Sevilla ya cuenta los días para el Domingo de Ramos de 2027 y, entretanto, el calendario de la ciudad recibe con entusiasmo la apertura de la temporada taurina. En el mismo escenario, el Teatro de la Maestranza, donde el joven periodista José Antonio Rodríguez pregonó la Semana Santa de este año y salió a hombros – es hijo del torero Rafael Torres–, otro periodista, curtido en más batallas que el primero, Rubén Amón, anunció la temporada taurina valiéndose de uno de los recursos que mejor blande: la palabra certera.. Amón, que ha ejercido y sigue haciéndolo –entre otros muchos registros que maneja– de crítico taurino en diversos medios de comunicación, admitió tras escuchar el pasadoble «España cañí», sentirse «bajo una presión estimulante» como lo es «el silencio de Sevilla». Brindó su pregón, «el hito profesional más importante al que me he enfrentado» a Curro Vázquez, «sin cuyo magisterio sería imposible que hoy estuviera delante de ustedes», y a Ricardo Ortiz, matador de toros, fallecido en La Malagueta el pasado viernes a consecuencia de una grave cogida sufrida en los corrales.. El periodista trazó el viaje sentimental que ha hecho desde Madrid a Sevilla porque «mientras más vengo a La Maestranza, menos me gusta Las Ventas». Un trayecto que tiene muchos motivos y un nombre propio que lo resume: Morante de la Puebla. Entre los primeros, sus desencuentros con parte de los aficionados madrileños: «Claro que Madrid es la primera plaza de España; pero también que la Maestranza es la primera del mundo», abrochó en su argumento entre los aplausos del público.. El autor de «Morante. Punto y aparte», su último libro, trazó un pregón a la medida del maestro de La Puebla, un torero «insoportable» porque hace padecer «morantismo» a sus seguidores, que hace que sea «imposible seguir en el asiento» cuando éste se va de la plaza. «No ha habido un torero igual y no va a haber un torero igual porque Morante es el más artista de los toreros valientes, es el alfa y el omega y lleva todos los toreros dentro. Es un artista plástico, un coreógrafo, ha sobrepasado todas las fronteras y resalta entre la mediocridad de los artistas que se han acomodado en la mordaza».. «Por llevar dentro de sí lleva hasta El Pana, torero malogrado, que aprovechó su tarde de despedida para reaparecer», bromeó.. Morante como torero pero también como símbolo porque ha heredado el espíritu de la transgresión, esa que hace décadas parecía patrimonio de la izquierda y que le permitía acercase a la tauromaquia con una mirada alejada de los prejuicios. Por eso, a su criterio, el torero de Puebla del Río es algo más que un hombre que se enfrenta a un astado en el ruedo, es un artista que «resalta en medio de la mediocridad de la cultura contemporánea de un plantel que se ha acomodado en medio de la censura». En este sentido, reprochó la actitud de «esos intelectuales que llevan sin cruzar una línea roja 20 años».. El pregón de Amón fue una oda a Morante, un torero elevado a la categoría de símbolo que representa toda una forma de plantarse en el ruedo y en la vida. Como el juego del Mikado, todos las piezas son importantes pero si quitas una de ellas, el juego corre el riesgo de terminar. Eso es Morante, un torero «necesario» y más aún en el contexto actual que va más allá de un simple cambio de aficiones o tendencias. «Morante hace falta porque el nacionalismo y la izquierda han compuesto un sabotaje y una conspiración de la que me avergüenzo y que explica que nuestro ministro de Cultura, Ernest Urtasun, le haya negado la mano a El Juli para brindársela a Arnaldo Otegi».. El periodista no citó aquello de «¡Alcalde, todos somos contingentes, pero tú eres necesario!», pero todo el Teatro de la Maestranza entendió que todas las batallas necesitan de un rostro que las lidere y José Antonio Morante Camacho ha elegido ponerse delante del toro tanto dentro como fuera de la plaza pese al desgaste personal que le ha supuesto.. Porque eso tampoco lo obvió Amón en su pregón, que recordó el trastorno disociativo que sufre el torero, que no esconde. «Tiene la capacidad de dar la vuelta a los monstruos que lo acechan», dijo.. Palabras certeras y cargadas de emoción serena para cincelar un pregón que definió la tauromaquia como «un escándalo que nos habla de la muerte en una sociedad que la ha escondido; que abjura de la liturgia o ve la masculinidad como una anomalía».. Y a lomos del «escándalo», la Fiesta se ha recuperado «cuando estaba todo programado para destruirla». «Pedro Sánchez y Urtasun son los mejores aliados de la tauromaquia», aseveró.. Previamente a las palabras de Amón, el escritor Juan del Val ejerció de «banderillero» del «matador», su «amigo Rubén», al que definió como «insultantemente culto».. Del Val tuvo palabras de elogio para la capital andaluza, de la que dijo «Sevilla es el toreo» y aseguró que «ser taurino es de las cosas más importantes que nos puede pasar en la vida». «Somos dos madrileños que amamos profundamente a Sevilla; Madrid es nuestra casa pero Sevilla es nuestra ilusión», apuntó.
