La madrugada del 22 de enero de 1961, veinticuatro exiliados españoles y portugueses secuestraron en aguas de El Caribe el Santa María, un transatlántico de bandera lusa con un millar de personas a bordo, entre pasajeros y tripulación, que hacía el recorrido Miami-Lisboa. ¿Su objetivo? Derrocar las dictaduras de Salazar en Portugal y de Franco en España, desviando el rumbo del barco hacia las costas de África –Angola o Guinea Ecuatorial– para sublevar primero los puestos coloniales y, posteriormente, llevar la revolución a la Península. Al frente de la expedición, tres miembros del DRIL (Directorio Revolucionario Ibérico de Liberación): el luso Henrique Galvão y los gallegos Pepe Velo y José Fernández «Sotomayor».. Mas esta quijotesca empresa hace aguas nada más comenzar, al resultar muerto un tripulante en el asalto y otro, herido de gravedad. Los cabecillas de la operación se debaten si seguir adelante con su revolucionario empeño o arriesgarse al fracaso desembarcando al maltrecho navegante para que pueda salvar la vida. Se decantan finalmente por esta segunda opción, apeando al herido junto al médico en la isla de Santa Lucía y, a la vez, siendo delatados y, por tanto, detectados por la comunidad internacional. EEUU, pese a las reclamaciones de España y Portugal, no les echará el guante –al considerarla una acción política y no piratería–, pero les seguirá muy de cerca y negociará su rendición. El propio [[LINK:TAG|||tag|||633a963887d98e3342b277ff|||J.F. Kennedy]], en su primera comparecencia como presidente, hablará de este secuestro. A los doce días del asalto, el Santa María –rebautizado como «Santa Liberdade» por el DRIL– atraca en Recife , Brasil, país donde los asaltantes serán recibidos como héroes y tendrán asilo político gracias a la intervención del recién electo y efímero presidente de la República, Jânio Quadros, amigo personal de Galvão.. Un cabo suelto. Pero, claro, estos son «simplemente» los hechos, la estrambótica historia real que obsesionó a José Ignacio Carnero (Bilbao, 1986) y de la que partió –la percha histórica– para escribir su magnífica novela [[LINK:INTERNO|||Article|||6a2acff01268b0e43f5e7908|||«Los fabuladores»]] (Random House), que le ha llevado cinco años de investigación, viajes por todo el mundo, entrevistas, lecturas, reflexiones y reescrituras. «Al principio la intención era escribir una sobre el secuestro, sobre unos hechos alucinantes –comenta el autor–, una novelita pequeña tipo Éric Vuillard, pero empiezo a saber más de los tres tipos, el libro comienza a romper sus costuras y veo que eso no es suficiente. Ya no me vale una novela como tenía pensada, tengo que llevarla a otro lugar. Realmente, durante el proceso de escritura me di cuenta de que era la historia de los tres tipos y no la novela del secuestro», recalca.. «En la escritura me di cuenta de que la novela era la historia de los tres tipos y no la del secuestro». Antes de entrar con los protagonistas, es menester saber por qué un suceso tan llamativo y, a su modo, importante, es prácticamente desconocido en el presente. «Es un olvido exagerado», afirma Carnero, quien piensa que el motivo es «que el relato de estos tres tipos no encaja en uno mayor: ¿de dónde vienen y adónde van?, ¿cuáles son sus antecedentes y sus sucesores?, ¿cómo encaja el relato del Santa María y el relato incluso de la biografía de ellos en el relato de la Historia de España? Es que no encaja, es un desajuste total, un cabo suelto». Y abunda: «Las historias que trascienden son las que juegan un papel en la historia del país, los sucesos que se pueden encajar en un relato mayor; por ejemplo, el 23-F o el asesinato de Carrero Blanco. Y este es un hecho que viene de ninguna parte y va a ninguna parte».. Precisamente, dicho desconocimiento «grosso modo» de esta fabulosa historia permite al autor jugar o fantasear con los personajes con mayor facilidad. «Intento entender el hecho, pero me ha interesado mucho más la psicología de los protagonistas. Que esté olvidado es una ventaja para escribir una novela en tanto que el hecho y los personajes no están muy manoseados por otros o por un relato mayor». Y, aunque no desdeñe el contexto histórico y político, quiere dejar claro que su obsesión «ha sido humana: el motor que me ha movido a saber más es comprender quiénes eran estos tipos para haber hecho algo tan inverosímil, qué había en sus cabezas para embarcarse donde se embarcaron».. «Este relato no encajaba en un relato mayor. Sería un desajuste total, un cabo suelto». Capitán, poeta y comandante. Dedica José Ignacio Carnero la primera parte de la novela, «Lo que no existe», a contarnos de dónde viene –o de dónde dicen