Hay caminos que nacen dos veces. El de hierro, que durante décadas cosió el territorio entre Santiago y A Coruña, dejó de latir con la llegada de la alta velocidad. Pero su trazado, curvo, paciente y escrito entre las piedras, no desapareció. Hoy, convertido en senda, vuelve a la vida como uno de los grandes itinerarios verdes del noroeste peninsular: la Vía Verde Compostela–Tambre–Lengüelle.. Lo que antes fue vía férrea es ahora un corredor natural de más de 26 kilómetros que invita a recorrer Galicia a otro ritmo, a pie o en bicicleta, entre estaciones olvidadas, túneles centenarios y ríos que marcan el pulso del paisaje.. La historia de esta ruta arranca mucho antes de su inauguración en 2022. Ya en 1864 se proyectaba una conexión ferroviaria entre Santiago y A Coruña, aunque los intentos se sucedieron sin éxito durante décadas. No fue hasta 1927, con el impulso del Plan Guadalhorce, cuando comenzaron las obras de una línea ambiciosa, diseñada incluso para doble vía y con una ingeniería que no escatimó recursos pese a la compleja orografía.. El ferrocarril entró en funcionamiento en 1943, tras retrasos provocados por la dificultad técnica y la Guerra Civil. Durante décadas fue arteria de comunicación, hasta que en 2011 quedó fuera de servicio con la llegada del Eje Atlántico de alta velocidad. Ese abandono, lejos de ser su final, supuso el punto de partida para su reconversión.. La vía verde más larga de Galicia. Hoy, ese antiguo trazado ferroviario se ha transformado en la vía verde más extensa de la comunidad, con un recorrido que discurre entre los municipios de Oroso, Ordes, Tordoia y Cerceda.. El itinerario combina tramos sobre la antigua plataforma ferroviaria —más de 23 kilómetros— con pequeños desvíos alternativos, ofreciendo una experiencia accesible para senderistas, ciclistas y familias. El firme mixto, de zahorra y asfalto, facilita el tránsito y amplía su uso a diferentes perfiles de usuarios.. El viaje arranca junto a uno de sus grandes iconos: el viaducto sobre el río Tambre, una obra de ingeniería que ofrece una de las panorámicas más espectaculares del recorrido. Desde ahí, la vía se adentra en un bosque atlántico donde robles, castaños y alisos acompañan al caminante mientras el río Lengüelle guía el trayecto.. A lo largo del camino emergen vestigios del pasado ferroviario: estaciones rehabilitadas o convertidas en áreas de descanso, antiguos apeaderos, trincheras excavadas en la roca y túneles como el de A Costa, de 207 metros, que envuelve al visitante en una atmósfera casi cinematográfica.. No es solo un recorrido natural, sino también un museo al aire libre donde cada elemento cuenta una parte de la historia industrial de Galicia.. Pero el itinerario no se limita al paisaje. A su paso por Ordes, el viajero puede descubrir patrimonio arquitectónico como la iglesia de Santa María o disfrutar de la gastronomía local. En Tordoia, el entorno rural abre la puerta a miradores naturales y a rincones como la fervenza de Santaia, donde el agua y la piedra construyen uno de los escenarios más singulares de la zona.. En Cerceda, el recorrido culmina en una antigua estación reconvertida en albergue turístico, símbolo de esa transformación que define toda la vía: del abandono a la oportunidad.. Proyecto con futuro. La vía verde no se detiene aquí. El proyecto contempla su ampliación hasta Santiago de Compostela, con un nuevo tramo de más de 10 kilómetros que permitirá conectar directamente con la capital gallega.. Cuando ese último tramo esté finalizado, el recorrido superará los 35 kilómetros y se consolidará como una alternativa real al tráfico motorizado, e incluso como una variante segura del Camino Inglés para peregrinos.. Pero más allá de las cifras, la Vía Verde Compostela–Tambre–Lengüelle representa algo más profundo: la capacidad de reutilizar el pasado para construir un modelo de movilidad sostenible, turismo activo y conexión con el territorio.. Porque hay caminos que no terminan cuando dejan de usarse. Solo cambian de forma. Y en Galicia, algunos de ellos ahora se recorren entre árboles, siguiendo el eco de un tren que aún parece avanzar.
