En el Trastorno Límite de Personalidad (TLP) el diagnóstico precoz es clave, puesto que este está muy vinculado al desarrollo, de manera que todo aquello que experimente el individuo a lo largo de su vida puede tener un impacto en su progresión. Cuanto más años de evolución tenga el trastorno, más posibilidades existen de que quien sufre un TLP viva circunstancias, como la adicción a sustancias, un problema adaptativo o depresión, que compliquen aún más la situación.. En definitiva, intervenir frente a un TLP ante los primeros indicios del trastorno se asociaría a un menor deterioro, de manera que lo que parece que tendría sentido es adelantar el diagnóstico y tratamiento lo antes posible. Sin embargo, habitualmente, ese diagnóstico no suele llegar hasta la edad adulta, cuando el abordaje y manejo del mismo presenta una mayor complejidad, ya que entre los especialistas ha existido bastante reticencia a confiar en una detección fiable del mismo en la adolescencia. «Se consideraba que para diagnosticar a alguien de TLP se tenía que detectar una sintomatología estable, no cambiante, pero la adolescencia es precisamente un periodo que se caracteriza por la inestabilidad emocional, de manera que durante mucho tiempo se consideró que no era posible el diagnóstico durante esta etapa vital», explica Marc Ferrer, psiquiatra del Hospital Vall d’Hebron e investigador del Grupo de Investigación en Psiquiatría, Salud Mental y Adicciones del Vall d’Hebron Institut de Recerca (VHIR).. Sin embargo, «hacia los años 2000, surgió una línea de investigación potente que ponía el foco en que la clínica en adultos también se caracterizaba por la inestabilidad, puesto que el TLP es un trastorno marcado por una clara inestabilidad emocional, impulsividad, alteraciones en la identidad y dificultades en las relaciones interpersonales.. Un cambio de enfoque. Así las cosas, investigadores del Grupo de Psiquiatría, Salud Mental y Adicciones de Vall d’Hebron Institut de Recerca, en colaboración con FIDMAG Germanes Hospitalàries Research Foundation, pusieron en marcha una serie de estudios para comprobar si los síntomas del TLP pueden aparecer ya durante la adolescencia y aportar nueva evidencia sobre las bases neurobiológicas del trastorno en etapas tempranas. «Para que el diagnóstico en la adolescencia pueda ser aceptado es necesario demostrar que las alteraciones biológicas que ya se ven en adultos con TLP se pueden detectar en adolescentes», comenta Ferrer, investigador principal del proyecto, en cuyo contexto se llevaron a cabo estudios en los que se confrontaron muestras de adolescentes con clínica de un TLP muy limitante y una inestabilidad emocional muy marcada y jóvenes sanos de la misma edad y características.. Para ello, recurrieron a técnicas avanzadas de neuroimagen a partir de resonancias magnéticas estructurales y funcionales, las cuales permitieron a los investigadores caracterizar de forma global las alteraciones cerebrales del trastorno.. En uno de los estudios enmarcados en este proyecto, comprobaron, durante una resonancia magnética, cómo se activaban o desactivaban determinadas zonas del cerebro de los adolescentes cuando les hacían hacer una serie de tareas asociadas a la atención y control inhibidor y, en le caso de los adolescentes con TLP, «las áreas emocionales que se debían desactivar para poder centrar la atención no se desactivaban bien».. Por otro lado, los investigadores trataron de explorar las vías del cerebro que se correlacionan con la dificultad para construir la identidad de uno mismo, que es considerado uno de los síntomas nucleares del TLP. «En primer lugar, les hicimos pensar en cosas que les habían pasado hacía un tiempo y después les evocábamos personas que eran importantes en sus vidas y les hacíamos pensar en ellos mismos en relación a estas personas», explica Ferrer.. A partir de ahí, mediante resonancia magnética, los investigadores observaron el área del cerebro que se activaba con la tarea de memoria autobiográfica, que consiste en la construcción de la identidad a partir de los recuerdos, y después hicieron lo propio cuando los adolescentes pensaban en esas personas importantes en sus vidas y reflexionaban acerca de lo que representan estos para ellos. «Vimos que en los adolescentes con TLP esta área, que se conoce como área funcional por defecto, se activaba con patrones diferentes en relación a los adolescentes sanos», revela Ferrer, quien al respecto comenta que «es destacable ver que ya en las primeras etapas de la vida encontramos alteraciones en este nivel de síntomas, los relativos a la identidad y autoconstrucción, que son a los que se está empezando a dar mucha fuerza en los modelos diagnósticos de TLP».. Estos hallazgos, pese a que aún se han de replicar en estudios más grandes y con seguimiento a largo plazo, apuntan a que «las alteraciones biológicas asociadas al trastorno límite de personalidad son identificables ya en la adolescencia», por lo que eso «reforzaría la idea de que el diagnóstico, cuanto antes, mucho mejor y que no habría que demorar el tratamiento». Al respecto, Ferrer recuerda que a día de hoy «existen terapias especializadas para el TLP adaptadas a la adolescencia».. Por otra parte, la doctora Pilar Salgado-Pineda, investigadora de FIDMAG Germanes Hospitalàries señala que «identificar los patrones de funcionamiento cerebral asociados al trastorno límite de personalidad ayuda a localizar las regiones más implicadas y abre la puerta a desarrollar tratamientos dentro de un enfoque de medicina personalizada».
