Un estudio internacional con participación de la Facultad de Veterinaria de la Universidad de Córdoba (UCO) ha analizado por primera vez el genoma completo de las razas Barrocas y desvela la huella imborrable de la Pura Raza Española en el Lipizzano, Lusitano, Murgese y en las razas criollas de América del Sur. La UCO ha explicado en una nota que durante siglos, la tradición oral y los archivos históricos han repetido que el caballo español, forjado en las dehesas y caballerizas de Córdoba y del Sur de la Península Ibérica desde el siglo XVI, fue la semilla de la que nacieron algunas de las razas de caballos más admiradas de Europa y América. De esta manera, un equipo científico internacional, en el que participa la UCO y el Laboratorio de Investigación Aplicada de Cría Caballar de las Fuerzas Armadas, ha publicado el primer estudio de diversidad genómica a gran escala centrado en las razas de caballo «Barrocas», confirmando que la Pura Raza Española (PRE), también conocida como caballo andaluz, actuó como auténtico eje genético en la construcción de estas estirpes. El trabajo sitúa el origen de la Pura Raza Española en la segunda mitad del siglo XVI, en torno a la fundación en 1568 de la Yeguada Real de Córdoba por orden de Felipe II, germen de las históricas Caballerizas Reales de Córdoba y que siglos más tarde Federico García Lorca inmortalizaría como «la catedral de los caballos». Allí, mediante una cría selectiva impulsada por la nobleza y las órdenes religiosas, se forjó el prototipo del caballo andaluz, compacto, ágil, dócil y de temperamento noble, ideal para la naciente Alta Escuela de las cortes europeas y la tauromaquia a caballo. Ese caballo, nacido en las dehesas y caballerizas cordobesas, se convirtió con el tiempo en el referente sobre el que se edificaron otras razas Barrocas como el Lipizzano, el Lusitano o el Murgese. Para comprobarlo con rigor científico, el equipo investigador analizó y comparó el ADN de 440 caballos pertenecientes a quince razas de todo el mundo, combinando técnicas de genómica poblacional de última generación. El estudio aporta además una confirmación genética de gran valor cultural como es la expansión del comercio español hacia América a partir del siglo XVI que llevó también el caballo andaluz al otro lado del Atlántico, donde se convirtió en la base de razas criollas como el Paso Fino Puertorriqueño, el Paso Peruano y el Mangalarga Paulista brasileño. El análisis genómico confirma que estas razas «Barrocas-derivadas» se agrupan genéticamente junto a sus parientes europeos y conservan, cientos de años después, un componente ancestral heredado de la Pura Raza Española, especialmente visible en el Paso Peruano y el Paso Fino.
Los investigadores han analizado el ADN de 440 caballos pertenecientes a quince razas de todo el mundo
Un estudio internacional con participación de la Facultad de Veterinaria de la Universidad de Córdoba (UCO) ha analizado por primera vez el genoma completo de las razas Barrocas y desvela la huella imborrable de la Pura Raza Española en el Lipizzano, Lusitano, Murgese y en las razas criollas de América del Sur.La UCO ha explicado en una nota que durante siglos, la tradición oral y los archivos históricos han repetido que el caballo español, forjado en las dehesas y caballerizas de Córdoba y del Sur de la Península Ibérica desde el siglo XVI, fue la semilla de la que nacieron algunas de las razas de caballos más admiradas de Europa y América.De esta manera, un equipo científico internacional, en el que participa la UCO y el Laboratorio de Investigación Aplicada de Cría Caballar de las Fuerzas Armadas, ha publicado el primer estudio de diversidad genómica a gran escala centrado en las razas de caballo «Barrocas», confirmando que la Pura Raza Española (PRE), también conocida como caballo andaluz, actuó como auténtico eje genético en la construcción de estas estirpes.El trabajo sitúa el origen de la Pura Raza Española en la segunda mitad del siglo XVI, en torno a la fundación en 1568 de la Yeguada Real de Córdoba por orden de Felipe II, germen de las históricas Caballerizas Reales de Córdoba y que siglos más tarde Federico García Lorca inmortalizaría como «la catedral de los caballos».Allí, mediante una cría selectiva impulsada por la nobleza y las órdenes religiosas, se forjó el prototipo del caballo andaluz, compacto, ágil, dócil y de temperamento noble, ideal para la naciente Alta Escuela de las cortes europeas y la tauromaquia a caballo.Ese caballo, nacido en las dehesas y caballerizas cordobesas, se convirtió con el tiempo en el referente sobre el que se edificaron otras razas Barrocas como el Lipizzano, el Lusitano o el Murgese.Para comprobarlo con rigor científico, el equipo investigador analizó y comparó el ADN de 440 caballos pertenecientes a quince razas de todo el mundo, combinando técnicas de genómica poblacional de última generación.El estudio aporta además una confirmación genética de gran valor cultural como es la expansión del comercio español hacia América a partir del siglo XVI que llevó también el caballo andaluz al otro lado del Atlántico, donde se convirtió en la base de razas criollas como el Paso Fino Puertorriqueño, el Paso Peruano y el Mangalarga Paulista brasileño.El análisis genómico confirma que estas razas «Barrocas-derivadas» se agrupan genéticamente junto a sus parientes europeos y conservan, cientos de años después, un componente ancestral heredado de la Pura Raza Española, especialmente visible en el Paso Peruano y el Paso Fino.
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