“Lo que estamos haciendo ahora en el mundo, degradando las superficies terrestres, contaminando las aguas y añadiendo gases de efecto invernadero a la atmósfera a un ritmo sin precedentes es algo nuevo en la experiencia de la Tierra. Son la humanidad y sus actividades las que están cambiando el medio ambiente de nuestro planeta de forma dañina y peligrosa”. ¿Quién pudo pronunciar estas palabras? ¿El líder de una organización ecologista? ¿Algún peligroso extremista? ¿Un decrecentista? Ninguno de ellos. Fue Margaret Thatcher ante la Asamblea General de Naciones Unidas en 1989. La líder conservadora británica se mostraba ya entonces preocupada por el cambio del clima y calificaba la “amenaza sobre el medio ambiente” como el desafío más evidente al que se enfrentaba la humanidad. Para darle respuesta proponía medidas que tenían que tomar los Estados en su interior y otras que requerían de cooperación internacional. Entre estas últimas, nada menos que la conformación con carácter permanente del Panel Internacional de Expertos en Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés), en cuyo impulso inicial jugó un papel clave.. Seguir leyendo
El PP debería exponer su modelo de transición ecológica, en lugar de retroceder décadas en sus ideas sobre el cambio climático
“Lo que estamos haciendo ahora en el mundo, degradando las superficies terrestres, contaminando las aguas y añadiendo gases de efecto invernadero a la atmósfera a un ritmo sin precedentes es algo nuevo en la experiencia de la Tierra. Son la humanidad y sus actividades las que están cambiando el medio ambiente de nuestro planeta de forma dañina y peligrosa”. ¿Quién pudo pronunciar estas palabras? ¿El líder de una organización ecologista? ¿Algún peligroso extremista? ¿Un decrecentista? Ninguno de ellos. Fue Margaret Thatcher ante la Asamblea General de Naciones Unidas en 1989. La líder conservadora británica se mostraba ya entonces preocupada por el cambio del clima y calificaba la “amenaza sobre el medio ambiente” como el desafío más evidente al que se enfrentaba la humanidad. Para darle respuesta proponía medidas que tenían que tomar los Estados en su interior y otras que requerían de cooperación internacional. Entre estas últimas, nada menos que la conformación con carácter permanente del Panel Internacional de Expertos en Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés), en cuyo impulso inicial jugó un papel clave.. Thatcher abogaba de forma clara por un crecimiento económico “que no saquee el planeta hoy y deje que nuestros hijos tengan que lidiar con las consecuencias mañana” y dejó esta reflexión sobre los mercados: “Debemos recordar siempre que los mercados libres son un medio para alcanzar un fin. No cumplirían su objetivo si sus resultados causaran más daño a la calidad de vida a través de la contaminación que el bienestar que logran con la producción de bienes y servicios”. La Dama de Hierro no ha sido la única preocupada por esta cuestión, y aunque en España aún nos resulte extraño, en Alemania, Reino Unido y EE UU los conservadores llevan décadas asumiendo el desafío climático como algo propio y reivindicándolo en distintas esferas.. En los últimos años, think tanks y entidades de carácter liberal y conservador en toda Europa —también en España— están reivindicando un espacio propio en este debate. Desde un punto de vista ideológico, justifican su preocupación por el medio ambiente en “el deber común de preservar nuestro planeta para futuras generaciones”, como se puede leer en el manifiesto de Oikos, un think tank que tiene como objetivo desarrollar un discurso medioambiental dentro de los valores liberales y conservadores y que acaba de publicar un libro firmado por Toni Timoner y Luis Quiroga titulado El ecologista de derechas (Deusto). Entienden estos autores que, si se manifiestan defensores de la vida, no pueden dejar al margen el espacio donde esta tiene lugar: el planeta Tierra. Ya en su Propuesta de un medioambientalismo alternativo, en 2022, Quiroga y Timoner ahondaban en esta idea y afirmaban que “conservar es un valor conservador”. Lo hacían ya entonces desde una visión intergeneracional que equipara conceptos como propiedad y medio ambiente: “Es a los descendientes, conocidos y por conocer, a los que se desea traspasar el legado creado: propiedad, pero también valores, tradiciones y entorno natural”. En este sentido, la conservación del medio