Las Fuerzas Armadas rusas iniciaron este martes unos ejercicios nucleares de tres días sin precedentes desde el comienzo de la guerra en Ucrania, mientras Kiev intensifica sus ataques con drones sobre territorio ruso y el presidente Vladímir Putin emprende una visita oficial a China. El anuncio del Ministerio de Defensa ruso llegó pocas horas antes de que el presidente abandonara Moscú con destino a Pekín, una combinación de señales que difícilmente puede leerse como coincidencia. Según el comunicado oficial, las maniobras, denominadas formalmente como un ejercicio sobre «la preparación y el uso de fuerzas nucleares ante una amenaza de agresión», se extenderán hasta este jueves e involucrarán a más de 64.000 militares y 7.800 unidades de equipamiento.. El despliegue incluye más de 200 lanzaderas de misiles, más de 140 aeronaves, 73 buques de superficie y 13 submarinos, ocho de ellos equipados con misiles balísticos intercontinentales de ojivas nucleares. En estas maniobras participarán las Fuerzas de Misiles Estratégicos, las flotas del Norte y del Pacífico, el Mando de Aviación de Largo Alcance y unidades de los distritos militares de Leningrado y Central. Además, Rusia y Bielorrusia practicarán conjuntamente el uso de las armas nucleares rusas desplegadas en territorio bielorruso, entre ellas el misil Oreshnik, el más reciente sistema de alcance intermedio y capacidad nuclear que Rusia ha instalado en su aliado vecino.. Drones impactan contra los suburbios de Moscú. El contexto inmediato de las maniobras es la escalada de los ataques ucranianos con drones sobre suelo ruso. Este fin de semana, una andanada de aparatos no tripulados impactó en los suburbios de Moscú, causando tres muertos y cuantiosos daños materiales. Estos ataques complican la narrativa oficial del Kremlin, que ha sostenido durante más de tres años que el conflicto en Ucrania es un asunto lejano que no perturba la vida cotidiana de los ciudadanos rusos.. Desde que comenzara la ofensiva rusa en Ucrania, Putin ha recurrido con regularidad a la amenaza nuclear como instrumento de disuasión frente a Occidente. En 2024 adoptó una nueva doctrina nuclear que rebaja de manera significativa el umbral para el uso del arsenal atómico: cualquier ataque convencional contra Rusia respaldado por una potencia nuclear será considerado un ataque conjunto contra el país, lo que en la práctica apunta directamente a los aliados europeos de Ucrania.. La semana pasada, Putin elogió públicamente el lanzamiento de prueba del nuevo misil balístico intercontinental Sarmat, diseñado para reemplazar a los vetustos sistemas nucleares de la era soviética. El escenario se ve agravado por el colapso del último marco de control de armamento nuclear entre Moscú y Washington. La expiración del tratado New START en febrero pasado liberó formalmente a las dos mayores potencias nucleares del mundo de las restricciones que habían regulado sus arsenales durante décadas, dejando un vacío normativo sin precedentes desde la Guerra Fría.. Objetivos en Europa. Desde los círculos más belicistas de Rusia llevan meses presionando al Kremlin para que responda a los ataques ucranianos golpeando con armas convencionales instalaciones en Europa. El argumento que esgrimen es que los aliados europeos de la OTAN no se atreverían a responder militarmente a una potencia nuclear. El mes pasado, el propio Ministerio de Defensa publicó una lista de fábricas europeas que, según Moscú, participan en la fabricación de drones y componentes para Ucrania, y advirtió que los ataques sobre territorio ruso en los que intervengan esos materiales tendrán «consecuencias impredecibles.». Las maniobras de esta semana son, en ese contexto, algo más que un ejercicio de entrenamiento. Son un mensaje dirigido simultáneamente a Kiev, a Bruselas y a Washington, calibrado para recordar al mundo que Rusia mantiene operativo el mayor arsenal nuclear del planeta y que no tiene reparos en exhibirlo.