El periodista Rubén Amón traza su viaje sentimental desde Madrid a Sevilla de la mano del torero de la Puebla del Río
Sevilla ya cuenta los días para el Domingo de Ramos de 2027 y, entretanto, el calendario de la ciudad recibe con entusiasmo la apertura de la temporada taurina. En el mismo escenario, el Teatro de la Maestranza, donde el joven periodista José Antonio Rodríguez pregonó la Semana Santa de este año y salió a hombros – es hijo del torero Rafael Torres–, otro periodista, curtido en más batallas que el primero, Rubén Amón, anunció la temporada taurina valiéndose de uno de los recursos que mejor blande: la palabra certera.. Amón, que ha ejercido y sigue haciéndolo –entre otros muchos registros que maneja– de crítico taurino en diversos medios de comunicación, admitió tras escuchar el pasadoble «España cañí», sentirse «bajo una presión estimulante» como lo es «el silencio de Sevilla». Brindó su pregón, «el hito profesional más importante al que me he enfrentado» a Curro Vázquez, «sin cuyo magisterio sería imposible que hoy estuviera delante de ustedes», y a Ricardo Ortiz, matador de toros, fallecido en La Malagueta el pasado viernes a consecuencia de una grave cogida sufrida en los corrales.. El periodista trazó el viaje sentimental que ha hecho desde Madrid a Sevilla porque «mientras más vengo a La Maestranza, menos me gusta Las Ventas». Un trayecto que tiene muchos motivos y un nombre propio que lo resume: Morante de la Puebla. Entre los primeros, sus desencuentros con parte de los aficionados madrileños: «Claro que Madrid es la primera plaza de España; pero también que la Maestranza es la primera del mundo», abrochó en su argumento entre los aplausos del público.. El autor de «Morante. Punto y aparte», su último libro, trazó un pregón a la medida del maestro de La Puebla, un torero «insoportable» porque hace padecer «morantismo» a sus seguidores, que hace que sea «imposible seguir en el asiento» cuando éste se va de la plaza. «No ha habido un torero igual y no va a haber un torero igual porque Morante es el más artista de los toreros valientes, es el alfa y el omega y lleva todos los toreros dentro. Es un artista plástico, un coreógrafo, ha sobrepasado todas las fronteras y resalta entre la mediocridad de los artistas que se han acomodado en la mordaza».. «Por llevar dentro de sí lleva hasta El Pana, torero malogrado, que aprovechó su tarde de despedida para reaparecer», bromeó.. Morante como torero pero también como símbolo porque ha heredado el espíritu de la transgresión, esa que hace décadas parecía patrimonio de la izquierda y que le permitía acercase a la tauromaquia con una mirada alejada de los prejuicios. Por eso, a su criterio, el torero de Puebla del Río es algo más que un hombre que se enfrenta a un astado en el ruedo, es un artista que «resalta en medio de la mediocridad de la cultura contemporánea de un plantel que se ha acomodado en medio de la censura». En este sentido, reprochó la actitud de «esos intelectuales que llevan sin cruzar una línea roja 20 años».. El pregón de Amón fue una oda a Morante, un torero elevado a la categoría de símbolo que representa toda una forma de plantarse en el ruedo y en la vida. Como el juego del Mikado, todos las piezas son importantes pero si quitas una de ellas, el juego corre el riesgo de terminar. Eso es Morante, un torero «necesario» y más aún en el contexto actual que va más allá de un simple cambio de aficiones o tendencias. «Morante hace falta porque el nacionalismo y la izquierda han compuesto un sabotaje y una conspiración de la que me avergüenzo y que explica que nuestro ministro de Cultura, Ernest Urtasun, le haya negado la mano a El Juli para brindársela a Arnaldo Otegi».. El periodista no citó aquello de «¡Alcalde, todos somos contingentes, pero tú eres necesario!», pero todo el Teatro de la Maestranza entendió que todas las batallas necesitan de un rostro que las lidere y José Antonio Morante Camacho ha elegido ponerse delante del toro tanto dentro como fuera de la plaza pese al desgaste personal que le ha supuesto.. Porque eso tampoco lo obvió Amón en su pregón, que recordó el trastorno disociativo que sufre el torero, que no esconde. «Tiene la capacidad de dar la vuelta a los monstruos que lo acechan», dijo.. Palabras certeras y cargadas de emoción serena para cincelar un pregón que definió la tauromaquia como «un escándalo que nos habla de la muerte en una sociedad que la ha escondido; que abjura de la liturgia o ve la masculinidad como una anomalía».. Y a lomos del «escándalo», la Fiesta se ha recuperado «cuando estaba todo programado para destruirla». «Pedro Sánchez y Urtasun son los mejores aliados de la tauromaquia», aseveró.. Previamente a las palabras de Amón, el escritor Juan del Val ejerció de «banderillero» del «matador», su «amigo Rubén», al que definió como «insultantemente culto».. Del Val tuvo palabras de elogio para la capital andaluza, de la que dijo «Sevilla es el toreo» y aseguró que «ser taurino es de las cosas más importantes que nos puede pasar en la vida». «Somos dos madrileños que amamos profundamente a Sevilla; Madrid es nuestra casa pero Sevilla es nuestra ilusión», apuntó.
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