“Escribir un poema no es tarea fácil, / podrían transcurrir días y meses / y años sin que tú escribas un poema. / Pasa el amor y se aproxima el miedo, / nacen los nietos / y mueren los amigos. / Y cuando las palabras / se deslizan por fin entre tus dedos / también puedes mancharte con el óxido / de sus bordes roídos”. Son reflexiones que Esperanza Ortega recoge en ‘Los versos de mi amiga’ (Galaxia Gutenberg, 14,50 euros), el primer poemario que publica en dos décadas, que llegará a las librerías españolas el próximo miércoles, veinte años después de su ‘Poema de las cinco estaciones’.. El proceso de la escritura, la evanescencia del “tiempo transparente” y el fulgor de la vida son algunos de los temas que atraviesan los versos de un libro circular, que arranca y culmina en torno a la intangible idea de “escribir un poema”. “Escribir un poema es como vivir, vivir una vida nueva”, sentencia en esta entrevista con Ical. La escritora palentina presentará su obra junto a Tomás Sánchez Santiago el 12 de febrero en FACTOR: Espacio San Feliz (en el municipio leonés de San Feliz de Torío); el 16 de febrero en Enclave de Libros en Madrid, acompañada por Óscar Esquivias y Jordi Doce; el 20 de febrero en la Fundación Segundo y Santiago Montes (Valladolid) con Angélica Tanarro; y el 5 de marzo en el Ateneo de Palencia, con Enrique Gómez Crespo y Alfonso Adúriz.. En la nota preliminar del libro habla de “un largo periodo de aridez”. ¿Cómo lidia una poeta con dos décadas sin alumbrar un nuevo poemario?. (Sonríe) Bueno, es que no son dos décadas desde el primer momento. Al principio es un año, luego son dos… Al final es cuando, de repente, dices: ¡Madre mía! Pero la verdad es que ya estaba inquieta. Eso no quiere decir que en este tiempo no haya publicado poemas nuevos, porque cuando salió con Menoscuarto ‘Las cosas como eran’ (2009) o cuando apareció con Dilema mi obra reunida en ‘Diario de lo no vivido’ (2020) incluí en ellos poemas nuevos, pero que no llegaban a cuajar como libro. Casi desde que publiqué ‘Como si fuera una palabra’ (Lumen, 2002) sentía como que hubiera acabado un ciclo. A uno le gustaría estar constantemente escribiendo, porque es algo que te revitaliza, como escribo en el primer verso del libro (“escribir un poema te llena de dicha”), pero para mí eso no es fácil ni es rápido. Yo tardo mucho. Hay muchos que tiro la papelera y que no se publican nunca.. ¿En qué momento vio que estaba en el camino de concebir un nuevo poemario?. En 2021, la Librería del Centro, de Madrid, publicó los tres poemas que en este libro se recogen en el bloque ‘Va y ven’, en una edición de cien ejemplares con imágenes de José María Díez. Con el primero de ellos, ‘Mi pelo’, me di cuenta de que había empezado a escribir de otra manera, de una forma que a mí misma me sorprendía. Y me gustó; no solo el resultado, sino escribirlo. A partir de ahí me animé más y entonces de repente lo vi, vi que quería escribir de esa manera distinta. Luego lo hice muy rápido; bueno, muy rápido para mí: en un año.. ¿Este poemario le ha permitido reconciliarse con una faceta que quizá había dejado arrinconada?. Nunca dejé arrinconada la poesía. He seguido escribiendo o pensando sobre ella. En este tiempo he escrito sobre otros poetas o libros como ‘Las cosas como eran’, y poesía para niños en editoriales como A Buen Paso o Ediciones Tralarí, con Cintia Martín, además de publicar poemas en revistas como ‘Sibila’, ‘Aventura’ o ‘Mirlo’. No es que me hubiera separado de la poesía, sino que la poesía es así. No la escribes cuando tú quieres. Yo digo que es como un aldabón, que tienes que oírlo. Tiene que suceder algo. No sé cómo explicarlo. Lo bueno es que ahora me siento muy ilusionada. Es como si volviera a cuando publique ‘Mudanza’ (1994), que también llegó después de una crisis. En ese caso fue al sentir que pasaba