En Marruecos, el número de jóvenes de entre 15 y 29 años que no trabajan, estudian ni reciben formación (jóvenes NEET) asciende a 2,9 millones. De ellos, el 72% son mujeres y niñas, según un nuevo informe del Alto Comisionado para la Planificación (ACP), en colaboración con la OIT y la UE. La socióloga Hakima Laala, en declaraciones a Yabiladi, analiza el complejo proceso que deja a estas personas en una situación tan precaria.. Un informe analítico sobre el perfil estadístico de los jóvenes que ni estudian ni trabajan (NEET) en Marruecos indica que su número entre los jóvenes de 15 a 29 años asciende a 2,9 millones, de los cuales el 72% son mujeres y niñas. Casi tres cuartas partes del total carecen de titulación, mientras que casi la mitad tienen entre 25 y 29 años, una etapa crucial en la transición de la educación al empleo, lo que pone de manifiesto las dificultades a las que se enfrentan los jóvenes para incorporarse al mercado laboral.. Este documento del ACP, en colaboración con la Organización Internacional del Trabajo (OIT) y la Unión Europea (UE), se basa en datos de las encuestas nacionales de empleo realizadas por la institución nacional, con el fin de «perfeccionar la comprensión de los perfiles y las trayectorias profesionales» de las personas afectadas. En particular, destaca las marcadas disparidades territoriales, con tasas regionales de jóvenes que ni estudian ni trabajan (NEET) que varían entre el 28 % y casi el 40 %, y una mayor prevalencia en las zonas rurales que en las ciudades.. Para el HCP, estas cifras exigen «respuestas adaptadas a los contextos locales, basadas en una comprensión profunda de la realidad». A través de estos datos, el HCP también pretende «fortalecer el uso de las estadísticas nacionales para fundamentar las políticas públicas», en particular en lo que respecta al empleo, la coherencia y el impacto de las políticas dirigidas a la juventud.. En este sentido, el HCP señala que en Marruecos, el fenómeno «representa el 33,6% en 2023 y persiste, incluso durante los períodos de recuperación económica», con una tasa del 33% en 2022. Asimismo, ocupa «un lugar central en las prioridades del Nuevo Modelo de Desarrollo, así como en el logro del Objetivo de Desarrollo Sostenible 8.6, relativo a la reducción de la proporción de jóvenes NEET», indica el informe.. El análisis «confirma que la educación es la protección más eficaz contra la inactividad». «Un título de educación superior reduce drásticamente el riesgo de exclusión para las mujeres jóvenes. Sin embargo, también revela una preocupante paradoja: para los jóvenes que buscan empleo activamente (un grupo predominantemente masculino y numéricamente menor que la población inactiva), un título (sobre todo en formación profesional) aumenta significativamente el riesgo de desempleo de larga duración».. La conclusión es que «el título universitario genera aspiraciones que el mercado laboral no logra satisfacer, transformando la búsqueda de empleo en una ‘trampa’ de trabajo precario». Esta paradoja refleja el hecho de que «el efecto protector del título depende de la capacidad de la economía para absorberlo».. En cifras, el riesgo de no estudiar ni trabajar aumenta exponencialmente después de los 24 años, pasando del 25,6% para los jóvenes de 15 a 24 años al 50,2% para los de 25 a 29 años, lo que demuestra cómo el «punto de inflexión» entre abandonar el sistema educativo y acceder al mercado laboral suele ser un proceso de fracaso.. Más adelante, el informe afirma que «el matrimonio y la presencia de hijos pequeños son factores determinantes que aumentan enormemente la probabilidad de que las mujeres jóvenes caigan en la inactividad».. Hakima Laala, catedrática de sociología en la Universidad Hassan II de Casablanca y directora del Laboratorio de Investigación Sociológica, Psicológica y Cultural, explicó que estas cifras reflejan una «falta de capital vital» en un amplio sector de la sociedad marroquí. Reveló hasta qué punto esta situación se gesta en un entorno familiar disfuncional y se desarrolla dentro de un contexto más amplio que exacerba la violencia, lo que conduce a un proceso de «desconexión» en diversos niveles.. La socióloga opina