No todo forma parte de un plan. Se puede afrontar la existencia sin presión ni mayor expectativa que la de sentirse presente en ella. Con todo lo que conlleva, eso sí. Cora Yako suena a eso: a estímulos afilados que recuerdan constantemente que seguimos aquí. A pellizcos incesantes que le quitan monotonía y estancamiento a lo cotidiano. Sus canciones funcionan como heridas comunes, curables, pero que igualmente escuecen: «Hablan de la nostalgia de la infancia, del miedo al futuro o del amor», resumen a este diario Luis de Oleza y Carlos Sennacheribbo, ambos encargados de la guitarra y la voz de una banda que tiene que decir muchas cosas: porque en el mundo viven y por tanto reaccionan. Resultado de ello es «Mil pequeños cortes», álbum compuesto por once temas y que lejos queda de ser conceptual. «Está muy manido eso de ser la voz de una generación. Todos los grupos lo son, y todas las generaciones están perdidas. No sabemos hasta qué punto eso ya no significa nada», opinan unos artistas que, no obstante, sí han razonado, reflexionado y desgranado al detalle el sonido de un disco guitarrero, envolvente y con potencia antiséptica.. Ensayo y error. Cora Yako hace que la música que llamamos «indie» (¿otro concepto manido?) brille con luz propia. Los artistas se han encargado de toda la confección del disco. «Nos ha llevado bastante tiempo, unos dos años, porque lo hemos grabado, producido y mezclado todo nosotros», explica el dúo, «eso alarga el proceso, pero también tiene cosas muy buenas. Porque si pasamos una semana en un estudio te cuesta un pastizal». Por tanto, es en su estudio/local de ensayo/segunda casa donde Carlos y Luis siguen trabajando como lo llevan haciendo desde que apenas tenían 12 años. Aprendieron a tocar sus guitarras muy jóvenes de forma autodidacta, «y con los 18 o así nos descargamos el primer programa de producción. Es una cuestión de ensayo y error, y también son horas de frustración. Antes era impensable, pero ahora la música se ha democratizado».. Todo trabajo tiene su recompensa, y el álbum de Cora Yako está funcionando. Hicieron «sold out» en su concierto en Madrid, el pasado 27 de marzo, y continúan con una gira que les llevará a Sevilla, Sigüenza, Murcia o Granada. La maquinaria está cogiendo tal impulso que se han visto hasta en la tesitura de cambiar espacios para alcanzar un mayor aforo. E incluso han entrado en la Moncloa. Entre los vídeos que el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, suele distribuir en sus redes sociales para recomendar música, figuró «Mil pequeños cortes» de Cora Yako. Un vídeo en el que animaba a escuchar sus canciones y al que siguió otro donde vestía una camiseta azul con el logo de la banda. ¿Qué le responderían a ambos «reel» si tuviesen la oportunidad? «Tanto a él como a todos los Ayuntamientos y Comunidades Autónomas, les diríamos que cuidaran un poco más el asunto. Me parece bien que publique esos vídeos, nos hizo mucha ilusión. Pero para ayudar a la cultura lo que hace falta son leyes que la apoyen, iniciativas que la acerquen a la gente», responden los artistas. .. Vampire Weekend, Arctic Monkeys, MGMT, The Strokes, Block Party… son estas bandas, entre otras, las que Luis y Carlos escuchaban «cuando nos enamoramos de la música», afirman. Ambos son de Palma –«éramos vecinos, nuestras abuelas iban juntas a clase», celebran– y defienden «que la música que te marca a cierta edad tiene una carga emocional que es la que siempre te inspira». Definen por tanto este álbum como uno «dosmilero». Respecto al anterior, más noventero, hemos subido la velocidad, hemos metido más letras y más directas. Son las canciones que más representan de forma fiel la música que hemos escuchado siempre. Esa es nuestra movida», desgranan dos músicos, amigos y guitarristas que, confiesan, aún sin un plan que les limite, «queremos poder vivir de esto. Vamos creciendo».. Muchas bandas y poco dinero. Componer, grabar, mezclar, producir… y todo desde el bolsillo propio. ¿Merece la pena en una época con tanto contenido y estímulo? «Hay que ganarlo todo picando piedra. En esta industria hay bastante poco dinero y una barbaridad tremenda de grupos. No es competencia, porque esa no es la naturaleza del arte, pero la atención de la gente es limitada. Nunca sabes lo que puede pasar», analizan.
