Puede que no haya sido valorada en su medida o que la injusta fama de banalidad con la que la música disco pasó a la historia haya perjudicado el legado de Nile Rodgers. Cierto es que el guitarrista neoyorquino ha recibido reconocimientos a su carrera recientemente, pero quizá pocos sepan que solo él ha sido capaz de dominar la pista de baile durante cuatro décadas. Y no hace falta que lo diga este cronista: él mismo se encargó de demostrarlo anoche en el Real Jardín Botánico de la Universidad Complutense, donde convirtió su presencia en las Noches del Botánico en una especie de manifiesto de su legado, el de una carrera musical extraordinaria. Éxitos de tantos colores y estilos que parece imposible que formen parte de una sola carrera y que anoche celebró por todo lo alto en un glorioso y certero concierto en Madrid.. Quizá valga la pena recordar que Rodgers y su secuaz Bernard Edwards se curtieron tocando art rock y jazz fusion, acompañando en el Apollo a Aretha Franklin o Parliament Funkadellic. Probaron el LSD con 13 años e ingresaron en las Panteras Negras en la secundaria. Se hacían llamar punks (formaron Allah And The Knife-Wielding Punks) antes del punk. Estaban donde había que estar. Así es como abrieron con «Le Freak», un tema que, pocos saben, compusieron Nile Rodgers y Bernard Edwards una noche que les fue vetado el acceso a Studio 54, a pesar de que habían sido invitados por la mismísima Grace Jones. Como los impresionistas del salón de los rechazados, aquella velada escribieron un tema que se titulaba «Fuck Off», con la rabia del punk y la alegría del funk. Las siguientes versiones del tema se fueron suavizando a «Freak Off» y finalmente el «freak out» que, ironías del destino, terminó siendo el rompepistas de Studio 54. Pero eso fue mucho tiempo después.. Hoy quizá pueda sonar inofensivo, pero aquel tema descosió las costuras del pop. Una canción hipnótica que rompía el santo sacramento de los tres minutos para extenderse hasta casi el doble, que hacía girar como derviches a una generación en las discotecas y que fue la piedra angular de un nuevo mesías: el discjockey, que tenía la libertad de extender «ad infinitum» el tema, con dos platos girando simultáneamente, exprimiendo el sudor de los sábados por la noche.. Aunque la música disco caducase pronto y fuese repudiada o ignorada las siguientes décadas (hubieron de llegar dos DJ franceses… y no, no eran Daft Punk, sino Modjo, con su tema «Lady» para devolverle a la vida en el cambio de milenio), lo cierto es que aquello era mucho más de lo que parecía a primera vista. Musicalmente, había metales, coristas del mejor soul y una sección rítmica de otra liga es lo que sigue poniendo en escena Nile Rodgers. Instrumentistas de conservatorio, damas y caballeros: una banda descomunal comandada por Ralph Rolle a la batería y Milton Barnes al bajo, ambos, dos panzer del compás. Audrey Martells y Naomi Rodgers ponían el gospel y la tradición negra y, en el lado blanco, sin ofender, Russel Graham y Richard Hilton. También había un ideario, aunque pudiera parecer que todo era frivolidad: la música negra que defendía la libertad sexual y la unidad de todos bajo las luces de neón. Fue la música de una liberación masiva, una revolución en curso que llega hasta nuestros días.. «Mi nombre es Nile Rodgers y nos gusta pensar en nosotros como la organización Chic. Y eso es porque he producido canciones para otra gente como Diana Ross Madonna, Beyonce… y vamos a hacer todo eso. Solo os pido que cantéis esta mierda realmente alto», anunció el guitarrista antes de dar paso a una sucesión de «medleys» de su factoría, teminando con una tremenda interpretación de «We Are Family». Su actitud y sus palabras sonaron a Power Point de sí mismo, pero quién puede quitarle una coma.. Y recordó también el tiempo en que, en los 80, conoció a una chica joven que se hacía llamar Madonna y le propuso hacer un tema que se llamase «Material Girl» y que fuera el centro de su concepto artístico. Y ella le dijo: «¿Sabes qué, Nile? Puedes besar mi culo material» (risas). Y añadió que su primera canción se llamaría «Like a Virgin» y que así se llamaría el disco también. «Bueno, puedes hacer lo que quieras -le dijo Rodgers-, porque el disco se llamará Madonna en letras enormes y muy muy pequeñito pondrá »producido por Nile Rodgers». Así que haz lo que quieras». Y entonces se dirigió a la audiencia, como reivindicando su papel en ambos megahits: «¿Puedo tocar ambas canciones?», preguntó retóricamente.. Antes, en 1979, habían publicado «Good Times», que Rodgers y los suyos presentaron como una frenética interpretación callejera, recordando que su línea de bajo dio lugar al primer éxito de rap de la historia, «Raapper’s Delight», y el primer gran pleito de la historia por causa de sampleo de música. Rodgers tuvo un recuerdo para su compañero fundador de Chic. «Una noche llamé a Bernard y le pregunté qué hacía. Me dijo que en mí y yo le contesté que lo mismo. Le echo de menos casa día», dijo antes de «Thinking of you». Quedaba «Get Lucky» el megaéxito universal junto a Daft Punk, y nada menos que «Let’s Dance», que Rodgers produjo para David Bowie exactamente 30 años antes. Muchos lo han intentado, pero nadie lo ha conseguido. Música disco, la semilla del rap, Diana Ross, Madonna, David Bowie, Duran Duran (¡Marta Sánchez! que anoche no pasó el corte), «Lady» y Daft Punk lo dicen todo: dominar la pista de baile en cuatro décadas es algo que nadie ha conseguido. Anoche todo pasó como un relámpago delante de nuestros ojos.