de ser una jovencita a ser una mujer, y ahora es pasar de esa mujer a ser una mujer ya mayor. Creo que ‘Los versos de mi amiga’ no es un libro en absoluto fúnebre, pero en él sí se aprecia esa vecindad con la muerte, que está ahí al lado; tranquila, de momento, pero tienes que estar con un ojo vigilándola. Y eso quizá hace que vivas con más intensidad algunos aspectos de la vida.. Con el título del libro abre la puerta a la figura del doble, con esa ‘amiga’ a la que alude y con otras figuras como “la sombra que se interpone entre mi vida y el espejo”, que cita en otro de sus versos. ¿Para escribir poesía es preciso mirar la realidad desde otra perspectiva, desde fuera de sí?. Lo cierto es que se produce una especie de desdoblamiento. En ‘Mi pelo’, por ejemplo, la protagonista es una muchacha que no es que se parezca a mí, es que tiene algo que era mío y que yo he perdido. Hablo de la mujer que duerme a mi lado, o que quizá está despierta mientras yo duermo, estableciendo un diálogo entre el yo del poeta y la persona que eres. A mí no me gustan nada los poetas que están todo el día quejándose del paso del tiempo, porque me parece algo muy obvio y aburrido. Aquí he huido de eso, pero sí está esa sensación de transformación, de que todo cambia, esa realidad como de que eres otro, incluso en lo físico y en todo. Surge un asombro, como pasa también en la adolescencia, que de repente cambias. Y de ahí esa idea del doble. El juego está también en la portada; me pidieron una foto para reproducirla difuminada, en la línea de la colección, y decidí mandar una de mi juventud, porque esa que se ve ahí es mi amiga pero también soy yo. Claro que soy yo. Lo que pasa es que hay diferentes yo.. Esa Esperanza joven no deja de ser una amiga con la que sigue dialogando…. Sí, efectivamente. Lo cuento en la nota preliminar. Es como si esa amiga, que me gustaría no haber perdido y que siempre estoy buscándola, fuera quien me dicta los poemas. A veces en los poemas aparecen cosas que una no sabe por qué las ha dicho exactamente y luego las va comprendiendo poco a poco. El título tiene también que ver con que nunca es enteramente nuestro lo que escribimos. Hay una distancia ahí; es tuyo pero es de una parte de ti que muchas veces a ti misma te sorprende, al mismo tiempo que es lo más tuyo y no se lo darías a nadie. Lo explica muy bien Alejandra Pizarnik cuando escribe: ‘Explicar con palabras de este mundo / que partió de mí un barco llevándome’.. A través de sus páginas, asistimos al recorrido de toda una vida, desde el viaje a la infancia de los ‘Poemas del afilador’ y su mirada atrás sobre los recuerdos familiares (‘Entre nosotros’), hasta la ‘Fosa común’ del olvido, donde bucea en la muerte o la pérdida de los seres queridos. ¿Tenía esa estructura en mente cuando empezó a escribir?. No, nunca tengo una estructura. Incluso pienso que, en algunos casos, hay algún poema que podría haber cambiado de lugar. Yo los escribo, cuando estoy por la mitad ya voy viendo algo, componiendo, y es al final cuando los ordeno. ‘Los versos de mi amiga’ es un libro más mestizo, donde he intentado que cupiera todo, cualquier cosa de la vida si pudiera escribir un poema. Esa era la idea.. Y ahora, con el libro ya entre las manos, ¿es consciente de ese recorrido vital?. Sí, este libro tiene una unidad que le diferencia de los anteriores. Me ha influido bastante la lectura de poetas norteamericanas como Sharon Olds, Anne Sexton o Muriel Rukeyser, a las que ya había leído pero que hasta ahora no había sentido tan cercanas. Lo que más me gusta de ellas es el ímpetu y la decisión que tienen. Antes tenía tanto respeto por la poesía que sentía un poco de miedo, y ahora me he visto totalmente libre. Nunca había escrito con esta libertad para decir lo que quiera. Y esto no implica prosaísmo, sino encontrar tu manera. Yo