Este hallazgo reforzaría la idea de adelantar el diagnóstico a edades más tempranas, cuando el abordaje y manejo del trastorno suele ser menos complejo que en la edad adulta
En el Trastorno Límite de Personalidad (TLP) el diagnóstico precoz es clave, puesto que este está muy vinculado al desarrollo, de manera que todo aquello que experimente el individuo a lo largo de su vida puede tener un impacto en su progresión. Cuanto más años de evolución tenga el trastorno, más posibilidades existen de que quien sufre un TLP viva circunstancias, como la adicción a sustancias, un problema adaptativo o depresión, que compliquen aún más la situación.. En definitiva, intervenir frente a un TLP ante los primeros indicios del trastorno se asociaría a un menor deterioro, de manera que lo que parece que tendría sentido es adelantar el diagnóstico y tratamiento lo antes posible. Sin embargo, habitualmente, ese diagnóstico no suele llegar hasta la edad adulta, cuando el abordaje y manejo del mismo presenta una mayor complejidad, ya que entre los especialistas ha existido bastante reticencia a confiar en una detección fiable del mismo en la adolescencia. «Se consideraba que para diagnosticar a alguien de TLP se tenía que detectar una sintomatología estable, no cambiante, pero la adolescencia es precisamente un periodo que se caracteriza por la inestabilidad emocional, de manera que durante mucho tiempo se consideró que no era posible el diagnóstico durante esta etapa vital», explica Marc Ferrer, psiquiatra del Hospital Vall d’Hebron e investigador del Grupo de Investigación en Psiquiatría, Salud Mental y Adicciones del Vall d’Hebron Institut de Recerca (VHIR).. Sin embargo, «hacia los años 2000, surgió una línea de investigación potente que ponía el foco en que la clínica en adultos también se caracterizaba por la inestabilidad, puesto que el TLP es un trastorno marcado por una clara inestabilidad emocional, impulsividad, alteraciones en la identidad y dificultades en las relaciones interpersonales.. Un cambio de enfoque. Así las cosas, investigadores del Grupo de Psiquiatría, Salud Mental y Adicciones de Vall d’Hebron Institut de Recerca, en colaboración con FIDMAG Germanes Hospitalàries Research Foundation, pusieron en marcha una serie de estudios para comprobar si los síntomas del TLP pueden aparecer ya durante la adolescencia y aportar nueva evidencia sobre las bases neurobiológicas del trastorno en etapas tempranas. «Para que el diagnóstico en la adolescencia pueda ser aceptado es necesario demostrar que las alteraciones biológicas que ya se ven en adultos con TLP se pueden detectar en adolescentes», comenta Ferrer, investigador principal del proyecto, en cuyo contexto se llevaron a cabo estudios en los que se confrontaron muestras de adolescentes con clínica de un TLP muy limitante y una inestabilidad emocional muy marcada y jóvenes sanos de la misma edad y características.. Para ello, recurrieron a técnicas avanzadas de neuroimagen a partir de resonancias magnéticas estructurales y funcionales, las cuales permitieron a los investigadores caracterizar de forma global las alteraciones cerebrales del trastorno.. En uno de los estudios enmarcados en este proyecto, comprobaron, durante una resonancia magnética, cómo se activaban o desactivaban determinadas zonas del cerebro de los adolescentes cuando les hacían hacer una serie de tareas asociadas a la atención y control inhibidor y, en le caso de los adolescentes con TLP, «las áreas emocionales que se debían desactivar para poder centrar la atención no se desactivaban bien».. Por otro lado, los investigadores trataron de explorar las vías del cerebro que se correlacionan con la dificultad para construir la identidad de uno mismo, que es considerado uno de los síntomas nucleares del TLP. «En primer lugar, les hicimos pensar en cosas que les habían pasado hacía un tiempo y después les evocábamos personas que eran importantes en sus vidas y les hacíamos pensar en ellos mismos en relación a estas personas», explica Ferrer.. A partir de ahí, mediante resonancia magnética, los investigadores observaron el área del cerebro que se activaba con la tarea de memoria autobiográfica, que consiste en la construcción de la identidad a partir de los recuerdos, y después hicieron lo propio cuando los adolescentes pensaban en esas personas importantes en sus vidas y reflexionaban acerca de lo que representan estos para ellos. «Vimos que en los adolescentes con TLP esta área, que se conoce como área funcional por defecto, se activaba con patrones diferentes en relación a los adolescentes sanos», revela Ferrer, quien al respecto comenta que «es destacable ver que ya en las primeras etapas de la vida encontramos alteraciones en este nivel de síntomas, los relativos a la identidad y autoconstrucción, que son a los que se está empezando a dar mucha fuerza en los modelos diagnósticos de TLP».. Estos hallazgos, pese a que aún se han de replicar en estudios más grandes y con seguimiento a largo plazo, apuntan a que «las alteraciones biológicas asociadas al trastorno límite de personalidad son identificables ya en la adolescencia», por lo que eso «reforzaría la idea de que el diagnóstico, cuanto antes, mucho mejor y que no habría que demorar el tratamiento». Al respecto, Ferrer recuerda que a día de hoy «existen terapias especializadas para el TLP adaptadas a la adolescencia».. Por otra parte, la doctora Pilar Salgado-Pineda, investigadora de FIDMAG Germanes Hospitalàries señala que «identificar los patrones de funcionamiento cerebral asociados al trastorno límite de personalidad ayuda a localizar las regiones más implicadas y abre la puerta a desarrollar tratamientos dentro de un enfoque de medicina personalizada».
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