Publican «Mil pequeños cortes», álbum de sonido «dosmilero» grabado, mezclado y producido por ellos mismos
No todo forma parte de un plan. Se puede afrontar la existencia sin presión ni mayor expectativa que la de sentirse presente en ella. Con todo lo que conlleva, eso sí. Cora Yako suena a eso: a estímulos afilados que recuerdan constantemente que seguimos aquí. A pellizcos incesantes que le quitan monotonía y estancamiento a lo cotidiano. Sus canciones funcionan como heridas comunes, curables, pero que igualmente escuecen: «Hablan de la nostalgia de la infancia, del miedo al futuro o del amor», resumen a este diario Luis de Oleza y Carlos Sennacheribbo, ambos encargados de la guitarra y la voz de una banda que tiene que decir muchas cosas: porque en el mundo viven y por tanto reaccionan. Resultado de ello es «Mil pequeños cortes», álbum compuesto por once temas y que lejos queda de ser conceptual. «Está muy manido eso de ser la voz de una generación. Todos los grupos lo son, y todas las generaciones están perdidas. No sabemos hasta qué punto eso ya no significa nada», opinan unos artistas que, no obstante, sí han razonado, reflexionado y desgranado al detalle el sonido de un disco guitarrero, envolvente y con potencia antiséptica.. Ensayo y error. Cora Yako hace que la música que llamamos «indie» (¿otro concepto manido?) brille con luz propia. Los artistas se han encargado de toda la confección del disco. «Nos ha llevado bastante tiempo, unos dos años, porque lo hemos grabado, producido y mezclado todo nosotros», explica el dúo, «eso alarga el proceso, pero también tiene cosas muy buenas. Porque si pasamos una semana en un estudio te cuesta un pastizal». Por tanto, es en su estudio/local de ensayo/segunda casa donde Carlos y Luis siguen trabajando como lo llevan haciendo desde que apenas tenían 12 años. Aprendieron a tocar sus guitarras muy jóvenes de forma autodidacta, «y con los 18 o así nos descargamos el primer programa de producción. Es una cuestión de ensayo y error, y también son horas de frustración. Antes era impensable, pero ahora la música se ha democratizado».. Todo trabajo tiene su recompensa, y el álbum de Cora Yako está funcionando. Hicieron «sold out» en su concierto en Madrid, el pasado 27 de marzo, y continúan con una gira que les llevará a Sevilla, Sigüenza, Murcia o Granada. La maquinaria está cogiendo tal impulso que se han visto hasta en la tesitura de cambiar espacios para alcanzar un mayor aforo. E incluso han entrado en la Moncloa. Entre los vídeos que el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, suele distribuir en sus redes sociales para recomendar música, figuró «Mil pequeños cortes» de Cora Yako. Un vídeo en el que animaba a escuchar sus canciones y al que siguió otro donde vestía una camiseta azul con el logo de la banda. ¿Qué le responderían a ambos «reel» si tuviesen la oportunidad? «Tanto a él como a todos los Ayuntamientos y Comunidades Autónomas, les diríamos que cuidaran un poco más el asunto. Me parece bien que publique esos vídeos, nos hizo mucha ilusión. Pero para ayudar a la cultura lo que hace falta son leyes que la apoyen, iniciativas que la acerquen a la gente», responden los artistas. .. Vampire Weekend, Arctic Monkeys, MGMT, The Strokes, Block Party… son estas bandas, entre otras, las que Luis y Carlos escuchaban «cuando nos enamoramos de la música», afirman. Ambos son de Palma –«éramos vecinos, nuestras abuelas iban juntas a clase», celebran– y defienden «que la música que te marca a cierta edad tiene una carga emocional que es la que siempre te inspira». Definen por tanto este álbum como uno «dosmilero». Respecto al anterior, más noventero, hemos subido la velocidad, hemos metido más letras y más directas. Son las canciones que más representan de forma fiel la música que hemos escuchado siempre. Esa es nuestra movida», desgranan dos músicos, amigos y guitarristas que, confiesan, aún sin un plan que les limite, «queremos poder vivir de esto. Vamos creciendo».. Muchas bandas y poco dinero. Componer, grabar, mezclar, producir… y todo desde el bolsillo propio. ¿Merece la pena en una época con tanto contenido y estímulo? «Hay que ganarlo todo picando piedra. En esta industria hay bastante poco dinero y una barbaridad tremenda de grupos. No es competencia, porque esa no es la naturaleza del arte, pero la atención de la gente es limitada. Nunca sabes lo que puede pasar», analizan.
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