Los investigadores consideran que pertenece a una aristocracia picena del siglos VI a.C.
El pasado 1 de julio, el Ministerio de Cultura italiano comunicó que durante las excavaciones realizadas en Sirolo, localidad en la provincia de Ancona, en el centro de la península itálica, se dio con una sepultura picena que data de más de 2500 años de antigüedad. Stefano Finocchi, director científico del proyecto, expresó en un comunicado su felicidad, ya que «por primera vez no se trata únicamente de la aparición de una tumba solitaria, sino de un conjunto de pruebas de una aristocracia». Efectivamente, dentro del resto fúnebre se encontraron, prácticamente intactos, algunos objetos con los que fueron enterrados los difuntos. El sepulcro principal le corresponde a un hombre, y en su interior se dispuso un carro de dos ruedas. Ésto, para el equipo involucrado, supone uno de los indicios más evidentes de que la sepultura le pertenecía a una sociedad o familia de grandes ingresos. El resto de elementos depositados, según el medio francés Le Figaro, eran armas, como un hacha, una espada y una lanza, lo que Finocchi cataloga de «sumo interés». Más allá de los enseres bélicos, junto al hombre se encontró un «oinochoe», una jarra de vino hecha de bronce típica de la cultura etrusca y un «difros», un taburete sin respaldo común en la Antigua Grecia, la cual era símbolo de estatus. También se halló el nicho de una mujer que fue enterrada con telas y unos zapatos ornamentados con hebillas metálicas, en una muy posible representación de su privilegiado estrato social. De hecho, sus ropajes también fueron encontrados con varios broches. Probablemente asociados al comercio marítimo Todos estos inéditos restos fueron encontrados próximos al monte Conero, y datan del siglo VI a.C. Por ello, permite ahondar en el estudio de una civilización que durante los siglos VII y VI a.C. vivió en la región adriática y, observando la opulencia de sus ataúdes, fue uno de los pueblos clave en el curso del comercio marino del momento. Además, los restos de la perecida permiten también conocer un poco mejor su ideal femenino. Los picenos, que habitaron en el territorio que comprende los Apeninos y el mar Adriático entre los siglos IX y III a.C., es uno de los pueblos de los que menos registros se conservan. Sin embargo, tanto Finocchi como el resto del grupo de trabajo, observan el sepulcro como una fortaleza para poder dar a conocer un trozo de la historia de la Italia prerrománica.
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El pasado 1 de julio, el Ministerio de Cultura italiano comunicó que durante las excavaciones realizadas en Sirolo, localidad en la provincia de Ancona, en el centro de la península itálica, se dio con una sepultura picena que data de más de 2500 años de antigüedad. Stefano Finocchi, director científico del proyecto, expresó en un comunicado su felicidad, ya que «por primera vez no se trata únicamente de la aparición de una tumba solitaria, sino de un conjunto de pruebas de una aristocracia».Efectivamente, dentro del resto fúnebre se encontraron, prácticamente intactos, algunos objetos con los que fueron enterrados los difuntos. El sepulcro principal le corresponde a un hombre, y en su interior se dispuso un carro de dos ruedas. Ésto, para el equipo involucrado, supone uno de los indicios más evidentes de que la sepultura le pertenecía a una sociedad o familia de grandes ingresos. El resto de elementos depositados, según el medio francés Le Figaro, eran armas, como un hacha, una espada y una lanza, lo que Finocchi cataloga de «sumo interés».Más allá de los enseres bélicos, junto al hombre se encontró un «oinochoe», una jarra de vino hecha de bronce típica de la cultura etrusca y un «difros», un taburete sin respaldo común en la Antigua Grecia, la cual era símbolo de estatus.También se halló el nicho de una mujer que fue enterrada con telas y unos zapatos ornamentados con hebillas metálicas, en una muy posible representación de su privilegiado estrato social. De hecho, sus ropajes también fueron encontrados con varios broches.Todos estos inéditos restos fueron encontrados próximos al monte Conero, y datan del siglo VI a.C. Por ello, permite ahondar en el estudio de una civilización que durante los siglos VII y VI a.C. vivió en la región adriática y, observando la opulencia de sus ataúdes, fue uno de los pueblos clave en el curso del comercio marino del momento. Además, los restos de la perecida permiten también conocer un poco mejor su ideal femenino.Los picenos, que habitaron en el territorio que comprende los Apeninos y el mar Adriático entre los siglos IX y III a.C., es uno de los pueblos de los que menos registros se conservan. Sin embargo, tanto Finocchi como el resto del grupo de trabajo, observan el sepulcro como una fortaleza para poder dar a conocer un trozo de la historia de la Italia prerrománica.
