Excéntricos, rebuscados, lunáticos, marginales, fantásticos, eremitas, ascetas, anacoretas, místicos, sacrificados, martirizados, reyes, plebeyos, raros, severos, apasionados, distraídos, lúcidos, gozadores, blancos, africanos, indígenas, pobres, ricos, niños, jóvenes, longevos, hombres y mujeres. Los cientos de nombres que desfilan por Apuntes para una historia de la vida de los santos (Laurel, 2026), el más reciente libro del poeta Juan Cristóbal Romero (Santiago, 1974), dan cuenta de la variedad de personajes que componen un santoral muy particular. Este elenco excede al de cualquier iglesia e incluye en sus filas a santos legendarios, figuras de la religiosidad popular y santos que parecen no ser del todo santos. Compuesto por frases brevísimas que se extienden por un centenar de páginas, este volumen juega con las formas verbales para multiplicar las imágenes y significados, entrecruzando el lenguaje poético con el aforismo y un enciclopedismo juguetón.. Seguir leyendo
‘Apuntes para una historia de la vida de los santos’ de Juan Cristóbal Romero vuelve a mostrar que el autor es un hábil constructor del humor poético
Excéntricos, rebuscados, lunáticos, marginales, fantásticos, eremitas, ascetas, anacoretas, místicos, sacrificados, martirizados, reyes, plebeyos, raros, severos, apasionados, distraídos, lúcidos, gozadores, blancos, africanos, indígenas, pobres, ricos, niños, jóvenes, longevos, hombres y mujeres. Los cientos de nombres que desfilan por Apuntes para una historia de la vida de los santos (Laurel, 2026), el más reciente libro del poeta Juan Cristóbal Romero (Santiago, 1974), dan cuenta de la variedad de personajes que componen un santoral muy particular. Este elenco excede al de cualquier iglesia e incluye en sus filas a santos legendarios, figuras de la religiosidad popular y santos que parecen no ser del todo santos. Compuesto por frases brevísimas que se extienden por un centenar de páginas, este volumen juega con las formas verbales para multiplicar las imágenes y significados, entrecruzando el lenguaje poético con el aforismo y un enciclopedismo juguetón.. Este es el cuarto libro de Apuntes de Romero, quien ya antes había explorado, en sus Apuntes para una historia de la poesía chilena (2017), Apuntes para una historia de la dictadura cívico-militar (2020) y Apuntes para una historia del Quijote (2023), de qué manera oraciones breves y continuas, sin contexto, explicación ni desarrollo, podrían sugerir relaciones entre hechos aparentemente independientes y crear imágenes de una enorme capacidad sugestiva. El lenguaje que compone estos libros es llano e informativo, al borde del burocratismo que se quiere limitar a transmitir un simple dato en el menor espacio posible. Sin embargo, ese mismo esfuerzo dota a la suma de estas frases de una alta significación: “Catalina de Siena era la más pequeña en una familia de veinticinco hermanos. / Genoveva de París era vegetariana. / A san Roque lo alimentaba un perro. / Teresa de Ávila levitaba”.. Página a página se siguen los datos más excéntricos y rocambolescos, extendiendo los tentáculos hacia historias de mártires desconocidos, milagros rebuscados y datos curiosos. La dimensión sobrenatural aparece a borbotones, pues sin el aspecto divino se vuelve inexplicable no solo tanto sacrificio y abnegación, sino sobre todo la irrupción de elementos fantásticos que quedan expuestos ante nosotros, los lectores, sin informaciones complementarias. Es que, como suele hacer Romero en sus Apuntes, aquí no se está desplegando historia oficial ni académica: no importan las fuentes ni las notas al pie, no es relevante la congruencia con otros discursos ni menos aún la posibilidad de comprobar factualmente los hechos aquí signados. El objetivo apunta a otra dirección: hacer que el lenguaje llano, breve e ilustrativo multiplique sus significados, se entretenga lúdicamente con las formas y demuestre la multiplicidad de lo humano.. Aparece en este volumen una gran variedad de personajes conocidos, desde san Pedro y los apóstoles hasta san Juan Pablo II, pasando por los canonizados más relevantes de Occidente (Martín de Porres, Juan de la Cruz, Teresa de Ávila, Agustín de Hipona o Esteban). Sin embargo, también hay un amplísimo santoral de segunda y tercera línea cuyas historias trenzan la excentricidad con la maravilla (“Los asesinos que le devoraron las entrañas a Cirilo de Baalbek perdieron la lengua y los dientes”, “Honorato de Arlés acabó con todas las serpientes de la isla de Lerina”, “A san Onofre lo alimentó un ángel durante setenta años”, y así).. La santidad aquí expuesta coquetea a veces con lo iconoclasta o lo incorrecto (a ojos actuales). Así, vemos altares poblados con figuras que pueden resultar algo complejas o incómodas para la sociedad contemporánea, acostumbrada al hablar de estas materias a un decoro y pudor que poco tienen que ver con lo que aquí consigna Romero: “Después de vivir veinte años como anacoreta, María de Edesa se hizo prostituta” (aunque luego volvió a las filas del ascetismo), “Carlomagno recibió de un ángel el prepucio de Cristo”, “Jesús dirigiéndose a Cristina Ebner: Vengo a ti con el deseo del esposo en el lecho de su prometida”. Pareciera, por tanto, que no hay solo trayectorias unívocas hacia una santidad aséptica e infantil, sino diversas posibilidades de acercarse a una divinidad siempre radical, que en cierto sentido lo exige todo y lo da todo.. Este genial volumen vuelve a mostrar que el autor es un hábil constructor del humor poético. La solemnidad de la entrega radical a Dios y el dramatismo del martirio se alterna continuamente con altas dosis de ironía. Los santos de Romero ríen, cuentan chistes, tocan instrumentos, gastan bromas y dejan estupefactos a sus contertulios: “Tomás Moro evitaba almorzar con gente que no supiera contar chistes”, dice la primera frase del libro. “San Bernardino no paraba de hacer bromas. / (…) San Felipe Neri. Patrono de los humoristas”. El libro no solo muestra los destinos brutales que sufrieron aquellos que perdieron la vida en nombre de Dios, sino también aquella dimensión lúdica e irónica que abundan en las biografías de los canonizados. Eso muestra, como queda claro en este volumen, la enorme multiplicidad de un santoral donde parecen caber todos los tipos humanos y todas las experiencias vitales.. Juan Cristóbal Romero es dueño de una de las trayectorias poéticas más sólidas de la actual literatura chilena. Su antología Índice (Tácitas, 2022), que compila dos décadas de creación, da cuenta de una voz original, una imaginación prodigiosa y un manejo notable de la versificación. Estos Apuntes para una historia de las vidas de los santos complementan esa excepcionalidad con un proyecto que entrecruza los juegos de palabras y multiplica los sentidos a partir de la enumeración aforística. Por medio de la observación de una realidad amplísima y profunda —como lo es la relación de hombres y mujeres con la divinidad y la búsqueda de la santidad— se confirma el lugar cada vez más relevante de su autor en la literatura nacional.. Joaquín Castillo es doctor en literatura por la Pontificia Universidad Católica de Chile, profesor asistente del Instituto de Literatura de la Universidad de los Andes (Chile) y editor de la revista ‘Punto y coma’ del Instituto de Estudios de la Sociedad (IES)