natural se convierte para estos autores en una cuestión moral.. Si saltamos del plano teórico al político, un repaso por los programas electorales de los principales partidos conservadores europeos desde 2021 muestra la incorporación de medidas en defensa del clima como algo ligado a la idea de crecimiento sostenible. “Crecimiento sostenible y protección del clima van de la mano”, se puede leer en el programa de la CDU de 2021. A esta idea se une la de una ecología que se reclama como “antipunitiva”, como afirmaba la francesa Valérie Précresse en 2022. “Quiero una ecología de progreso y soluciones, no una ecología punitiva y antisocial”, afirmaba.. Son sólo algunos ejemplos que muestran cómo la familia conservadora europea ha ido incorporando en los últimos años la preocupación por la conservación ambiental, poniendo en valor una tradición que había perdido en buena parte de los Estados y reivindicando un lugar propio. Su modelo de transición parte de premisas liberales o neoliberales y pone el énfasis en el papel del mercado y la tecnología. No tiene nada que ver con visiones decrecentistas, y muy poco con la idea de transición justa que defienden las izquierdas, pero han ido creando un corpus de modelo de transición desde sus parámetros ideológicos. Por eso resulta poco creíble que el Partido Popular en España esté ahora mismo retrocediendo décadas al deslizarse por la senda negacionista, como se desprende de las declaraciones de su portavoz, Ester Muñoz: “Que el clima cambia es algo que ha ocurrido durante la historia de la humanidad y de la Tierra, eso es de perogrullo; ahora bien, ¿cómo actúa el ser humano frente a las cosas que cambian?”. Lo hace, además, en un momento en que los acuerdos que firma con Vox en las comunidades autónomas están incorporando estas posiciones negacionistas y contrarias incluso a la Agenda 2030, firmada por 193 países en el seno de Naciones Unidas.. Con declaraciones como la de la portavoz, el PP estaría retrotrayéndose nada menos que a la segunda etapa del negacionismo. La primera negaba la existencia del cambio climático; la segunda ya no lo negaba pero cuestionaba que fuera producido por la acción de los humanos, y es aquí donde se enmarcarían las declaraciones de la portavoz Muñoz. Pero de esto han pasado décadas. Tras abandonar esa tesis, el negacionismo mutó a un nuevo enfoque en el que ya no niega ni la existencia del calentamiento ni el hecho de que tenga orígenes antropogénicos, pero duda de los impactos que pueda tener. Finalmente, a estas tres visiones se une hoy una cuarta, llamada “retardista”, que no se centra en negar el cambio climático, ni su origen humano, ni los efectos, sino en cuestionar qué medidas adoptar y su eficacia, señalando la inoportunidad o bien de las medidas o bien del momento o de la coyuntura para tomarlas. Para el retardismo siempre habrá una guerra, una pandemia o una crisis económica que impida dar prioridad a la emergencia climática.. En una transición ya en marcha, como es la ecológica, con sectores productivos enteros en transición, con toda una revolución en el ámbito energético, con enormes cantidades de dinero invertidas y el planeta que siente ya sin remedio los efectos de la crisis climática, es poco creíble que el Partido Popular vuelva a un negacionismo arcaico, ni en España ni en Europa. Cosa diferente es que tenga su propio modelo de transición, e incluso que quiera ir dilatando cambios y plazos, como se está viendo en las políticas de la UE bajo la presión de la ultraderecha, o que el cambio de modelo energético que antes propugnaba en aras de la “sostenibilidad” ahora lo haga bajo el paraguas de la “seguridad”.. En lugar de jugar a coquetear con el negacionismo, los populares harían bien en mostrar cuál es su modelo de transición ecológica, incluyendo aquí las políticas de adaptación para construir territorios más resilientes a las próximas danas, a los siguientes incendios o a las olas de calor por venir. Los científicos del clima nos dicen que andamos por terreno desconocido porque no sabemos cómo reacciona el planeta en estas condiciones. Pero una cosa hay clara: vendrán más danas, más incendios de sexta generación, más olas de calor, y fenómenos que aún desconocemos. Urgen políticas de adaptación que contradigan a Sánchez Ferlosio cuando anunciaba: “Vendrán más años malos y nos harán más ciegos”.
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