La Vía Verde Compostela–Tambre–Lengüelle, la más larga de la Comunidad, ofrece un trayecto difícil de imaginar y de igualar
Hay caminos que nacen dos veces. El de hierro, que durante décadas cosió el territorio entre Santiago y A Coruña, dejó de latir con la llegada de la alta velocidad. Pero su trazado, curvo, paciente y escrito entre las piedras, no desapareció. Hoy, convertido en senda, vuelve a la vida como uno de los grandes itinerarios verdes del noroeste peninsular: la Vía Verde Compostela–Tambre–Lengüelle.. Lo que antes fue vía férrea es ahora un corredor natural de más de 26 kilómetros que invita a recorrer Galicia a otro ritmo, a pie o en bicicleta, entre estaciones olvidadas, túneles centenarios y ríos que marcan el pulso del paisaje.. La historia de esta ruta arranca mucho antes de su inauguración en 2022. Ya en 1864 se proyectaba una conexión ferroviaria entre Santiago y A Coruña, aunque los intentos se sucedieron sin éxito durante décadas. No fue hasta 1927, con el impulso del Plan Guadalhorce, cuando comenzaron las obras de una línea ambiciosa, diseñada incluso para doble vía y con una ingeniería que no escatimó recursos pese a la compleja orografía.. El ferrocarril entró en funcionamiento en 1943, tras retrasos provocados por la dificultad técnica y la Guerra Civil. Durante décadas fue arteria de comunicación, hasta que en 2011 quedó fuera de servicio con la llegada del Eje Atlántico de alta velocidad. Ese abandono, lejos de ser su final, supuso el punto de partida para su reconversión.. La vía verde más larga de Galicia. Hoy, ese antiguo trazado ferroviario se ha transformado en la vía verde más extensa de la comunidad, con un recorrido que discurre entre los municipios de Oroso, Ordes, Tordoia y Cerceda.. El itinerario combina tramos sobre la antigua plataforma ferroviaria —más de 23 kilómetros— con pequeños desvíos alternativos, ofreciendo una experiencia accesible para senderistas, ciclistas y familias. El firme mixto, de zahorra y asfalto, facilita el tránsito y amplía su uso a diferentes perfiles de usuarios.. El viaje arranca junto a uno de sus grandes iconos: el viaducto sobre el río Tambre, una obra de ingeniería que ofrece una de las panorámicas más espectaculares del recorrido. Desde ahí, la vía se adentra en un bosque atlántico donde robles, castaños y alisos acompañan al caminante mientras el río Lengüelle guía el trayecto.. A lo largo del camino emergen vestigios del pasado ferroviario: estaciones rehabilitadas o convertidas en áreas de descanso, antiguos apeaderos, trincheras excavadas en la roca y túneles como el de A Costa, de 207 metros, que envuelve al visitante en una atmósfera casi cinematográfica.. No es solo un recorrido natural, sino también un museo al aire libre donde cada elemento cuenta una parte de la historia industrial de Galicia.. Pero el itinerario no se limita al paisaje. A su paso por Ordes, el viajero puede descubrir patrimonio arquitectónico como la iglesia de Santa María o disfrutar de la gastronomía local. En Tordoia, el entorno rural abre la puerta a miradores naturales y a rincones como la fervenza de Santaia, donde el agua y la piedra construyen uno de los escenarios más singulares de la zona.. En Cerceda, el recorrido culmina en una antigua estación reconvertida en albergue turístico, símbolo de esa transformación que define toda la vía: del abandono a la oportunidad.. Proyecto con futuro. La vía verde no se detiene aquí. El proyecto contempla su ampliación hasta Santiago de Compostela, con un nuevo tramo de más de 10 kilómetros que permitirá conectar directamente con la capital gallega.. Cuando ese último tramo esté finalizado, el recorrido superará los 35 kilómetros y se consolidará como una alternativa real al tráfico motorizado, e incluso como una variante segura del Camino Inglés para peregrinos.. Pero más allá de las cifras, la Vía Verde Compostela–Tambre–Lengüelle representa algo más profundo: la capacidad de reutilizar el pasado para construir un modelo de movilidad sostenible, turismo activo y conexión con el territorio.. Porque hay caminos que no terminan cuando dejan de usarse. Solo cambian de forma. Y en Galicia, algunos de ellos ahora se recorren entre árboles, siguiendo el eco de un tren que aún parece avanzar.
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