“Nos empeñamos en comprender el mundo, pero para abrirnos a las verdades de la existencia necesitamos los misterios: los misterios de la felicidad, de la muerte, del amor… Y estas historias hablan de ellos. No nos ofrecen un espejo donde mirarnos, como los que tanto abundan hoy, sino una fuente que nos conduce al mundo inagotable de lo Otro”. Son palabras del Premio Nacional de Narrativa Gustavo Martín Garzo sobre las 14 historias que encierra ‘Un paraíso de escombros’ (Galaxia Gutenberg, 22 euros), su nueva obra, que acaba de llegar a las librerías españolas.. Atalanta, Europa, Eco o Pasifae son algunas de las protagonistas de las historias eternas de la mitología griega que ahora, de su mano, reviven cercanas al mundo de los cuentos maravillosos, para recordar al lector “las hazañas de los enamorados”. Con el amor y sus inagotables misterios como hilo conductor, los relatos ponen el foco en el inefable instante del enamoramiento, un momento capital para el ser humano, que el escritor vallisoletano considera “absolutamente clave en la vida”.. “No se puede decir que haya vivido de verdad quien no haya pasado por una experiencia así, que no solo abarca lo que te sucede entonces, sino que se convierte en un alimento constante para tu vida”, relata en declaraciones a Ical. Para él, el amor, como la muerte, son sendas “experiencias poéticas”, ya que ambas “te enfrentan a lo desconocido y a lo que no se puede nombrar”, un tema inasible que estos relatos clásicos “resuelven de una manera maravillosa, con personajes completamente inolvidables”.. Para acercarse a ellos, explica, ha necesitado vincular esas historias con su propio mundo y sus obsesiones, con las cosas que están en él y que guarda desde que tiene memoria. Es por ello, para plasmar esa implicación personal, que en cada uno de los relatos adopta el punto de vista de un personaje secundario, en la mayor parte de los casos mujeres que, como Penélope, Nausicaa o Helena, apenas son figuras secundarias en los relatos de los héroes. “¿Cómo contar sus historias si ellas, al contrario que sus compañeros varones, no tienen hazañas que les sean propias? Todas, a través de sus deseos, habitan un mundo donde no hay insignificancia, donde todo se desvía de la utilidad y lleva al prodigio”, resume.. El mundo del mito. El mundo del mito, donde todo es posible, desde las metamorfosis hasta los encantamientos, forma parte consustancial del imaginario de Martín Garzo. A él recurre en novelas como ‘El jardín dorado’ (2008), inspirada en la historia del minotauro (uno de los mitos “centrales” para él); en ‘La princesa manca’ (1995), deudora de las viejas narraciones populares; en ‘El árbol de los sueños’ (2021), donde se apoya en los cuentos orientales de ‘Las mil y una noches’; en ‘El lenguaje de las fuentes’ (1993), que bebe de otro manantial inagotable de fábulas como la Biblia; o en ‘Tres cuentos de hadas’ (2003), que habita el mundo de los cuentos clásicos del norte de Europa, desde los hermanos Grimm hasta Andersen.. “Ese mundo siempre está presente para mí, porque en él está la fundación de lo humano. Ahí están todas las grandes preguntas, las cuestiones esenciales de la vida. Siempre estamos tratando de comprender el mundo, pero para hacerlo necesitamos enfrentarnos a los misterios de la existencia que, de alguna manera, constituyen lo que somos: los misterios del amor, la muerte, la felicidad… Todo eso está en los relatos iniciales, no solamente en la mitología griega, sino en la Biblia, en los mitos hindúes, en Mesopotamia… De alguna manera todos están relacionados, porque todos comparten el mismo origen”, desliza además de aclarar que “las historias no sirven para desvelar los misterios, sino para protegerlos, para crear un círculo de protección en torno a ellos”.. En su libro, Martín Garzo intenta “arrancar esas historias del mundo de la religión y llevarlas al espacio de la imaginación”, para “devolverlas a su origen”, más vinculado con “el mundo del cuento que con cuanto tiene que ver con la historia, lo doctrinal, la antropología o la filosofía”. A su juicio, las ventajas que ofrecen a cualquier escritor esos relatos es que “tienen un montón de espacios por rellenar, y eso te da una libertad increíble”.. Un lugar sin fronteras. En ese sentido, ahonda en un lugar donde se difuminan por completo las “distinciones tajantes que establece nuestra razón entre el mundo animal y el humano, entre el mundo del sueño y el de la realidad, entre el mundo de la vida y el de la muerte, entre el mundo de lo orgánico y el de lo inorgánico”. “Nuestra razón constantemente establece esos dualismos, y como vivimos en una época muy racionalista, todo lo que tiene que ver con el mundo del sueño o de la muerte se esfuma, pero eso no quiere decir que no siga ahí”, argumenta.. Es ahí donde entra en juego el título de la novela, un oxímoron que conduce a preguntarnos “¿qué son estas historias sino solo una colección de fragmentos, ruinas o escombros de un mundo que hace tiempo dejó de existir, y que misteriosamente siguen teniendo el poder de conmovernos e iluminar lo que somos?”