En la tauromaquia contemporánea, la preparación de un matador de toros se ha convertido en una disciplina científica. El torero de hoy es un atleta de alta competencia que, cuando el dolor o el cansancio aprietan, necesita estrictas disciplinas de recuperación. Mientras que la fisioterapia convencional se centra en el sistema muscular y los tejidos blandos, la quiropráctica apunta de manera directa a la columna vertebral y al sistema nervioso. Ángel Santamaría, especialista de cabecera de varias figuras del escalafón y deportistas de élite, explica que los profesionales buscan en su consulta optimizar sus funciones biológicas en poco tiempo: «El torero es un paciente de un perfil muy similar al de un atleta profesional; lo que busca es sentirse muy bien y necesita que su cuerpo funcione en la mejor condición posible». Para ello, es imprescindible que la estructura ósea esté equilibrada, porque el nivel de exposición en el ruedo es absoluto: «Es muy importante que la columna vertebral se mueva muy bien, esté muy bien alineada. El torero es un paciente que, por su trabajo, va a exponer su vida en poco tiempo. Tiene que llegar al momento clave con su cuerpo funcionando al cien por cien».. Aunque Santamaría trata habitualmente a atletas de diversas disciplinas, el mapa de lesiones de un torero posee una firma biomecánica única marcada por los hábitos de su entrenamiento diario: «El ajuste quiropráctico en ambos [toreros y deportistas] suele ser muy similar, buscamos quitar la subluxación que encontremos en la columna vertebral. Sin embargo, en un futbolista solemos estar muy pendientes de cómo es el movimiento de la pelvis, que va a repercutir directamente en la rodilla, en cómo se cargan los gemelos o los cuádriceps. Y en un torero, por ejemplo, que utilizan mucho el toreo de salón como entrenamiento, normalmente tienden a encorvarse mucho. Entonces nos detenemos en cómo es esa transición entre la zona cervical y la zona dorsal. Hay muchos movimientos que, mecánicamente, se alejan de la naturaleza de nuestras articulaciones». Más allá de los veinte minutos de la lidia, la profesión esconde un desgaste silencioso fuera de los focos que abarca las palizas kilométricas en carretera (algo que, en cambio sí se cuida escrupulosamente en el sector deportivo) y un factor psicológico de una exigencia brutal: «El toreo tiene varios condicionantes porque no piensas solamente a nivel físico o biomecánico lo que ocurre en los veinte minutos que está expuesto a la cara del toro. Al final conlleva llevar a cabo un entrenamiento diario entre toreo de salón, entrenamiento físico y después muchos viajes largos en furgoneta o en coche que afectan a la zona lumbar y a la zona cervical. La profesión del toreo incluso a nivel psicológico es muy exigente».. La importancia de la rutina. La gran diferencia con otras disciplinas radica en la estructura logística que rodea a la temporada taurina durante los meses de verano: «Tú tienes tres maneras de dañar al cuerpo, que son física, química o emocionalmente. En la vida del torero, fuera de temporada, es normal que posea una rutina en cuanto a alimentación, actividad física y descanso. ¿Qué ocurre? Que un torero, y más los que torean muchas tardes, suele perder esas rutinas o los hábitos que te ayudan a tener una buena salud. Porque un torero que torea hoy en Sevilla, al día siguiente en Madrid y después se tiene que ir a Francia, rompe ese orden. Y entonces, eso lo que hace es generar un estrés muchísimo mayor para el cuerpo, porque lo estás sacando de su zona de confort, de lo que está habituado».. Por este motivo, cada vez son más comunes las atenciones de este tipo en las habitaciones del hotel: «En momentos puntuales de mucho estrés emocional y de mucho estrés físico, que suele ser previo a una corrida de toros, el ajuste es ideal. Por eso solemos trabajar antes de vestirse de luces, porque ayuda a que el cuerpo conecte, a que el cuerpo funcione un poco mejor de lo que lo estaba haciendo antes del ajuste». En una época donde la evolución del toro exige una perfección geométrica en los pases, una quietud absoluta y una mente gélida, cualquier mínima ventaja física se traduce en el triunfo o en el percance: «La profesión de torero implica una entrega infinita en todos los aspectos de la vida. Al final estábamos en un mundo en el que, como los toreros se han convertido en atletas de élite, cualquier mínima diferencia entre uno u otro, por muy pequeña que sea, en el ruedo se puede traducir en los reflejos. Y, al fin y al cabo, el que un cuerpo se encuentre bien alineado y tenga un sistema nervioso que funcione bien también te va a permitir, durante la cara del toro, poder estar mucho más ágil y concentrado».. Dado que este intrincado mapa de cables biológicos corre por el interior de la columna vertebral, una estructura desalineada bloquea la señal neurológica. Tener una columna bien alineada, flexible y con movilidad es imprescindible para que el sistema nervioso trabaje al cien por cien. Esa correcta fluidez es la que otorga al matador la claridad mental y la respuesta física necesarias para templar la embestida, permitiendo que el cuerpo se encuentre perfectamente asentado para estar a gusto delante de la cara del toro. En el toreo, donde el arte surge cuando se domina el miedo, la quiropráctica se ha consolidado como el aliado invisible para que la mente ordene y el cuerpo obedezca fielmente ante los pitones.