Las Fuerzas Armadas rusas iniciaron este martes unos ejercicios nucleares de tres días sin precedentes desde el comienzo de la guerra en Ucrania, mientras Kiev intensifica sus ataques con drones sobre territorio ruso y el presidente Vladímir Putin emprende una visita oficial a China. El anuncio del Ministerio de Defensa ruso llegó pocas horas antes de que el presidente abandonara Moscú con destino a Pekín, una combinación de señales que difícilmente puede leerse como coincidencia. Según el comunicado oficial, las maniobras, denominadas formalmente como un ejercicio sobre «la preparación y el uso de fuerzas nucleares ante una amenaza de agresión», se extenderán hasta este jueves e involucrarán a más de 64.000 militares y 7.800 unidades de equipamiento.. El despliegue incluye más de 200 lanzaderas de misiles, más de 140 aeronaves, 73 buques de superficie y 13 submarinos, ocho de ellos equipados con misiles balísticos intercontinentales de ojivas nucleares. En estas maniobras participarán las Fuerzas de Misiles Estratégicos, las flotas del Norte y del Pacífico, el Mando de Aviación de Largo Alcance y unidades de los distritos militares de Leningrado y Central. Además, Rusia y Bielorrusia practicarán conjuntamente el uso de las armas nucleares rusas desplegadas en territorio bielorruso, entre ellas el misil Oreshnik, el más reciente sistema de alcance intermedio y capacidad nuclear que Rusia ha instalado en su aliado vecino.. Drones impactan contra los suburbios de Moscú. El contexto inmediato de las maniobras es la escalada de los ataques ucranianos con drones sobre suelo ruso. Este fin de semana, una andanada de aparatos no tripulados impactó en los suburbios de Moscú, causando tres muertos y cuantiosos daños materiales. Estos ataques complican la narrativa oficial del Kremlin, que ha sostenido durante más de tres años que el conflicto en Ucrania es un asunto lejano que no perturba la vida cotidiana de los ciudadanos rusos.. Desde que comenzara la ofensiva rusa en Ucrania, Putin ha recurrido con regularidad a la amenaza nuclear como instrumento de disuasión frente a Occidente. En 2024 adoptó una nueva doctrina nuclear que rebaja de manera significativa el umbral para el uso del arsenal atómico: cualquier ataque convencional contra Rusia respaldado por una potencia nuclear será considerado un ataque conjunto contra el país, lo que en la práctica apunta directamente a los aliados europeos de Ucrania.. La semana pasada, Putin elogió públicamente el lanzamiento de prueba del nuevo misil balístico intercontinental Sarmat, diseñado para reemplazar a los vetustos sistemas nucleares de la era soviética. El escenario se ve agravado por el colapso del último marco de control de armamento nuclear entre Moscú y Washington. La expiración del tratado New START en febrero pasado liberó formalmente a las dos mayores potencias nucleares del mundo de las restricciones que habían regulado sus arsenales durante décadas, dejando un vacío normativo sin precedentes desde la Guerra Fría.. Objetivos en Europa. Desde los círculos más belicistas de Rusia llevan meses presionando al Kremlin para que responda a los ataques ucranianos golpeando con armas convencionales instalaciones en Europa. El argumento que esgrimen es que los aliados europeos de la OTAN no se atreverían a responder militarmente a una potencia nuclear. El mes pasado, el propio Ministerio de Defensa publicó una lista de fábricas europeas que, según Moscú, participan en la fabricación de drones y componentes para Ucrania, y advirtió que los ataques sobre territorio ruso en los que intervengan esos materiales tendrán «consecuencias impredecibles.». Las maniobras de esta semana son, en ese contexto, algo más que un ejercicio de entrenamiento. Son un mensaje dirigido simultáneamente a Kiev, a Bruselas y a Washington, calibrado para recordar al mundo que Rusia mantiene operativo el mayor arsenal nuclear del planeta y que no tiene reparos en exhibirlo.
Estas se extenderán durante tres días, y en ellas participarán más de 64.000 efectivos y 7.800 unidades de equipamiento
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