. Al respecto, Martín Garzo se pregunta “¿no es toda cultura, y mucho más en estos tiempos, un paraíso de escombros en el que se guarda la memoria de cuanto de maravilloso y no vivido hay en nuestras vidas?”.. El Premio Castilla y León de las Letras cita a Walter Benjamin para cuestionar “qué historias memorables ha dado el mundo contemporáneo, donde nos sentimos tan opulentos y tan dueños de todas las cosas”. “Esas historias, al margen de todo lo que contienen, son de una belleza impresionante. Uno no puede escucharlas sin preguntarse ¿Qué es esto que me están contando? ¿A quién se le ha podido ocurrir una historia así?”, apunta antes de considerar “trágico” que el hombre y la mujer contemporáneos se estén “olvidando y separando de ellas”.. Al respecto, asegura que “esas historias, aunque no se recuerden, viven en nosotros porque nos constituyen”. En ese sentido, se refiere a una pareja de enamorados que, sin haberlo leído nunca y sin saber que existe, están “diciéndose las mismas cosas” que se dicen en ‘El cantar de los cantares’; asegura que cualquier mujer que, tras desear tener un hijo y al saber que está embarazada, “vuelve a contar la historia de María y el ángel de la Anunciación al preguntarse qué le está pasando y cómo es posible ese misterio”; o a las niñas pequeñas, que imitan a su madre, como la ninfa Eco que, “loca de amor, repite por el bosque las palabras de Narciso”.. “No debemos temer. Estas criaturas siempre se las arreglan para volver. Lo hacen cuando leemos a Homero, cuando amamos a alguien, cuando jugamos con un niño, cuando buscamos la compañía de los animales o hablamos con los muertos. Regresan en nuestros sueños. Representan todo lo que vive más allá de las fronteras de nuestra razón, todo eso que somos y que no cabe en lo real. Estaremos a salvo mientras nos sigan visitando en la noche para conducirnos a su paraíso de escombros”, concluye.
El escritor vallisoletano reinterpreta 14 historias clásicas que, “aunque no las recordemos, nos constituyen”
“Nos empeñamos en comprender el mundo, pero para abrirnos a las verdades de la existencia necesitamos los misterios: los misterios de la felicidad, de la muerte, del amor… Y estas historias hablan de ellos. No nos ofrecen un espejo donde mirarnos, como los que tanto abundan hoy, sino una fuente que nos conduce al mundo inagotable de lo Otro”. Son palabras del Premio Nacional de Narrativa Gustavo Martín Garzo sobre las 14 historias que encierra ‘Un paraíso de escombros’ (Galaxia Gutenberg, 22 euros), su nueva obra, que acaba de llegar a las librerías españolas.. Atalanta, Europa, Eco o Pasifae son algunas de las protagonistas de las historias eternas de la mitología griega que ahora, de su mano, reviven cercanas al mundo de los cuentos maravillosos, para recordar al lector “las hazañas de los enamorados”. Con el amor y sus inagotables misterios como hilo conductor, los relatos ponen el foco en el inefable instante del enamoramiento, un momento capital para el ser humano, que el escritor vallisoletano considera “absolutamente clave en la vida”.. “No se puede decir que haya vivido de verdad quien no haya pasado por una experiencia así, que no solo abarca lo que te sucede entonces, sino que se convierte en un alimento constante para tu vida”, relata en declaraciones a Ical. Para él, el amor, como la muerte, son sendas “experiencias poéticas”, ya que ambas “te enfrentan a lo desconocido y a lo que no se puede nombrar”, un tema inasible que estos relatos clásicos “resuelven de una manera maravillosa, con personajes completamente inolvidables”.. Para acercarse a ellos, explica, ha necesitado vincular esas historias con su propio mundo y sus obsesiones, con las cosas que están en él y que guarda desde que tiene memoria. Es por ello, para plasmar esa implicación personal, que en cada uno de los relatos adopta el punto de vista de un personaje secundario, en la mayor parte de los casos mujeres que, como Penélope, Nausicaa o Helena, apenas son figuras secundarias en los relatos de los héroes. “¿Cómo contar sus historias si ellas, al contrario que sus compañeros varones, no tienen hazañas que les sean propias? Todas, a través de sus deseos, habitan un mundo donde no hay insignificancia, donde todo se desvía de la utilidad y lleva al prodigio”, resume.. El mundo del mito. El mundo del mito, donde todo