Este domingo 28 el gran Mel Brooks cumplirá cien años convertido en uno de esos escasos cineastas cuyo apellido basta para definir un estilo. No hace falta explicar demasiado qué significa una película «a lo Mel Brooks»: una mezcla de irreverencia, amor por el cine, referencias imposibles y una capacidad casi milagrosa para convertir el disparate en una obra de culto. En una época empeñada en analizar cada chiste como si escondiera un tratado filosófico, Brooks sigue representando una idea del humor mucho más sencilla –y mucho más difícil de conseguir–: hacer reír. De Hitler a Robin Hood, de los pistoleros del Oeste a los monstruos clásicos de Hollywood o la ciencia ficción galáctica, prácticamente nada ha escapado a su cachonda mirada. Ni siquiera él mismo.. Resulta difícil encontrar otro director que haya convertido la parodia en un lenguaje tan personal. Sus películas nunca han sido simples sucesiones de gags, sino auténticas cartas de amor al cine disfrazadas de disparate. «Los productores», «Sillas de montar calientes», [[LINK:INTERNO|||Article|||6348b5f758bbb0e4de65b691|||«El jovencito Frankenstein»]] o «La loca historia de las galaxias» nacieron como bromas descomunales, pero acabaron ocupando un lugar privilegiado en la cultura popular porque detrás de cada chiste hay un conocimiento casi enciclopédico de aquello que está ridiculizando. Brooks –como Cervantes con la novela de caballería– no destroza los géneros: los desmonta pieza a pieza para demostrar que también pueden ser divertidos. Quizá por eso sus películas se siguen revisando décadas después, cuando otras comedias de su tiempo han envejecido mucho peor.. Judío, hijo de inmigrantes europeos y veterano de la Segunda Guerra Mundial, encontró en Hitler uno de sus blancos más recurrentes. Siempre defendió que convertir al dictador en objeto de burla era otra manera de privarlo de parte de su poder simbólico. Pero limitar su legado a esa batalla sería quedarse muy corto. Brooks se ha reído de la historia, de los musicales, de Hollywood, de la ciencia ficción, de las religiones, de las modas y –como no puede ser de otro modo– hasta de sí mismo. Su única norma parece ser que el ingenio justifica cualquier atrevimiento y que la solemnidad está para pincharla antes de que se infle demasiado.. Su centenario llega acompañado de una renovada reivindicación. Este año HBO estrenó[[LINK:INTERNO|||Article|||697f18f475beb90007a43e7e||| «Mel Brooks: The 99 Year Old Man!»]], un documental dirigido por Judd Apatow y Michael Bonfiglio que recorre su trayectoria a través de conversaciones con el propio cineasta, imágenes de archivo y el testimonio de quienes siguen considerándolo un maestro. Hace apenas unos años también publicó sus memorias, [[LINK:INTERNO|||Article|||641dc033e9bdb0e4c12e5523|||«¡Todo sobre mí»]] (Libros del Kultrum), donde repasó una carrera irrepetible con el mismo ingenio que convirtió en marca de la casa.. Y, por si alguien pensaba que cumplir un siglo invita necesariamente a la retirada, Brooks ha decidido llevar la contraria una vez más. En 2027 volverá a aparecer en «Spaceballs 2», la secuela de la delirante parodia de «Star Wars» estrenada en 1987. Hay quien celebra el centenario con una medalla o una gran exposición. Mel Brooks prefiere hacerlo rodando otra película. A estas alturas, probablemente sea la broma más coherente de toda su larga carrera.
El mítico cineasta y cómico cumple un siglo el domingo y, lejos de retirarse, promete seguir sacándonos carcajadas
Este domingo 28 el gran Mel Brooks cumplirá cien años convertido en uno de esos escasos cineastas cuyo apellido basta para definir un estilo. No hace falta explicar demasiado qué significa una película «a lo Mel Brooks»: una mezcla de irreverencia, amor por el cine, referencias imposibles y una capacidad casi milagrosa para convertir el disparate en una obra de culto. En una época empeñada en analizar cada chiste como si escondiera un tratado filosófico, Brooks sigue representando una idea del humor mucho más sencilla –y mucho más difícil de conseguir–: hacer reír. De Hitler a Robin Hood, de los pistoleros del Oeste a los monstruos clásicos de Hollywood o la ciencia ficción galáctica, prácticamente nada ha escapado a su cachonda mirada. Ni siquiera él mismo.. Resulta difícil encontrar otro director que haya convertido la parodia en un lenguaje tan personal. Sus películas nunca han sido simples sucesiones de gags, sino auténticas cartas de amor al cine disfrazadas de disparate. «Los productores», «Sillas de montar calientes», «El jovencito Frankenstein» o «La loca historia de las galaxias» nacieron como bromas descomunales, pero acabaron ocupando un lugar privilegiado en la cultura popular porque detrás de cada chiste hay un conocimiento casi enciclopédico de aquello que está ridiculizando. Brooks –como Cervantes con la novela de caballería– no destroza los géneros: los desmonta pieza a pieza para demostrar que también pueden ser divertidos. Quizá por eso sus películas se siguen revisando décadas después, cuando otras comedias de su tiempo han envejecido mucho peor.. Judío, hijo de inmigrantes europeos y veterano de la Segunda Guerra Mundial, encontró en Hitler uno de sus blancos más recurrentes. Siempre defendió que convertir al dictador en objeto de burla era otra manera de privarlo de parte de su poder simbólico. Pero limitar su legado a esa batalla sería quedarse muy corto. Brooks se ha reído de la historia, de los musicales, de Hollywood, de la ciencia ficción, de las religiones, de las modas y –como no puede ser de otro modo– hasta de sí mismo. Su única norma parece ser que el ingenio justifica cualquier atrevimiento y que la solemnidad está para pincharla antes de que se infle demasiado.. Su centenario llega acompañado de una renovada reivindicación. Este año HBO estrenó «Mel Brooks: The 99 Year Old Man!», un documental dirigido por Judd Apatow y Michael Bonfiglio que recorre su trayectoria a través de conversaciones con el propio cineasta, imágenes de archivo y el testimonio de quienes siguen considerándolo un maestro. Hace apenas unos años también publicó sus memorias, «¡Todo sobre mí» (Libros del Kultrum), donde repasó una carrera irrepetible con el mismo ingenio que convirtió en marca de la casa.. Y, por si alguien pensaba que cumplir un siglo invita necesariamente a la retirada, Brooks ha decidido llevar la contraria una vez más. En 2027 volverá a aparecer en «Spaceballs 2», la secuela de la delirante parodia de «Star Wars» estrenada en 1987. Hay quien celebra el centenario con una medalla o una gran exposición. Mel Brooks prefiere hacerlo rodando otra película. A estas alturas, probablemente sea la broma más coherente de toda su larga carrera.
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