Pocas cosas conmueven más a una madre que mirar a su hijo fijamente y preguntarse qué África le tocará vivir mañana.. Quizá por eso escribí «Las cicatrices imborrables del colonialismo en África». De madre a hijo: una carta de amor y esperanza. Porque hay pensamientos que solo una madre termina comprendiendo: la necesidad de proteger, de cuidar, de transmitir memoria y de evitar que nuestros hijos crezcan sintiéndose diminutos por heridas que nunca les pertenecieron.. Durante demasiado tiempo, África aprendió a verse desde relatos construidos por otros. Y una de las heridas más profundas que deja el colonialismo no es únicamente material. Es crecer sintiendo que el continente debía explicarse constantemente para sentirse aceptado entre los demás.. Cuando observo a tantos jóvenes africanos encontrar su lugar en la música, el deporte, la moda o las universidades y en tantos otros espacios, siento que África empieza lentamente a mirarse con más autoestima. Detrás de ese reconocimiento hay también una generación que comienza a crecer más libre de tantas inseguridades históricas heredadas durante años.. Figuras como Burna Boy, Tems, Tyla, Genevieve Nnaji, Achraf Hakimi o Victor Osimhen simbolizan mucho más que fama o éxito internacional. Son el reflejo de una juventud africana que empieza a crecer con otra naturalidad, menos marcada por la necesidad de validarse fuera de sí misma.. Entre el 31 de octubre y el 13 de noviembre de 2026, Dakar celebrará por primera vez en África los Juegos Olímpicos de la Juventud. Alrededor de ese acontecimiento habrá millones de jóvenes africanos aprendiendo a ocupar, por derecho propio, el lugar que les pertenece.. El verdadero cambio de África comience el día en que una madre deje de temer que sus hijos crezcan dudando de su propio valor y fuerza.
Pocas cosas conmueven más a una madre que mirar a su hijo fijamente y preguntarse qué África le tocará vivir mañana.. Quizá por eso escribí «Las cicatrices imborrables del colonialismo en África». De madre a hijo: una carta de amor y esperanza. Porque hay pensamientos que solo una madre termina comprendiendo: la necesidad de proteger, de cuidar, de transmitir memoria y de evitar que nuestros hijos crezcan sintiéndose diminutos por heridas que nunca les pertenecieron.. Durante demasiado tiempo, África aprendió a verse desde relatos construidos por otros. Y una de las heridas más profundas que deja el colonialismo no es únicamente material. Es crecer sintiendo que el continente debía explicarse constantemente para sentirse aceptado entre los demás.. Cuando observo a tantos jóvenes africanos encontrar su lugar en la música, el deporte, la moda o las universidades y en tantos otros espacios, siento que África empieza lentamente a mirarse con más autoestima. Detrás de ese reconocimiento hay también una generación que comienza a crecer más libre de tantas inseguridades históricas heredadas durante años.. Figuras como Burna Boy, Tems, Tyla, Genevieve Nnaji, Achraf Hakimi o Victor Osimhen simbolizan mucho más que fama o éxito internacional. Son el reflejo de una juventud africana que empieza a crecer con otra naturalidad, menos marcada por la necesidad de validarse fuera de sí misma.. Entre el 31 de octubre y el 13 de noviembre de 2026, Dakar celebrará por primera vez en África los Juegos Olímpicos de la Juventud. Alrededor de ese acontecimiento habrá millones de jóvenes africanos aprendiendo a ocupar, por derecho propio, el lugar que les pertenece.. El verdadero cambio de África comience el día en que una madre deje de temer que sus hijos crezcan dudando de su propio valor y fuerza.
Figuras como Burna Boy, Tems, Tyla, Genevieve Nnaji, Achraf Hakimi o Victor Osimhen son el reflejo de una juventud africana que empieza a crecer con otra naturalidad
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