En estos días pródigos en farsas, parodias, sátiras y documentales, algo nos dice que Una buena vida, de Carolina África, es una función diferente. La recoleta Sala de la Princesa, del Teatro María Guerrero, se ha transformado en una habitación hospitalaria. En una de sus camas hay una joven, con cara de circunstancias. En la otra, dormita una octogenaria. Estamos en plena Filomena, en enero de 2021.. Seguir leyendo
En estos días pródigos en farsas, parodias, sátiras y documentales, algo nos dice que Una buena vida, de Carolina África, es una función diferente. La recoleta Sala de la Princesa, del Teatro María Guerrero, se ha transformado en una habitación hospitalaria. En una de sus camas hay una joven, con cara de circunstancias. En la otra, dormita una octogenaria. Estamos en plena Filomena, en enero de 2021. Seguir leyendo
En estos días pródigos en farsas, parodias, sátiras y documentales, algo nos dice que Una buena vida, de Carolina África, es una función diferente. La recoleta Sala de la Princesa, del Teatro María Guerrero, se ha transformado en una habitación hospitalaria. En una de sus camas hay una joven, con cara de circunstancias. En la otra, dormita una octogenaria. Estamos en plena Filomena, en enero de 2021.
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