Andrea Levy se sentó en Ex. La vida después para hablar de algo que pocas figuras públicas se atreven a abordar con esta claridad. La concejala del Ayuntamiento de Madrid explicó que detrás de su dependencia a las benzodiacepinas había dos fuerzas actuando al mismo tiempo: una enfermedad crónica que provoca dolor constante y una exigencia profesional que no admitía fisuras. «No podía permitirme parar porque estaba en el lugar en el que quería estar», reconoció.. El dolor de la fibromialgia y la ansiedad de fallar en el trabajo se convirtieron en dos frentes que Levy decidió silenciar por la misma vía. Cuando acudía al médico, la respuesta era tan comprensible que terminó por aceptarla sin cuestionarla: «¿Cómo no vas a estar estresada?», le decían. Así fue como empezó a tomar lo que ella misma describió como «lo que todos conocemos como Valium, lorazepam o Lexatin», sin percibir en ningún momento que aquello pudiera convertirse en un problema.. La dependencia se instaló de forma tan gradual que Levy no fue capaz de identificarla hasta que alguien se lo señaló directamente. Antes de ese momento, su único indicador era la necesidad de abrir el cajón cada día: «Tenía que tener ese momento de seguridad de saber que tenía un Lexatin. Eso lo necesitas porque, si no, no vas a poder», explicó.. Lo que más llamó la atención del relato fue la naturalidad con la que describió ese proceso de normalización. Levy admitió que nunca sintió que estuviera haciendo nada malo, precisamente porque estas pastillas no se perciben socialmente como una sustancia peligrosa. «Nunca pensé que estuviera haciendo nada mal. Estamos tan familiarizados con ellas que no las vemos como una sustancia peligrosa», señaló.. El momento del diagnóstico llegó como un golpe inesperado. «La primera vez que me dijeron ‘tú eres adicta’, dije: ¿adicta a qué? Si yo no bebo ni me drogo», recordó. Levy cerró su intervención con una advertencia directa: tomar estos medicamentos más de seis meses ya es adicción, y no es algo, zanjó, «para normalizar ni para que te acompañe toda la vida».
La concejala del Ayuntamiento de Madrid reveló cómo la fibromialgia y la presión profesional la llevaron a normalizar un consumo que tardó en reconocer como dependencia.
20MINUTOS.ES – Televisión
Andrea Levy se sentó en Ex. La vida después para hablar de algo que pocas figuras públicas se atreven a abordar con esta claridad. La concejala del Ayuntamiento de Madrid explicó que detrás de su dependencia a las benzodiacepinas había dos fuerzas actuando al mismo tiempo: una enfermedad crónica que provoca dolor constante y una exigencia profesional que no admitía fisuras. «No podía permitirme parar porque estaba en el lugar en el que quería estar», reconoció.. El dolor de la fibromialgia y la ansiedad de fallar en el trabajo se convirtieron en dos frentes que Levy decidió silenciar por la misma vía. Cuando acudía al médico, la respuesta era tan comprensible que terminó por aceptarla sin cuestionarla: «¿Cómo no vas a estar estresada?», le decían. Así fue como empezó a tomar lo que ella misma describió como «lo que todos conocemos como Valium, lorazepam o Lexatin», sin percibir en ningún momento que aquello pudiera convertirse en un problema.. La dependencia se instaló de forma tan gradual que Levy no fue capaz de identificarla hasta que alguien se lo señaló directamente. Antes de ese momento, su único indicador era la necesidad de abrir el cajón cada día: «Tenía que tener ese momento de seguridad de saber que tenía un Lexatin. Eso lo necesitas porque, si no, no vas a poder», explicó.. Lo que más llamó la atención del relato fue la naturalidad con la que describió ese proceso de normalización. Levy admitió que nunca sintió que estuviera haciendo nada malo, precisamente porque estas pastillas no se perciben socialmente como una sustancia peligrosa. «Nunca pensé que estuviera haciendo nada mal. Estamos tan familiarizados con ellas que no las vemos como una sustancia peligrosa», señaló.. El momento del diagnóstico llegó como un golpe inesperado. «La primera vez que me dijeron ‘tú eres adicta’, dije: ¿adicta a qué? Si yo no bebo ni me drogo», recordó. Levy cerró su intervención con una advertencia directa: tomar estos medicamentos más de seis meses ya es adicción, y no es algo, zanjó, «para normalizar ni para que te acompañe toda la vida».