antes iba más a lo fragmentario, a lo esencial; no podía sobrar una palabra… y en ese libro quizá me desdigo de cosas que he defendido antes en torno a la poesía. Ahora soy consciente de que también en el accidente y en lo inesperado está la poesía y la originalidad. Creo que tiene que ver con este momento de mi vida.. En uno de sus poemas escribe, en tercera persona: “Podrías encaramarte a un árbol y retar desde allí a tus poetas”. ¿Quiénes son esos poetas que le han acompañado toda la vida, invitándole a mirar la vida de otra manera?. Yo soy muy fiel a mis primeras lecturas: Rubén Dario, Bécquer, Juan Ramón Jiménez, Francisco Pino, y Dante y Rilke entre los extranjeros. Hay tantos… De los clásicos Garcilaso es mi preferido, y de los contemporáneos Eduardo Cirlot, sin duda, además de Gamoneda, María Victoria Atencia y Claudio Rodríguez, junto con las poetas norteamericanas que citaba antes. Son muchos a quienes ves como dioses, pero cuando estás escribiendo un poema siempre existe esa posibilidad. Es la maravilla de la escritura. No se trata de decir que la escritura es una salvación frente a la muerte, porque de la muerte no te salva nadie, pero sí que te ayuda a soslayarla, a defenderte de ella y a vivir sin que la muerte te paralice.. En otro momento escribe que “a los niños les extraña que sus abuelos hayan sido jóvenes”. Es otra forma de hablar de la evanescencia del tiempo, otro de los grandes temas del poemario.. Ese poema se basa en uno de mis nietos, en el momento en que, de repente, fue consciente del paso del tiempo. Se asomó a la ventana y empezó a decir: “Yo también seré papá, y seré abuelo, y seré…”. Y de golpe se detuvo, como si se hubiera dado cuenta de que en realidad nuestros pies se asientan sobre una nube, bajo la cual está el vacío. Esa sensación.
La poeta palentina regresa a las librerías este miércoles con ‘Los versos de mi amiga’, su primer poemario nuevo en las dos últimas décadas, que ve la luz con Galaxia Gutenberg
“Escribir un poema no es tarea fácil, / podrían transcurrir días y meses / y años sin que tú escribas un poema. / Pasa el amor y se aproxima el miedo, / nacen los nietos / y mueren los amigos. / Y cuando las palabras / se deslizan por fin entre tus dedos / también puedes mancharte con el óxido / de sus bordes roídos”. Son reflexiones que Esperanza Ortega recoge en ‘Los versos de mi amiga’ (Galaxia Gutenberg, 14,50 euros), el primer poemario que publica en dos décadas, que llegará a las librerías españolas el próximo miércoles, veinte años después de su ‘Poema de las cinco estaciones’.. El proceso de la escritura, la evanescencia del “tiempo transparente” y el fulgor de la vida son algunos de los temas que atraviesan los versos de un libro circular, que arranca y culmina en torno a la intangible idea de “escribir un poema”. “Escribir un poema es como vivir, vivir una vida nueva”, sentencia en esta entrevista con Ical. La escritora palentina presentará su obra junto a Tomás Sánchez Santiago el 12 de febrero en FACTOR: Espacio San Feliz (en el municipio leonés de San Feliz de Torío); el 16 de febrero en Enclave de Libros en Madrid, acompañada por Óscar Esquivias y Jordi Doce; el 20 de febrero en la Fundación Segundo y Santiago Montes (Valladolid) con Angélica Tanarro; y el 5 de marzo en el Ateneo de Palencia, con Enrique Gómez Crespo y Alfonso Adúriz.. En la nota preliminar del libro habla de “un largo periodo de aridez”. ¿Cómo lidia una poeta con dos décadas sin alumbrar un nuevo poemario?. (Sonríe) Bueno, es que no son dos décadas desde el primer momento. Al principio es un año, luego son dos… Al final es cuando, de repente, dices: ¡Madre mía! Pero la verdad es que ya estaba inquieta. Eso no quiere decir que en este tiempo no haya publicado poemas nuevos, porque cuando salió con Menoscuarto ‘Las cosas como eran’ (2009) o cuando