venir– cada uno de los protagonistas –el capitán Galvão, el poeta Velo y el comandante Sotomayor– y cómo estos exiliados acaban confluyendo, conspirando, a principios de los 60 en una azotea del barrio de Sabana Grande, en Caracas (Venezuela). Sin embargo, el autor buceará en la segunda mitad del libro, «Lo que existe», en lo más recóndito de la biografía de cada uno de ellos –contándonos, de paso, qué fue de estos hombres tras el fracaso de su empeño revolucionario–, entrevistándose con familiares (el caso de Víctor Velo, hijo de Pepe, quien formó parte de la expedición con 17 años) y varios amigos (como Camilo Mortágua, mano derecha del antisalazarista Galvão, que también participó del asalto al Santa María).. Y he aquí cuando uno de ellos se desvela un impostor. ¿Quién es José Fernández, quién es el comandante Sotomayor? «Sin duda, es el más literario de los tres», afirma José Ignacio Carnero. «Fue un impostor en cierto modo, porque articula una biografía llena de falsedades. La pregunta que hay que hacerse con Sotomayor es si una mentira llevada a sus últimas consecuencias hace que sea una verdad. Él acaba covencido, o así lo cuento yo en la novela, de que su mentira es verdad. Acaba vendiendo su patrimonio y acaba en la pobreza más absoluta en Venezuela por haber seguido el camino que él mismo se ha inventado. Entonces, claro, si tú llegas a un extremo tan increíble, ¿realmente se te puede reprochar la mentira?», se pregunta.. «¿Una mentira llevada a sus últimas consecuencias hace que sea una verdad?», se pregunta el autor. Uno de tantos interrogantes que se van abriendo conforme más se adentra en la historia. Y la pregunta es, claro, después de cinco años de obsesión, ¿cuándo decide que la aventura ha llegado a su fin? «Pues cuando ese narrador, que de algún modo se parece a mí y que es el cuarto fabulador, alcanza una conclusión y de algún modo cierra la novela desde su subjetividad. Cuando decide que ha comprendido a los personajes. Y ese “comprendido lo suficiente” es una verdad literaria. He comprendido la historia porque he entendido a través de las herramientas que la novela me da cómo son los tres tipos. No son los hechos históricos los que me dan ese conocimiento, sino la verdad literaria que alcanzo escribiendo la novela», concluye el autor.
En «Los fabuladores», José Ignacio Carnero novela este suceso real, muy exótico, que quedó arrumbado en un cajón de la Historia
La madrugada del 22 de enero de 1961, veinticuatro exiliados españoles y portugueses secuestraron en aguas de El Caribe el Santa María, un transatlántico de bandera lusa con un millar de personas a bordo, entre pasajeros y tripulación, que hacía el recorrido Miami-Lisboa. ¿Su objetivo? Derrocar las dictaduras de Salazar en Portugal y de Franco en España, desviando el rumbo del barco hacia las costas de África –Angola o Guinea Ecuatorial– para sublevar primero los puestos coloniales y, posteriormente, llevar la revolución a la Península. Al frente de la expedición, tres miembros del DRIL (Directorio Revolucionario Ibérico de Liberación): el luso Henrique Galvão y los gallegos Pepe Velo y José Fernández «Sotomayor».. Mas esta quijotesca empresa hace aguas nada más comenzar, al resultar muerto un tripulante en el asalto y otro, herido de gravedad. Los cabecillas de la operación se debaten si seguir adelante con su revolucionario empeño o arriesgarse al fracaso desembarcando al maltrecho navegante para que pueda salvar la vida. Se decantan finalmente por esta segunda opción, apeando al herido junto al médico en la isla de Santa Lucía y, a la vez, siendo delatados y, por tanto, detectados por la comunidad internacional. EEUU, pese a las reclamaciones de España y Portugal, no les echará el guante –al considerarla una acción política y no piratería–, pero les seguirá muy de cerca y negociará su rendición. El propio J.F. Kennedy, en su primera comparecencia como presidente, hablará de este secuestro. A los doce días del asalto, el Santa María –rebautizado como «Santa Liberdade» por el DRIL– atraca en Recife , Brasil, país donde los asaltantes serán recibidos como héroes y tendrán asilo político gracias a la intervención del recién electo y efímero presidente de la República, Jânio Quadros, amigo personal de Galvão.. Un cabo suelto. Pero, claro, estos son «simplemente» los hechos, la estrambótica historia real que obsesionó a José Ignacio Carnero (Bilbao, 1986) y de la que partió –la percha histórica– para escribir su magnífica novela «Los fabuladores» (Random House), que le ha llevado cinco años de investigación, viajes por todo el mundo, entrevistas, lecturas, reflexiones y reescrituras. «Al principio la intención