La Audiencia Provincial de Baleares juzga este martes el estremecedor caso de una menor que vivió un auténtico calvario en su propio hogar en Palma. Entre 2017 y 2020, cuando la víctima era apenas una niña de entre 9 y 11 años, fue sometida a un régimen de terror físico y sexual por parte de las personas encargadas de protegerla: su padre y su abuela.. El relato del fiscal es especialmente crudo al describir la conducta del progenitor. El hombre sometía habitualmente a su propia hija a besos en la boca de carácter sexual. Cuando la pequeña le suplicaba que se detuviera, el acusado respondía con una frialdad absoluta, llegando a proferir comentarios lascivos y asegurando que ella era «de su propiedad».. A este escenario de abusos sexuales se sumaba una violencia física constante. Según el escrito de acusación, la pequeña sufrió bofetadas, puñetazos y golpes con zapatos propinados tanto por el padre como por la abuela. En ninguna de estas ocasiones, y pese a sufrir lesiones, los acusados la llevaron al médico, tratando de ocultar el maltrato.. La pesadilla terminó finalmente en julio de 2020, cuando se acordó administrativamente su declaración de desamparo y la asunción urgente de su tutela por parte de las instituciones. Como consecuencia de estos hechos la menor ha tenido que ser sometida a tratamiento psicoterapéutico para paliar las secuelas.. Por estos hechos, la Fiscalía solicita que el padre sea condenado a un total de ocho años de prisión como supuesto autor de un delito de maltrato habitual en el ámbito familiar y de abuso sexual. Para la abuela, el Ministerio Público pide una pena de dos años y medio de cárcel por el delito de maltrato.
El progenitor anulaba a la pequeña diciéndole que era «de su propiedad» mientras la abuela participaba en los castigos físicos con puñetazos y golpes con zapatos
La Audiencia Provincial de Baleares juzga este martes el estremecedor caso de una menor que vivió un auténtico calvario en su propio hogar en Palma. Entre 2017 y 2020, cuando la víctima era apenas una niña de entre 9 y 11 años, fue sometida a un régimen de terror físico y sexual por parte de las personas encargadas de protegerla: su padre y su abuela.. El relato del fiscal es especialmente crudo al describir la conducta del progenitor. El hombre sometía habitualmente a su propia hija a besos en la boca de carácter sexual. Cuando la pequeña le suplicaba que se detuviera, el acusado respondía con una frialdad absoluta, llegando a proferir comentarios lascivos y asegurando que ella era «de su propiedad».. A este escenario de abusos sexuales se sumaba una violencia física constante. Según el escrito de acusación, la pequeña sufrió bofetadas, puñetazos y golpes con zapatos propinados tanto por el padre como por la abuela. En ninguna de estas ocasiones, y pese a sufrir lesiones, los acusados la llevaron al médico, tratando de ocultar el maltrato.. La pesadilla terminó finalmente en julio de 2020, cuando se acordó administrativamente su declaración de desamparo y la asunción urgente de su tutela por parte de las instituciones. Como consecuencia de estos hechos la menor ha tenido que ser sometida a tratamiento psicoterapéutico para paliar las secuelas.. Por estos hechos, la Fiscalía solicita que el padre sea condenado a un total de ocho años de prisión como supuesto autor de un delito de maltrato habitual en el ámbito familiar y de abuso sexual. Para la abuela, el Ministerio Público pide una pena de dos años y medio de cárcel por el delito de maltrato.
Noticias de Sociedad en La Razón
