El flamenco, en Ezequiel Benítez, no es solo una forma de cantar, sino una manera de decirse. En Lo que nadie ve, el cantaor jerezano se adentra en ese territorio íntimo donde la voz se convierte en desahogo, la experiencia en verdad y el corazón en cante. El próximo 24 de septiembre llevará ese universo a la Bienal de Sevilla, con una actuación en el Teatro Alameda.. Comienza el disco con una bambera que dice: «Todo el mundo tiene un ángel con el que caminar en la vida…». En un mundo que a veces parece romperse más que abrirse, ¿hay que creer mucho para sostener eso?. Hay que creer, pero sobre todo hay que buscar. No todo el mundo está preparado para amar, para sentir, para ponerse en el lugar del otro. Es un trabajo interior personal.. ¿Cuándo sintió que el flamenco dejó de ser un juego y se convirtió en una necesidad?. Yo no fui consciente. Nací en una casa donde el flamenco era lo normal. Mi padre enseñaba a cantar, ayudaba a muchos artistas, y en mi familia se cantaba y se bailaba. Para mí era un juego. Con el tiempo me fui enamorando del cante… y entendí que eso ya era mi vida.. ¿Qué tiene que pasar por dentro para que un cante sea de verdad?. Hay que hacer una búsqueda interior. Entender quién eres y cantar desde ahí. Cuando eso ocurre, la conexión con la gente es inmediata.. Su disco se titula «Lo que nadie ve». ¿Qué es exactamente eso que no vemos?. Lo que no se ve es lo más importante: lo que llevas dentro. El disco habla de la ceguera humana, de lo que sentimos y no sabemos explicar. Es un disco lleno de mensajes.. ¿Diría que lo esencial del cante ocurre fuera de lo visible?. Sí. Lo esencial está en lo que llevas dentro y en cómo lo sacas. Eso es lo que de verdad llega.. Pero en su caso sí se ve. Usted no se guarda nada.. No sé hacerlo de otra manera. Necesito entenderme, estar en paz conmigo. Y desde ahí sale todo. Cuando uno hace ese trabajo interior, ya no hay filtro: el flamenco produce una especie encarnación donde el corazón se hace cante.. ¿Se puede cantar sin haber vivido? ¿Cuánto hay de herida personal en lo que canta?. Se puede cantar… pero no es lo mismo. El flamenco es un desahogo. Ahí va tu vida: lo que has vivido, lo que te ha dolido, lo que te ha hecho feliz.. ¿Se está perdiendo la parte más cruda del cante?. La vida ha cambiado y eso se nota en todo. Antes se vivía de otra manera, había otras necesidades, y eso se reflejaba en el cante. Hoy todo está más cuidado, más medido, más llevado al escenario. Se pierden cosas, sí, pero también es otra época.. ¿Qué le duele del flamenco actual?. Que no se cuida lo suficiente.. ¿En qué sentido?. En muchas cosas. Hay artistas que han dado su vida al flamenco y no tienen nada. Hay que cuidar a los mayores, a los artistas, a las peñas… ahí es donde nace todo. Es una de las culturas más grandes que tenemos y no siempre se protege como se debería.. Después de una actuación, ¿qué le queda? ¿Quién es cuando se baja del escenario?. En cada cante me juego la vida. Me quedo sin energía. Entrego todo lo que llevo dentro, todo lo que soy. Cuando termino, hay un silencio muy grande. Es un vaciado espiritual.. ¿Qué no negocia nunca cuando canta?. Mi verdad.. El flamenco en una palabra.. Dios.
El artista jerezano se adentra en «Lo que nadie ve» en ese territorio íntimo donde la voz se convierte en desahogo
El flamenco, en Ezequiel Benítez, no es solo una forma de cantar, sino una manera de decirse. En Lo que nadie ve, el cantaor jerezano se adentra en ese territorio íntimo donde la voz se convierte en desahogo, la experiencia en verdad y el corazón en cante. El próximo 24 de septiembre llevará ese universo a la Bienal de Sevilla, con una actuación en el Teatro Alameda.. Comienza el disco con una bambera que dice: «Todo el mundo tiene un ángel con el que caminar en la vida…». En un mundo que a veces parece romperse más que abrirse, ¿hay que creer mucho para sostener eso?. Hay que creer, pero sobre todo hay que buscar. No todo el mundo está preparado para amar, para sentir, para ponerse en el lugar del otro. Es un trabajo interior personal.. ¿Cuándo sintió que el flamenco dejó de ser un juego y se convirtió en una necesidad?. Yo no fui consciente. Nací en una casa donde el flamenco era lo normal. Mi padre enseñaba a cantar, ayudaba a muchos artistas, y en mi familia se cantaba y se bailaba. Para mí era un juego. Con el tiempo me fui enamorando del cante… y entendí que eso ya era mi vida.. ¿Qué tiene que pasar por dentro para que un cante sea de verdad?. Hay que hacer una búsqueda interior. Entender quién eres y cantar desde ahí. Cuando eso ocurre, la conexión con la gente es inmediata.. Su disco se titula «Lo que nadie ve». ¿Qué es exactamente eso que no vemos?. Lo que no se ve es lo más importante: lo que llevas dentro. El disco habla de la ceguera humana, de lo que sentimos y no sabemos explicar. Es un disco lleno de mensajes.. ¿Diría que lo esencial del cante ocurre fuera de lo visible?. Sí. Lo esencial está en lo que llevas dentro y en cómo lo sacas. Eso es lo que de verdad llega.. Pero en su caso sí se ve. Usted no se guarda nada.. No sé hacerlo de otra manera. Necesito entenderme, estar en paz conmigo. Y desde ahí sale todo. Cuando uno hace ese trabajo interior, ya no hay filtro: el flamenco produce una especie encarnación donde el corazón se hace cante.. ¿Se puede cantar sin haber vivido? ¿Cuánto hay de herida personal en lo que canta?. Se puede cantar… pero no es lo mismo. El flamenco es un desahogo. Ahí va tu vida: lo que has vivido, lo que te ha dolido, lo que te ha hecho feliz.. ¿Se está perdiendo la parte más cruda del cante?. La vida ha cambiado y eso se nota en todo. Antes se vivía de otra manera, había otras necesidades, y eso se reflejaba en el cante. Hoy todo está más cuidado, más medido, más llevado al escenario. Se pierden cosas, sí, pero también es otra época.. ¿Qué le duele del flamenco actual?. Que no se cuida lo suficiente.. ¿En qué sentido?. En muchas cosas. Hay artistas que han dado su vida al flamenco y no tienen nada. Hay que cuidar a los mayores, a los artistas, a las peñas… ahí es donde nace todo. Es una de las culturas más grandes que tenemos y no siempre se protege como se debería.. Después de una actuación, ¿qué le queda? ¿Quién es cuando se baja del escenario?. En cada cante me juego la vida. Me quedo sin energía. Entrego todo lo que llevo dentro, todo lo que soy. Cuando termino, hay un silencio muy grande. Es un vaciado espiritual.. ¿Qué no negocia nunca cuando canta?. Mi verdad.. El flamenco en una palabra.. Dios.
Noticias de Andalucía en La Razón