Nile Rodgers imparte magisterio en control mental de la pista de baile en la capital
Puede que no haya sido valorada en su medida o que la injusta fama de banalidad con la que la música disco pasó a la historia haya perjudicado el legado de Nile Rodgers. Cierto es que el guitarrista neoyorquino ha recibido reconocimientos a su carrera recientemente, pero quizá pocos sepan que solo él ha sido capaz de dominar la pista de baile durante cuatro décadas. Y no hace falta que lo diga este cronista: él mismo se encargó de demostrarlo anoche en el Real Jardín Botánico de la Universidad Complutense, donde convirtió su presencia en las Noches del Botánico en una especie de manifiesto de su legado, el de una carrera musical extraordinaria. Éxitos de tantos colores y estilos que parece imposible que formen parte de una sola carrera y que anoche celebró por todo lo alto en un glorioso y certero concierto en Madrid.. Quizá valga la pena recordar que Rodgers y su secuaz Bernard Edwards se curtieron tocando art rock y jazz fusion, acompañando en el Apollo a Aretha Franklin o Parliament Funkadellic. Probaron el LSD con 13 años e ingresaron en las Panteras Negras en la secundaria. Se hacían llamar punks (formaron Allah And The Knife-Wielding Punks) antes del punk. Estaban donde había que estar. Así es como abrieron con «Le Freak», un tema que, pocos saben, compusieron Nile Rodgers y Bernard Edwards una noche que les fue vetado el acceso a Studio 54, a pesar de que habían sido invitados por la mismísima Grace Jones. Como los impresionistas del salón de los rechazados, aquella velada escribieron un tema que se titulaba «Fuck Off», con la rabia del punk y la alegría del funk. Las siguientes versiones del tema se fueron suavizando a «Freak Off» y finalmente el «freak out» que, ironías del destino, terminó siendo el rompepistas de Studio 54. Pero eso fue mucho tiempo después.. Hoy quizá pueda sonar inofensivo, pero aquel tema descosió las costuras del pop. Una canción hipnótica que rompía el santo sacramento de los tres minutos para extenderse hasta casi el doble, que hacía girar como derviches a una generación en las discotecas y que fue la piedra angular de un nuevo mesías: el discjockey, que tenía la libertad de extender «ad infinitum» el tema, con dos platos girando simultáneamente, exprimiendo el sudor de los sábados por la noche.. Aunque la música disco caducase pronto y fuese repudiada o ignorada las siguientes décadas (hubieron de llegar dos DJ franceses… y no, no eran Daft Punk, sino Modjo, con su tema «Lady» para devolverle a la vida en el cambio de milenio), lo cierto es que aquello era mucho más de lo que parecía a primera vista. Musicalmente, había metales, coristas del mejor soul y una sección rítmica de otra liga es lo que sigue poniendo en escena Nile Rodgers. Instrumentistas de otra liga, damas y caballeros: una banda descomunal comandada por Ralph Rolle a la batería y Milton Barnes al bajo, ambos, dos panzer del compás. Audrey Martells y Naomi Rodgers ponían el gospel y la tradición negra y, en el lado blanco, sin ofender, Russel Graham y Richard Hilton. También había un ideario, aunque pudiera parecer que todo era frivolidad: la música negra que defendía la libertad sexual y la unidad de todos bajo las luces de neón. Fue la música de una liberación masiva, una revolución en curso que llega hasta nuestros días.. «Mi nombre es Nile Rodgers y nos gusta pensar en nosotros como la organización Chic. Y eso es porque he producido canciones para otra gente como Diana Ross Madonna, Beyonce… y vamos a hacer todo eso. Solo os pido que cantéis esta mierda realmente alto», anunció el guitarrista antes de dar paso a una sucesión de «medleys» de su factoría, teminando con una tremenda interpretación de «We Are Family». Su actitud y sus palabras sonaron a Power Point de sí mismo, pero quién puede quitarle una coma.. Y recordó también el tiempo en que, en los 80, conoció a una chica joven que se hacía llamar Madonna y le propuso hacer un tema que se llamase «Material Girl» y que fuera el centro de su concepto artístico. Y ella le dijo: «¿Sabes qué, Nile? Puedes besar mi culo material» (risas). Y añadió que su primera canción se llamaría «Like a Virgin» y que así se llamaría el disco también. «Bueno, puedes hacer lo que quieras -le dijo Rodgers-, porque el disco se llamará Madonna en letras enormes y muy muy pequeñito pondrá »producido por Nile Rodgers». Así que haz lo que quieras». Y entonces se dirigió a la audiencia, como reivindicando su papel en ambos megahits: «¿Puedo tocar ambas canciones?», preguntó retóricamente.. Antes, en 1979, habían publicado «Good Times», que Rodgers y los suyos presentaron como una frenética interpretación callejera, recordando que su línea de bajo dio lugar al primer éxito de rap de la historia, «Raapper’s Delight», y el primer gran pleito de la historia por causa de sampleo de música. Rodgers tuvo un recuerdo para su compañero fundador de Chic. «Una noche llamé a Bernard y le pregunté qué hacía. Me dijo que en mí y yo le contesté que lo mismo. Le echo de menos casa día», dijo antes de «Thinking of you». Quedaba «Get Lucky» el megaéxito universal junto a Daft Punk, y nada menos que «Let’s Dance», que Rodgers produjo para David Bowie exactamente 30 años antes. Muchos lo han intentado, pero nadie lo ha conseguido. Música disco, la semilla del rap, Diana Ross, Madonna, David Bowie, Duran Duran (¡Marta Sánchez! que anoche no pasó el corte), «Lady» y Daft Punk lo dicen todo: dominar la pista de baile en cuatro décadas es algo que nadie ha conseguido. Anoche todo pasó delante de nuestros ojos.
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