúnen los tres requisitos inquebrantables para formar parte de la comunidad Return to the Land (RTLL, Volver a la Tierra en español): ser blanco, heterosexual y de ascendencia europea, un linaje que los aspirantes deberán demostrar con documentación genealógica, antes de pasar una entrevista por videoconferencia y superar un control de antecedentes. Quedan excluidos, explícitamente, las personas negras, judías o de religiones «no europeas», como el islam, y también aquellas que pertenezcan al colectivo LGTBI.. Estas condiciones tan simples como sorprendentes son, según su fundador, la clave para crear lo que Orwoll describe como una «comunidad intencional basada en la ascendencia compartida». Durante el último año y medio, el equipo de RTLL ha estado trabajando sin descanso para avanzar en la creación de su aldea privada nivelando el terreno, construyendo caminos y viviendas, letrinas portátiles e infraestructuras básicas como un centro municipal y una escuela donde los niños ya están recibiendo sus clases. Todo en un asentamiento de más de 60 hectáreas (cerca de unos 80 campos de fútbol) que se anuncia en internet como un grupo al que se puede acceder pagando una membresía, una estrategia legal que les permite seleccionar a los supuestos socios que ellos decidan para regresar a la «tierra y distanciarse de una sociedad moderna en decadencia», aseguran en su página web, generando «cambios culturales positivos en nosotros mismos y en nuestras comunidades ancestrales».. En la práctica, RTLL está registrada bajo el nombre de Wisdom Woods, una compañía LLC (el equivalente a la sociedad limitada en España) que se presenta como un club privado. Según Orwoll y su socio, Peter Csere, al tratarse de un «club privado» pueden esquivar las leyes de los derechos civiles y otras normas que regulan la discriminación racial en la vivienda. Según RTLL, los miembros de RTLL en realidad no compran una casa, sino que adquieren una participación en la asociación que les da derecho a ser dueños de una parcela de unos 12.000 metros cuadrados dentro de la aldea para blancos.. A nadie se le escapa que es un club privado cuanto menos curioso, porque en un intento de aumentar la comunidad lo más rápido posible, se están ofreciendo incentivos económicos para fomentar la natalidad blanca dentro del asentamiento y contribuir a «hacer crecer la población» y asegurar así «el futuro de la raza» dentro de las fronteras que ellos mismos han delimitado. Cuestiones como esta hacen saltar las alarmas entre los expertos y las autoridades del estado, que advierten que RTLL despierta viejos fantasmas de la segregación de los años cincuenta y se quejan de tener las manos atadas porque este nuevo asentamiento plantea «todo tipo de problemas legales» y se mueve en una línea jurídica muy fina y ambigua.. Algunos expertos incluso han descrito el proyecto como un laboratorio que estaría poniendo a prueba los límites de las leyes antidiscriminatorias de este país y otros consideran que la extrema derecha está utilizando estas pseudo comunidades disfrazadas de una forma de reencuentro con la «tierra madre» para avanzar en diferentes formas de segregación.. Lo que preocupa a unos y a otros es que el proyecto parece no limitarse solo a este valle perdido en la región central de Estados Unidos. Varios medios nacionales sugieren que RTLL presume de estar preparando enclaves similares en otros estados en la sombra, empezando por los alrededores de Springfield (Misuri), Virginia Occidental y la región de Appalachia, que se extiende desde el sur de Nueva York y el este de Canadá hasta el norte de Alabama y Misisipi. Nuevas «aldeas blancas» inspiradas en el concepto de lugares como Orania, el pueblo en Sudáfrica habitado exclusivamente por blancos que funciona como sociedad separada con su propia moneda local e independencia territorial y cultural.

