Un equipo de investigadores de la Escuela de Medicina Icahn en Mount Sinai (Estados Unidos) ha desarrollado una inmunoterapia experimental que podría cambiar el modo de abordar algunos de los cánceres más agresivos y difíciles de tratar. En lugar de atacar de frente a las células tumorales, la nueva estrategia pone el foco en las células que las protegen, desmantelando su escudo defensivo y permitiendo que el propio sistema inmunitario haga el resto del trabajo.. El estudio, publicado en la revista científica Cancer Cell, se ha llevado a cabo en modelos preclínicos de cáncer metastásico de pulmón y de ovario, dos tumores sólidos que concentran una elevada mortalidad y que suelen responder mal a las inmunoterapias actuales. Los resultados, aunque preliminares y limitados a animales, han sido llamativos: los ratones tratados sobrevivieron durante meses más y, en muchos casos, se curaron por completo.. La clave del enfoque reside en comprender que un tumor no está formado solo por células cancerosas. «Lo que llamamos tumor es, en realidad, un conjunto de células malignas rodeadas de otras células que las nutren y las protegen. Es una fortaleza amurallada», explica Jaime Mateus-Tique, profesor de Inmunología e Inmunoterapia en Mount Sinai y autor principal del trabajo. Esa fortaleza es uno de los principales obstáculos para la inmunoterapia, ya que impide que las defensas del organismo accedan al interior del tumor.. Entre esas células «guardianas» destacan los macrófagos asociados al tumor. En condiciones normales, los macrófagos cumplen una función esencial: son parte de la primera línea de defensa frente a infecciones y colaboran en la reparación de tejidos dañados. Sin embargo, dentro del entorno tumoral, estas células se reprograman y pasan a desempeñar el papel opuesto, bloqueando la respuesta inmunitaria y favoreciendo la supervivencia y expansión del cáncer.. Una brecha en la «muralla tumoral». Inspirados en la metáfora del caballo de Troya, los investigadores diseñaron una terapia capaz de infiltrarse en el tumor atacando precisamente a esos macrófagos protectores. Al eliminarlos o reprogramarlos, el tratamiento abre una brecha en la «muralla» tumoral y permite la entrada de células inmunitarias capaces de destruir las células cancerosas.. Para lograrlo, el equipo recurrió a una tecnología ya conocida, pero utilizada de forma novedosa: las células CAR-T. Estas células inmunitarias, modificadas genéticamente a partir de los propios linfocitos T del paciente, se emplean desde hace años para tratar ciertos cánceres de la sangre. En tumores sólidos, sin embargo, su eficacia ha sido muy limitada.. En este caso, en lugar de diseñar las CAR-T para reconocer células tumorales-algo difícil en muchos cánceres-, los científicos las programaron para identificar específicamente a los macrófagos del tumor.. Además, las células CAR-T fueron modificadas para producir interleucina-12 (IL-12), una potente molécula inmunoactivadora que estimula a las células T citotóxicas, las encargadas de destruir células infectadas o malignas. El resultado fue un doble efecto: la eliminación de las células inmunosupresoras del tumor y la activación de una respuesta inmunitaria eficaz dentro de su entorno.. Uno de los aspectos más relevantes del hallazgo es que esta estrategia no depende de un antígeno tumoral concreto, lo que abre la puerta a su uso en distintos tipos de cáncer. «Los macrófagos están presentes en prácticamente todos los tumores, a veces incluso superan en número a las propias células cancerosas. El tumor los utiliza como escudo», señala Brian Brown, director del Instituto de Genómica Icahn y coautor del estudio. «Lo emocionante es que hemos conseguido convertir a ese enemigo en aliado».. Los autores subrayan que los resultados no deben interpretarse como una cura, sino como una prueba de concepto sólida para una nueva vía terapéutica. Antes de plantear ensayos clínicos en humanos, será necesario afinar la técnica, especialmente el control de dónde y cómo se libera la IL-12, para maximizar la eficacia y minimizar posibles efectos adversos.