Una correcta alineación vertebral permite optimizar los reflejos y adaptar el organismo a la extrema exigencia física
En la tauromaquia contemporánea, la preparación de un matador de toros se ha convertido en una disciplina científica. El torero de hoy es un atleta de alta competencia que, cuando el dolor o el cansancio aprietan, necesita estrictas disciplinas de recuperación. Mientras que la fisioterapia convencional se centra en el sistema muscular y los tejidos blandos, la quiropráctica apunta de manera directa a la columna vertebral y al sistema nervioso. Ángel Santamaría, especialista de cabecera de varias figuras del escalafón y deportistas de élite, explica que los profesionales buscan en su consulta optimizar sus funciones biológicas en poco tiempo: «El torero es un paciente de un perfil muy similar al de un atleta profesional; lo que busca es sentirse muy bien y necesita que su cuerpo funcione en la mejor condición posible». Para ello, es imprescindible que la estructura ósea esté equilibrada, porque el nivel de exposición en el ruedo es absoluto: «Es muy importante que la columna vertebral se mueva muy bien, esté muy bien alineada. El torero es un paciente que, por su trabajo, va a exponer su vida en poco tiempo. Tiene que llegar al momento clave con su cuerpo funcionando al cien por cien».. Aunque Santamaría trata habitualmente a atletas de diversas disciplinas, el mapa de lesiones de un torero posee una firma biomecánica única marcada por los hábitos de su entrenamiento diario: «El ajuste quiropráctico en ambos [toreros y deportistas] suele ser muy similar, buscamos quitar la subluxación que encontremos en la columna vertebral. Sin embargo, en un futbolista solemos estar muy pendientes de cómo es el movimiento de la pelvis, que va a repercutir directamente en la rodilla, en cómo se cargan los gemelos o los cuádriceps. Y en un torero, por ejemplo, que utilizan mucho el toreo de salón como entrenamiento, normalmente tienden a encorvarse mucho. Entonces nos detenemos en cómo es esa transición entre la zona cervical y la zona dorsal. Hay muchos movimientos que, mecánicamente, se alejan de la naturaleza de nuestras articulaciones». Más allá de los veinte minutos de la lidia, la profesión esconde un desgaste silencioso fuera de los focos que abarca las palizas kilométricas en carretera (algo que, en cambio sí se cuida escrupulosamente en el sector deportivo) y un factor psicológico de una exigencia brutal: «El toreo tiene varios condicionantes porque no piensas solamente a nivel físico o biomecánico lo que ocurre en los veinte minutos que está expuesto a la cara del toro. Al final conlleva llevar a cabo un entrenamiento diario entre toreo de salón, entrenamiento físico y después muchos viajes largos en furgoneta o en coche que afectan a la zona lumbar y a la zona cervical. La profesión del toreo incluso a nivel psicológico es muy exigente».. La gran diferencia con otras disciplinas radica en la estructura logística que rodea a la temporada taurina durante los meses de verano: «Tú tienes tres maneras de dañar al cuerpo, que son física, química o emocionalmente. En la vida del torero, fuera de temporada, es normal que posea una rutina en cuanto a alimentación, actividad física y descanso. ¿Qué ocurre? Que un torero, y más los que torean muchas tardes, suele perder esas rutinas o los hábitos que te ayudan a tener una buena salud. Porque un torero que torea hoy en Sevilla, al día siguiente en Madrid y después se tiene que ir a Francia, rompe ese orden. Y entonces, eso lo que hace es generar un estrés muchísimo mayor para el cuerpo, porque lo estás sacando de su zona de confort, de lo que está habituado».. Por este motivo, cada vez son más comunes las atenciones de este tipo en las habitaciones del hotel: «En momentos puntuales de mucho estrés emocional y de mucho estrés físico, que suele ser previo a una corrida de toros, el ajuste es ideal. Por eso solemos trabajar antes de vestirse de luces, porque ayuda a que el cuerpo conecte, a que el cuerpo funcione un poco mejor de lo que lo estaba haciendo antes del ajuste». En una época donde la evolución del toro exige una perfección geométrica en los pases, una quietud absoluta y una mente gélida, cualquier mínima ventaja física se traduce en el triunfo o en el percance: «La profesión de torero implica una entrega infinita en todos los aspectos de la vida. Al final estábamos en un mundo en el que, como los toreros se han convertido en atletas de élite, cualquier mínima diferencia entre uno u otro, por muy pequeña que sea, en el ruedo se puede traducir en los reflejos. Y, al fin y al cabo, el que un cuerpo se encuentre bien alineado y tenga un sistema nervioso que funcione bien también te va a permitir, durante la cara del toro, poder estar mucho más ágil y concentrado».. Dado que este intrincado mapa de cables biológicos corre por el interior de la columna vertebral, una estructura desalineada bloquea la señal neurológica. Tener una columna bien alineada, flexible y con movilidad es imprescindible para que el sistema nervioso trabaje al cien por cien. Esa correcta fluidez es la que otorga al matador la claridad mental y la respuesta física necesarias para templar la embestida, permitiendo que el cuerpo se encuentre perfectamente asentado para estar a gusto delante de la cara del toro. En el toreo, donde el arte surge cuando se domina el miedo, la quiropráctica se ha consolidado como el aliado invisible para que la mente ordene y el cuerpo obedezca fielmente ante los pitones.
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