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En los últimos días Donald Trump ha llamado [[LINK:INTERNO|||Article|||692fedd8d9372a0007249b7e|||«basura» a los somalíes, ]]se ha referido a varias naciones africanas y latinoamericanas como «países de mierda», y ha insinuado que congresistas de minorías raciales deberían regresar a sus lugares de origen que, según sus propias palabras, son «sitios rotos e infestados de crímenes». Son algunos ejemplos de los muchos que el público ha escuchado en los últimos 12 meses, un discurso abiertamente racista que ha reconfigurado las bases de un país que siempre ha presumido de ser una nación de inmigrantes y que también alimenta un clima de odio cuya versión más radical se está cocinando en un remoto rincón de Arkansas. Allí, un joven de 35 años está levantando un proyecto que hace décadas parecía impensable, una pequeña ciudad diseñada solo para quienes encajan en un ideal racial.. «¿Quieren una nación blanca? Construyan una ciudad blanca», dice en un vídeo en redes sociales su fundador Eric Orwoll, «se puede hacer, nosotros lo estamos haciendo». El proyecto de este joven de cabello rubio, ojos azules y tez blanca avanza en silencio, sin hacer de momento mucho ruido, y concediendo pocas entrevistas a medios de comunicación para no llamar demasiado la atención hasta que la aldea de supremacistas blancos crezca un poco más.. Ahora mismo viven en ella cerca de 40 vecinos que reúnen los tres requisitos inquebrantables para formar parte de la comunidad Return to the Land (RTLL, Volver a la Tierra en español): ser blanco, heterosexual y de ascendencia europea, un linaje que los aspirantes deberán demostrar con documentación genealógica, antes de pasar una entrevista por videoconferencia y superar un control de antecedentes. Quedan excluidos, explícitamente, las personas negras, judías o de religiones «no europeas», como el islam, y también aquellas que pertenezcan al colectivo LGTBI.. Estas condiciones tan simples como sorprendentes son, según su fundador, la clave para crear lo que Orwoll describe como una «comunidad intencional basada en la ascendencia compartida». Durante el último año y medio, el equipo de RTLL ha estado trabajando sin descanso para avanzar en la creación de su aldea privada nivelando el terreno, construyendo caminos y viviendas, letrinas portátiles e infraestructuras básicas como un centro municipal y una escuela donde los niños ya están recibiendo sus clases. Todo en un asentamiento de más de 60 hectáreas (cerca de unos 80 campos de fútbol) que se anuncia en internet como un grupo al que se puede acceder pagando una membresía, una estrategia legal que les permite seleccionar a los supuestos socios que ellos decidan para regresar a la «tierra y distanciarse de una sociedad moderna en decadencia», aseguran en su página web, generando «cambios culturales positivos en nosotros mismos y en nuestras comunidades ancestrales».. En la práctica, RTLL está registrada bajo el nombre de Wisdom Woods, una compañía LLC (el equivalente a la sociedad limitada en España) que se presenta como un club privado. Según Orwoll y su socio, Peter Csere, al tratarse de un «club privado» pueden esquivar las leyes de los derechos civiles y otras normas que regulan la discriminación racial en la vivienda. Según RTLL, los miembros de RTLL en realidad no compran una casa, sino que adquieren una participación en la asociación que les da derecho a ser dueños de una parcela de unos 12.000 metros cuadrados dentro de la aldea para blancos.. A nadie se le escapa que es un club privado cuanto menos curioso, porque en un intento de aumentar la comunidad lo más rápido posible, se están ofreciendo incentivos económicos para fomentar la natalidad blanca dentro del asentamiento y contribuir a «hacer crecer la población» y asegurar así «el futuro de la raza» dentro de las fronteras que ellos mismos han delimitado. Cuestiones como esta hacen saltar las alarmas entre los expertos y las autoridades del estado, que advierten que RTLL despierta viejos fantasmas de la segregación de los años cincuenta y se quejan de tener las manos atadas porque este nuevo asentamiento plantea «todo tipo de problemas legales» y se mueve en una línea jurídica muy fina y ambigua.. Algunos expertos incluso han descrito el proyecto como un laboratorio que estaría poniendo a prueba los límites de las leyes antidiscriminatorias de este país y otros consideran que la extrema derecha está utilizando estas pseudo comunidades disfrazadas de una forma de reencuentro con la «tierra madre» para avanzar en diferentes formas de segregación.. Lo que preocupa a unos y a otros es que el proyecto parece no limitarse solo a este valle perdido en la región central de Estados Unidos. Varios medios nacionales sugieren que RTLL presume de estar preparando enclaves similares en otros estados en la sombra, empezando por los alrededores de Springfield (Misuri), Virginia Occidental y la región de Appalachia, que se extiende desde el sur de Nueva York y el este de Canadá hasta el norte de Alabama y Misisipi. Nuevas «aldeas blancas» inspiradas en el concepto de lugares como Orania, el pueblo en Sudáfrica habitado exclusivamente por blancos que funciona como sociedad separada con su propia moneda local e independencia territorial y cultural.

 

Un proyecto supremacista avanza en Arkansas al amparo de vacíos legales y revive los fantasmas de la segregación racial en el país

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