era escribir una sobre el secuestro, sobre unos hechos alucinantes –comenta el autor–, una novelita pequeña tipo Éric Vuillard, pero empiezo a saber más de los tres tipos, el libro comienza a romper sus costuras y veo que eso no es suficiente. Ya no me vale una novela como tenía pensada, tengo que llevarla a otro lugar. Realmente, durante el proceso de escritura me di cuenta de que era la historia de los tres tipos y no la novela del secuestro», recalca.. «En la escritura me di cuenta de que la novela era la historia de los tres tipos y no la del secuestro». Antes de entrar con los protagonistas, es menester saber por qué un suceso tan llamativo y, a su modo, importante, es prácticamente desconocido en el presente. «Es un olvido exagerado», afirma Carnero, quien piensa que el motivo es «que el relato de estos tres tipos no encaja en uno mayor: ¿de dónde vienen y adónde van?, ¿cuáles son sus antecedentes y sus sucesores?, ¿cómo encaja el relato del Santa María y el relato incluso de la biografía de ellos en el relato de la Historia de España? Es que no encaja, es un desajuste total, un cabo suelto». Y abunda: «Las historias que trascienden son las que juegan un papel en la historia del país, los sucesos que se pueden encajar en un relato mayor; por ejemplo, el 23-F o el asesinato de Carrero Blanco. Y este es un hecho que viene de ninguna parte y va a ninguna parte».. Precisamente, dicho desconocimiento «grosso modo» de esta fabulosa historia permite al autor jugar o fantasear con los personajes con mayor facilidad. «Intento entender el hecho, pero me ha interesado mucho más la psicología de los protagonistas. Que esté olvidado es una ventaja para escribir una novela en tanto que el hecho y los personajes no están muy manoseados por otros o por un relato mayor». Y, aunque no desdeñe el contexto histórico y político, quiere dejar claro que su obsesión «ha sido humana: el motor que me ha movido a saber más es comprender quiénes eran estos tipos para haber hecho algo tan inverosímil, qué había en sus cabezas para embarcarse donde se embarcaron».. «Este relato no encajaba en un relato mayor. Sería un desajuste total, un cabo suelto». Capitán, poeta y comandante. Dedica José Ignacio Carnero la primera parte de la novela, «Lo que no existe», a contarnos de dónde viene –o de dónde dicen venir– cada uno de los protagonistas –el capitán Galvão, el poeta Velo y el comandante Sotomayor– y cómo estos exiliados acaban confluyendo, conspirando, a principios de los 60 en una azotea del barrio de Sabana Grande, en Caracas (Venezuela). Sin embargo, el autor buceará en la segunda mitad del libro, «Lo que existe», en lo más recóndito de la biografía de cada uno de ellos –contándonos, de paso, qué fue de estos hombres tras el fracaso de su empeño revolucionario–, entrevistándose con familiares (el caso de Víctor Velo, hijo de Pepe, quien formó parte de la expedición con 17 años) y varios amigos (como Camilo Mortágua, mano derecha del antisalazarista Galvão, que también participó del asalto al Santa María).. Y he aquí cuando uno de ellos se desvela un impostor. ¿Quién es José Fernández, quién es el comandante Sotomayor? «Sin duda, es el más literario de los tres», afirma José Ignacio Carnero. «Fue un impostor en cierto modo, porque articula una biografía llena de falsedades. La pregunta que hay que hacerse con Sotomayor es si una mentira llevada a sus últimas consecuencias hace que sea una verdad. Él acaba covencido, o así lo cuento yo en la novela, de que su mentira es verdad. Acaba vendiendo su patrimonio y acaba en la pobreza más absoluta en Venezuela por haber seguido el camino que él mismo se ha inventado. Entonces, claro, si tú llegas a un extremo tan increíble, ¿realmente se te puede reprochar la mentira?», se pregunta.. «¿Una mentira llevada a sus últimas consecuencias hace que sea una verdad?», se pregunta el autor. Uno de tantos interrogantes que se van abriendo conforme más se adentra en la historia. Y la pregunta es, claro, después de cinco años de obsesión, ¿cuándo decide que la aventura ha llegado a su fin? «Pues cuando ese narrador, que de algún modo se parece a mí y que es el cuarto fabulador, alcanza una conclusión y de algún modo cierra la novela desde su subjetividad. Cuando decide que ha comprendido a los personajes. Y ese “comprendido lo suficiente” es una verdad literaria. He comprendido la historia porque he entendido a través de las herramientas que la novela me da cómo son los tres tipos. No son los hechos históricos los que me dan ese conocimiento, sino la verdad literaria que alcanzo escribiendo la novela», concluye el autor.
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