Probada en modelos animales de cáncer de pulmón y ovario, actúa como un caballo de Troya contra la enfermedad metastásica
Un equipo de investigadores de la Escuela de Medicina Icahn en Mount Sinai (Estados Unidos) ha desarrollado una inmunoterapia experimental que podría cambiar el modo de abordar algunos de los cánceres más agresivos y difíciles de tratar. En lugar de atacar de frente a las células tumorales, la nueva estrategia pone el foco en las células que las protegen, desmantelando su escudo defensivo y permitiendo que el propio sistema inmunitario haga el resto del trabajo.. El estudio, publicado en la revista científica Cancer Cell, se ha llevado a cabo en modelos preclínicos de cáncer metastásico de pulmón y de ovario, dos tumores sólidos que concentran una elevada mortalidad y que suelen responder mal a las inmunoterapias actuales. Los resultados, aunque preliminares y limitados a animales, han sido llamativos: los ratones tratados sobrevivieron durante meses más y, en muchos casos, se curaron por completo.. La clave del enfoque reside en comprender que un tumor no está formado solo por células cancerosas. «Lo que llamamos tumor es, en realidad, un conjunto de células malignas rodeadas de otras células que las nutren y las protegen. Es una fortaleza amurallada», explica Jaime Mateus-Tique, profesor de Inmunología e Inmunoterapia en Mount Sinai y autor principal del trabajo. Esa fortaleza es uno de los principales obstáculos para la inmunoterapia, ya que impide que las defensas del organismo accedan al interior del tumor.. Entre esas células «guardianas» destacan los macrófagos asociados al tumor. En condiciones normales, los macrófagos cumplen una función esencial: son parte de la primera línea de defensa frente a infecciones y colaboran en la reparación de tejidos dañados. Sin embargo, dentro del entorno tumoral, estas células se reprograman y pasan a desempeñar el papel opuesto, bloqueando la respuesta inmunitaria y favoreciendo la supervivencia y expansión del cáncer.. Inspirados en la metáfora del caballo de Troya, los investigadores diseñaron una terapia capaz de infiltrarse en el tumor atacando precisamente a esos macrófagos protectores. Al eliminarlos o reprogramarlos, el tratamiento abre una brecha en la «muralla» tumoral y permite la entrada de células inmunitarias capaces de destruir las células cancerosas.. Para lograrlo, el equipo recurrió a una tecnología ya conocida, pero utilizada de forma novedosa: las células CAR-T. Estas células inmunitarias, modificadas genéticamente a partir de los propios linfocitos T del paciente, se emplean desde hace años para tratar ciertos cánceres de la sangre. En tumores sólidos, sin embargo, su eficacia ha sido muy limitada.. En este caso, en lugar de diseñar las CAR-T para reconocer células tumorales-algo difícil en muchos cánceres-, los científicos las programaron para identificar específicamente a los macrófagos del tumor.. Además, las células CAR-T fueron modificadas para producir interleucina-12 (IL-12), una potente molécula inmunoactivadora que estimula a las células T citotóxicas, las encargadas de destruir células infectadas o malignas. El resultado fue un doble efecto: la eliminación de las células inmunosupresoras del tumor y la activación de una respuesta inmunitaria eficaz dentro de su entorno.. Uno de los aspectos más relevantes del hallazgo es que esta estrategia no depende de un antígeno tumoral concreto, lo que abre la puerta a su uso en distintos tipos de cáncer. «Los macrófagos están presentes en prácticamente todos los tumores, a veces incluso superan en número a las propias células cancerosas. El tumor los utiliza como escudo», señala Brian Brown, director del Instituto de Genómica Icahn y coautor del estudio. «Lo emocionante es que hemos conseguido convertir a ese enemigo en aliado».. Los autores subrayan que los resultados no deben interpretarse como una cura, sino como una prueba de concepto sólida para una nueva vía terapéutica. Antes de plantear ensayos clínicos en humanos, será necesario afinar la técnica, especialmente el control de dónde y cómo se libera la IL-12, para maximizar la eficacia y minimizar posibles efectos adversos.
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