que estos datos reflejan lo que ella denomina una «desconexión con la vida, sin posibilidad de futuro». Tras haber trabajado extensamente con menores en situación de riesgo o en conflicto con la ley, la investigadora explica que estos entornos exacerban la violencia, lo que «a menudo ha provocado que los jóvenes abandonen sus hogares».. “Los menores sufren violencia en el hogar, se van de casa, la padecen y la perpetran en las calles, son encarcelados y, a partir de ese momento, sus vidas dejan de prosperar”, explica. En este sentido, menciona el impacto significativo del consumo de drogas y la delincuencia, así como la prostitución y el incesto, que los arrastran a otra espiral de brutalidad, sin mencionar los roles tradicionales asignados a las niñas y mujeres.. Según mi investigación, no podemos hablar de familias vulnerables, sino más bien de hogares disfuncionales cuya estructura contiene diversas formas de violencia, lo que imposibilita brindar una atención equilibrada a los niños. Estos niños son numerosos entre los jóvenes que abandonan la escuela. A menudo están vinculados a un padre ausente o a una pareja sin un proyecto familiar, lo que agrava su vulnerabilidad.. Según la profesora, «la interacción entre la pobreza, la precariedad y la incapacidad de crear un entorno propicio exige apoyo para los padres que carecen de las herramientas necesarias para guiar el desarrollo de sus hijos». «Ante estas dificultades extremas, no podemos brindar apoyo emocional y financiero a un menor y esperar resultados diferentes», afirma.. Además, subraya que «la violencia en las escuelas y la violencia relacionada con ellas amplifican el impacto de la represión en estos casos, en lugar de brindar una educación adecuada, lo que convierte el abandono escolar en un proceso generalizado». «El abandono familiar, el desprecio en la escuela y los recursos limitados o inexistentes, así como la falta de voluntad de las familias para apoyar a sus hijos, son factores que plantean interrogantes sobre el proceso que conduce a estas estadísticas».
El 72% son mujeres y niñas
En Marruecos, el número de jóvenes de entre 15 y 29 años que no trabajan, estudian ni reciben formación (jóvenes NEET) asciende a 2,9 millones. De ellos, el 72% son mujeres y niñas, según un nuevo informe del Alto Comisionado para la Planificación (ACP), en colaboración con la OIT y la UE. La socióloga Hakima Laala, en declaraciones a Yabiladi, analiza el complejo proceso que deja a estas personas en una situación tan precaria.. Un informe analítico sobre el perfil estadístico de los jóvenes que ni estudian ni trabajan (NEET) en Marruecos indica que su número entre los jóvenes de 15 a 29 años asciende a 2,9 millones, de los cuales el 72% son mujeres y niñas. Casi tres cuartas partes del total carecen de titulación, mientras que casi la mitad tienen entre 25 y 29 años, una etapa crucial en la transición de la educación al empleo, lo que pone de manifiesto las dificultades a las que se enfrentan los jóvenes para incorporarse al mercado laboral.. Este documento del ACP, en colaboración con la Organización Internacional del Trabajo (OIT) y la Unión Europea (UE), se basa en datos de las encuestas nacionales de empleo realizadas por la institución nacional, con el fin de «perfeccionar la comprensión de los perfiles y las trayectorias profesionales» de las personas afectadas. En particular, destaca las marcadas disparidades territoriales, con tasas regionales de jóvenes que ni estudian ni trabajan (NEET) que varían entre el 28 % y casi el 40 %, y una mayor prevalencia en las zonas rurales que en las ciudades.. Para el HCP, estas cifras exigen «respuestas adaptadas a los contextos locales, basadas en una comprensión profunda de la realidad». A través de estos datos, el HCP también pretende «fortalecer el uso de las estadísticas nacionales para fundamentar las políticas públicas», en particular en lo que respecta al empleo, la coherencia y el impacto de las políticas dirigidas a la juventud.. En este sentido, el HCP señala que en Marruecos, el fenómeno «representa el 33,6% en 2023 y persiste, incluso durante los períodos de recuperación económica», con una tasa del 33% en 2022. Asimismo, ocupa «un lugar central en las prioridades del Nuevo Modelo de Desarrollo, así como en el logro del Objetivo de Desarrollo Sostenible 8.6, relativo a la reducción de la proporción de jóvenes NEET», indica el informe.. El análisis «confirma que la educación es la protección más eficaz contra la inactividad». «Un título de educación superior reduce drásticamente el riesgo de exclusión para las mujeres jóvenes. Sin embargo, también revela una preocupante paradoja: para los jóvenes que buscan empleo activamente (un grupo predominantemente masculino y numéricamente menor que la población inactiva), un título (sobre todo en formación profesional) aumenta significativamente el riesgo de desempleo de larga duración».. La conclusión es que «el título universitario genera aspiraciones que el mercado laboral no logra satisfacer, transformando la búsqueda de empleo en una ‘trampa’ de trabajo precario». Esta paradoja refleja el hecho de que «el efecto protector del título depende de la capacidad de la economía para absorberlo».. En cifras, el riesgo de no estudiar ni trabajar aumenta exponencialmente después de los 24 años, pasando del 25,6% para los jóvenes de 15 a 24 años al 50,2% para los de 25 a 29 años, lo que demuestra cómo el «punto de inflexión» entre abandonar el sistema educativo y acceder al mercado laboral suele ser un proceso de fracaso.. Más adelante, el informe afirma que «el matrimonio y la presencia de hijos pequeños son factores determinantes que aumentan enormemente la probabilidad de que las mujeres jóvenes caigan en la inactividad».. Hakima Laala, catedrática de sociología en la Universidad Hassan II de Casablanca y directora del Laboratorio de Investigación Sociológica, Psicológica y Cultural, explicó que estas cifras reflejan una «falta de capital vital» en un amplio sector de la sociedad marroquí. Reveló hasta qué punto esta situación se gesta en un entorno familiar disfuncional y se desarrolla dentro de un contexto más amplio que exacerba la violencia, lo que conduce a un proceso de «desconexión» en diversos niveles.. La socióloga opina que estos datos reflejan lo que ella denomina una «desconexión con la vida, sin posibilidad de futuro». Tras haber trabajado extensamente con menores en situación de riesgo o en conflicto con la ley, la investigadora explica que estos entornos exacerban la violencia, lo que «a menudo ha provocado que los jóvenes abandonen sus hogares».. “Los menores sufren violencia en el hogar, se van de casa, la padecen y la perpetran en las calles, son encarcelados y, a partir de ese momento, sus vidas dejan de prosperar”, explica. En este sentido, menciona el impacto significativo del consumo de drogas y la delincuencia, así como la prostitución y el incesto, que los arrastran a otra espiral de brutalidad, sin mencionar los roles tradicionales asignados a las niñas y mujeres.. Según mi investigación, no podemos hablar de familias vulnerables, sino más bien de hogares disfuncionales cuya estructura contiene diversas formas de violencia, lo que imposibilita brindar una atención equilibrada a los niños. Estos niños son numerosos entre los jóvenes que abandonan la escuela. A menudo están vinculados a un padre ausente o a una pareja sin un proyecto familiar, lo que agrava su vulnerabilidad.. Según la profesora, «la interacción entre la pobreza, la precariedad y la incapacidad de crear un entorno propicio exige apoyo para los padres que carecen de las herramientas necesarias para guiar el desarrollo de sus hijos». «Ante estas dificultades extremas, no podemos brindar apoyo emocional y financiero a un menor y esperar resultados diferentes», afirma.. Además, subraya que «la violencia en las escuelas y la violencia relacionada con ellas amplifican el impacto de la represión en estos casos, en lugar de brindar una educación adecuada, lo que convierte el abandono escolar en un proceso generalizado». «El abandono familiar, el desprecio en la escuela y los recursos limitados o inexistentes, así como la falta de voluntad de las familias para apoyar a sus hijos, son factores que plantean interrogantes sobre el proceso que conduce a estas estadísticas».
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