apareció con Dilema mi obra reunida en ‘Diario de lo no vivido’ (2020) incluí en ellos poemas nuevos, pero que no llegaban a cuajar como libro. Casi desde que publiqué ‘Como si fuera una palabra’ (Lumen, 2002) sentía como que hubiera acabado un ciclo. A uno le gustaría estar constantemente escribiendo, porque es algo que te revitaliza, como escribo en el primer verso del libro (“escribir un poema te llena de dicha”), pero para mí eso no es fácil ni es rápido. Yo tardo mucho. Hay muchos que tiro la papelera y que no se publican nunca.. ¿En qué momento vio que estaba en el camino de concebir un nuevo poemario?. En 2021, la Librería del Centro, de Madrid, publicó los tres poemas que en este libro se recogen en el bloque ‘Va y ven’, en una edición de cien ejemplares con imágenes de José María Díez. Con el primero de ellos, ‘Mi pelo’, me di cuenta de que había empezado a escribir de otra manera, de una forma que a mí misma me sorprendía. Y me gustó; no solo el resultado, sino escribirlo. A partir de ahí me animé más y entonces de repente lo vi, vi que quería escribir de esa manera distinta. Luego lo hice muy rápido; bueno, muy rápido para mí: en un año.. ¿Este poemario le ha permitido reconciliarse con una faceta que quizá había dejado arrinconada?. Nunca dejé arrinconada la poesía. He seguido escribiendo o pensando sobre ella. En este tiempo he escrito sobre otros poetas o libros como ‘Las cosas como eran’, y poesía para niños en editoriales como A Buen Paso o Ediciones Tralarí, con Cintia Martín, además de publicar poemas en revistas como ‘Sibila’, ‘Aventura’ o ‘Mirlo’. No es que me hubiera separado de la poesía, sino que la poesía es así. No la escribes cuando tú quieres. Yo digo que es como un aldabón, que tienes que oírlo. Tiene que suceder algo. No sé cómo explicarlo. Lo bueno es que ahora me siento muy ilusionada. Es como si volviera a cuando publique ‘Mudanza’ (1994), que también llegó después de una crisis. En ese caso fue al sentir que pasaba de ser una jovencita a ser una mujer, y ahora es pasar de esa mujer a ser una mujer ya mayor. Creo que ‘Los versos de mi amiga’ no es un libro en absoluto fúnebre, pero en él sí se aprecia esa vecindad con la muerte, que está ahí al lado; tranquila, de momento, pero tienes que estar con un ojo vigilándola. Y eso quizá hace que vivas con más intensidad algunos aspectos de la vida.. Con el título del libro abre la puerta a la figura del doble, con esa ‘amiga’ a la que alude y con otras figuras como “la sombra que se interpone entre mi vida y el espejo”, que cita en otro de sus versos. ¿Para escribir poesía es preciso mirar la realidad desde otra perspectiva, desde fuera de sí?. Lo cierto es que se produce una especie de desdoblamiento. En ‘Mi pelo’, por ejemplo, la protagonista es una muchacha que no es que se parezca a mí, es que tiene algo que era mío y que yo he perdido. Hablo de la mujer que duerme a mi lado, o que quizá está despierta mientras yo duermo, estableciendo un diálogo entre el yo del poeta y la persona que eres. A mí no me gustan nada los poetas que están todo el día quejándose del paso del tiempo, porque me parece algo muy obvio y aburrido. Aquí he huido de eso, pero sí está esa sensación de transformación, de que todo cambia, esa realidad como de que eres otro, incluso en lo físico y en todo. Surge un asombro, como pasa también en la adolescencia, que de repente cambias. Y de ahí esa idea del doble. El juego está también en la portada; me pidieron una foto para reproducirla difuminada, en la línea de la colección, y decidí mandar una de mi juventud, porque esa que se ve ahí es mi amiga pero también soy yo. Claro que soy yo. Lo que pasa es que hay diferentes yo.. Esa Esperanza joven no deja de ser una amiga con la que sigue dialogando…. Sí, efectivamente. Lo cuento en la nota preliminar. Es como si esa