es posible, desde las metamorfosis hasta los encantamientos, forma parte consustancial del imaginario de Martín Garzo. A él recurre en novelas como ‘El jardín dorado’ (2008), inspirada en la historia del minotauro (uno de los mitos “centrales” para él); en ‘La princesa manca’ (1995), deudora de las viejas narraciones populares; en ‘El árbol de los sueños’ (2021), donde se apoya en los cuentos orientales de ‘Las mil y una noches’; en ‘El lenguaje de las fuentes’ (1993), que bebe de otro manantial inagotable de fábulas como la Biblia; o en ‘Tres cuentos de hadas’ (2003), que habita el mundo de los cuentos clásicos del norte de Europa, desde los hermanos Grimm hasta Andersen.. “Ese mundo siempre está presente para mí, porque en él está la fundación de lo humano. Ahí están todas las grandes preguntas, las cuestiones esenciales de la vida. Siempre estamos tratando de comprender el mundo, pero para hacerlo necesitamos enfrentarnos a los misterios de la existencia que, de alguna manera, constituyen lo que somos: los misterios del amor, la muerte, la felicidad… Todo eso está en los relatos iniciales, no solamente en la mitología griega, sino en la Biblia, en los mitos hindúes, en Mesopotamia… De alguna manera todos están relacionados, porque todos comparten el mismo origen”, desliza además de aclarar que “las historias no sirven para desvelar los misterios, sino para protegerlos, para crear un círculo de protección en torno a ellos”.. En su libro, Martín Garzo intenta “arrancar esas historias del mundo de la religión y llevarlas al espacio de la imaginación”, para “devolverlas a su origen”, más vinculado con “el mundo del cuento que con cuanto tiene que ver con la historia, lo doctrinal, la antropología o la filosofía”. A su juicio, las ventajas que ofrecen a cualquier escritor esos relatos es que “tienen un montón de espacios por rellenar, y eso te da una libertad increíble”.. Un lugar sin fronteras. En ese sentido, ahonda en un lugar donde se difuminan por completo las “distinciones tajantes que establece nuestra razón entre el mundo animal y el humano, entre el mundo del sueño y el de la realidad, entre el mundo de la vida y el de la muerte, entre el mundo de lo orgánico y el de lo inorgánico”. “Nuestra razón constantemente establece esos dualismos, y como vivimos en una época muy racionalista, todo lo que tiene que ver con el mundo del sueño o de la muerte se esfuma, pero eso no quiere decir que no siga ahí”, argumenta.. Es ahí donde entra en juego el título de la novela, un oxímoron que conduce a preguntarnos “¿qué son estas historias sino solo una colección de fragmentos, ruinas o escombros de un mundo que hace tiempo dejó de existir, y que misteriosamente siguen teniendo el poder de conmovernos e iluminar lo que somos?”. Al respecto, Martín Garzo se pregunta “¿no es toda cultura, y mucho más en estos tiempos, un paraíso de escombros en el que se guarda la memoria de cuanto de maravilloso y no vivido hay en nuestras vidas?”.. El Premio Castilla y León de las Letras cita a Walter Benjamin para cuestionar “qué historias memorables ha dado el mundo contemporáneo, donde nos sentimos tan opulentos y tan dueños de todas las cosas”. “Esas historias, al margen de todo lo que contienen, son de una belleza impresionante. Uno no puede escucharlas sin preguntarse ¿Qué es esto que me están contando? ¿A quién se le ha podido ocurrir una historia así?”, apunta antes de considerar “trágico” que el hombre y la mujer contemporáneos se estén “olvidando y separando de ellas”.. Al respecto, asegura que “esas historias, aunque no se recuerden, viven en nosotros porque nos constituyen”. En ese sentido, se refiere a una pareja de enamorados que, sin haberlo leído nunca y sin saber que existe, están “diciéndose las mismas cosas” que se dicen en ‘El cantar de los cantares’; asegura que cualquier mujer que, tras desear tener un hijo y al saber que está embarazada, “vuelve a contar la historia de María y el ángel de la Anunciación al preguntarse qué le está pasando y cómo es posible ese misterio”; o a las niñas pequeñas, que imitan a su madre, como la ninfa Eco que, “loca de amor, repite por el bosque las palabras de Narciso”.. “No debemos temer. Estas criaturas siempre se las arreglan para volver. Lo hacen cuando leemos a Homero, cuando amamos a alguien, cuando jugamos con un niño, cuando buscamos la compañía de los animales o hablamos con los muertos. Regresan en nuestros sueños. Representan todo lo que vive más allá de las fronteras de nuestra razón, todo eso que somos y que no cabe en lo real. Estaremos a salvo mientras nos sigan visitando en la noche para conducirnos a su paraíso de escombros”, concluye.
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