Iba a titular esta segunda crónica dedicada a León XIV “abrazo madrileño” pero lo cambié por “saludo papal” y es que, una que es quisquillosa y protocolaria, se molesta cuando la ignorancia o el complejo hacen que el comportamiento en público de las autoridades sea poco estético y hasta ridículo. Ya lo observamos el otro día cuando Ayuso fue a Roma a entregar un presente al Papa: su saludo fue una especie de contorsionismo que no significó nada; lo mejoró en el patio de armas del Palacio Real en que amagó un “plongeon” bastante discreto.. Quienes representan un cargo deben instruirse en cómo actuar en cada momento y al máximo representante de la iglesia católica tradicionalmente se le besa, o se le hace una simulación de besar el “anillo del pescador”, el anillo pontificio. Que el marrullerismo de los integrantes del gobierno actual haga lo que quiera. No se le pueden pedir peras al olmo de cuyas ramas cuelga la chusma hortera gobernante. Tampoco propugno el meapilismo, pero sí las formas, la liturgia, la pompa y la circunstancia que tanto envidio de los británicos.. Pero, en fin, Santo Padre, me consta que España está recibiéndole con el corazón abierto de par en par a la espera de que su presencia sirva para que la esperanza vuelva a brotar en algunas vidas hueras de fe en las vanas promesas llenas de argucias, mentiras, mangancias y fiascos. No sé si la religión pudiera meter mano por ahí porque al que es sinvergüenza, sucio y tramposo se la soplan los mensajes apostólicos y el propósito de una enmienda que jamás se va a producir. Vuestra Santidad es padre, pastor y guía y son muchos los que se acercan este fin de semana a la capital para sentirse bendecido por el sucesor de Pedro. Tengo que reconocer que las 39 salvas con que se le recibió y el repicar de las campanas en todas las iglesias de mi alrededor me emocionaron. Sigo atenta a la evolución de su visita.
Las formas son importantes: al máximo representante de la iglesia católica tradicionalmente se le besa, o se le hace una simulación de besar el “anillo del pescador”, el anillo pontificio
Iba a titular esta segunda crónica dedicada a León XIV “abrazo madrileño” pero lo cambié por “saludo papal” y es que, una que es quisquillosa y protocolaria, se molesta cuando la ignorancia o el complejo hacen que el comportamiento en público de las autoridades sea poco estético y hasta ridículo. Ya lo observamos el otro día cuando Ayuso fue a Roma a entregar un presente al Papa: su saludo fue una especie de contorsionismo que no significó nada; lo mejoró en el patio de armas del Palacio Real en que amagó un “plongeon” bastante discreto.. Quienes representan un cargo deben instruirse en cómo actuar en cada momento y al máximo representante de la iglesia católica tradicionalmente se le besa, o se le hace una simulación de besar el “anillo del pescador”, el anillo pontificio. Que el marrullerismo de los integrantes del gobierno actual haga lo que quiera. No se le pueden pedir peras al olmo de cuyas ramas cuelga la chusma hortera gobernante. Tampoco propugno el meapilismo, pero sí las formas, la liturgia, la pompa y la circunstancia que tanto envidio de los británicos.. Pero, en fin, Santo Padre, me consta que España está recibiéndole con el corazón abierto de par en par a la espera de que su presencia sirva para que la esperanza vuelva a brotar en algunas vidas hueras de fe en las vanas promesas llenas de argucias, mentiras, mangancias y fiascos. No sé si la religión pudiera meter mano por ahí porque al que es sinvergüenza, sucio y tramposo se la soplan los mensajes apostólicos y el propósito de una enmienda que jamás se va a producir. Vuestra Santidad es padre, pastor y guía y son muchos los que se acercan este fin de semana a la capital para sentirse bendecido por el sucesor de Pedro. Tengo que reconocer que las 39 salvas con que se le recibió y el repicar de las campanas en todas las iglesias de mi alrededor me emocionaron. Sigo atenta a la evolución de su visita.
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