amiga, que me gustaría no haber perdido y que siempre estoy buscándola, fuera quien me dicta los poemas. A veces en los poemas aparecen cosas que una no sabe por qué las ha dicho exactamente y luego las va comprendiendo poco a poco. El título tiene también que ver con que nunca es enteramente nuestro lo que escribimos. Hay una distancia ahí; es tuyo pero es de una parte de ti que muchas veces a ti misma te sorprende, al mismo tiempo que es lo más tuyo y no se lo darías a nadie. Lo explica muy bien Alejandra Pizarnik cuando escribe: ‘Explicar con palabras de este mundo / que partió de mí un barco llevándome’.. A través de sus páginas, asistimos al recorrido de toda una vida, desde el viaje a la infancia de los ‘Poemas del afilador’ y su mirada atrás sobre los recuerdos familiares (‘Entre nosotros’), hasta la ‘Fosa común’ del olvido, donde bucea en la muerte o la pérdida de los seres queridos. ¿Tenía esa estructura en mente cuando empezó a escribir?. No, nunca tengo una estructura. Incluso pienso que, en algunos casos, hay algún poema que podría haber cambiado de lugar. Yo los escribo, cuando estoy por la mitad ya voy viendo algo, componiendo, y es al final cuando los ordeno. ‘Los versos de mi amiga’ es un libro más mestizo, donde he intentado que cupiera todo, cualquier cosa de la vida si pudiera escribir un poema. Esa era la idea.. Y ahora, con el libro ya entre las manos, ¿es consciente de ese recorrido vital?. Sí, este libro tiene una unidad que le diferencia de los anteriores. Me ha influido bastante la lectura de poetas norteamericanas como Sharon Olds, Anne Sexton o Muriel Rukeyser, a las que ya había leído pero que hasta ahora no había sentido tan cercanas. Lo que más me gusta de ellas es el ímpetu y la decisión que tienen. Antes tenía tanto respeto por la poesía que sentía un poco de miedo, y ahora me he visto totalmente libre. Nunca había escrito con esta libertad para decir lo que quiera. Y esto no implica prosaísmo, sino encontrar tu manera. Yo antes iba más a lo fragmentario, a lo esencial; no podía sobrar una palabra… y en ese libro quizá me desdigo de cosas que he defendido antes en torno a la poesía. Ahora soy consciente de que también en el accidente y en lo inesperado está la poesía y la originalidad. Creo que tiene que ver con este momento de mi vida.. En uno de sus poemas escribe, en tercera persona: “Podrías encaramarte a un árbol y retar desde allí a tus poetas”. ¿Quiénes son esos poetas que le han acompañado toda la vida, invitándole a mirar la vida de otra manera?. Yo soy muy fiel a mis primeras lecturas: Rubén Dario, Bécquer, Juan Ramón Jiménez, Francisco Pino, y Dante y Rilke entre los extranjeros. Hay tantos… De los clásicos Garcilaso es mi preferido, y de los contemporáneos Eduardo Cirlot, sin duda, además de Gamoneda, María Victoria Atencia y Claudio Rodríguez, junto con las poetas norteamericanas que citaba antes. Son muchos a quienes ves como dioses, pero cuando estás escribiendo un poema siempre existe esa posibilidad. Es la maravilla de la escritura. No se trata de decir que la escritura es una salvación frente a la muerte, porque de la muerte no te salva nadie, pero sí que te ayuda a soslayarla, a defenderte de ella y a vivir sin que la muerte te paralice.. En otro momento escribe que “a los niños les extraña que sus abuelos hayan sido jóvenes”. Es otra forma de hablar de la evanescencia del tiempo, otro de los grandes temas del poemario.. Ese poema se basa en uno de mis nietos, en el momento en que, de repente, fue consciente del paso del tiempo. Se asomó a la ventana y empezó a decir: “Yo también seré papá, y seré abuelo, y seré…”. Y de golpe se detuvo, como si se hubiera dado cuenta de que en realidad nuestros pies se asientan sobre una nube, bajo la cual está el vacío. Esa sensación.
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