La idea del vehículo militar siempre ha sido la misma: un conductor al volante, una tripulación y, en muchos casos, soldados transportando munición, combustible o suministros hacia la primera línea. Pero esa imagen podría empezar a cambiar. El Cuerpo de Marines de Estados Unidos ha adjudicado su primer contrato de producción para desplegar vehículos terrestres completamente autónomos, un paso que marca la entrada de esta tecnología en operaciones reales y no solo en programas de demostración. El contrato, valorado en cerca de 20 millones de dólares, permitirá a la empresa estadounidense Overland AI entregar más de una docena de estos vehículos antes de comienzos de 2027. Aunque el anuncio pueda recordar a la llegada de los coches autónomos a las carreteras, el desafío tecnológico es mucho mayor. La mayoría de los vehículos autónomos civiles dependen de mapas de alta precisión, señales de tráfico perfectamente definidas y, en muchos casos, de una conexión continua con sistemas de posicionamiento por satélite. En un conflicto armado ocurre exactamente lo contrario. Los caminos pueden desaparecer tras una explosión, los puentes quedar destruidos, las comunicaciones ser interferidas deliberadamente y las señales GPS resultar inutilizables mediante guerra electrónica. Eso obliga al vehículo a tomar decisiones por sí mismo. Gracias a un conjunto de cámaras, sensores, radares y algoritmos de inteligencia artificial, estos vehículos son capaces de interpretar el terreno, identificar obstáculos y calcular rutas alternativas incluso cuando pierden la comunicación con sus operadores. Según Overland AI, esa autonomía permite que el vehículo continúe avanzando aunque quede aislado de la red de comunicaciones, una capacidad especialmente importante en escenarios donde el enemigo intenta bloquear o interferir las transmisiones. Pese a que la palabra «robot militar» suele evocar máquinas armadas, este vehículo nace con una misión mucho menos llamativa, pero posiblemente más importante: transportar suministros. Desde munición, baterías, combustible hasta repuestos o equipos que podrán llegar a las unidades desplegadas sin exponer a un conductor al fuego enemigo. En esta primera fase, el ULTRA apoyará al sistema Marine Air Defense Integrated System (MADIS), encargado de proteger a las tropas frente a drones y aeronaves de baja cota. En lugar de sustituir a los vehículos de combate existentes, actuará como un compañero logístico capaz de mantener abastecidas a las unidades mientras estas permanecen desplegadas. Puede parecer una tarea secundaria, pero la historia militar demuestra que la logística suele decidir el resultado de las guerras. Los ejércitos modernos consumen enormes cantidades de combustible, munición y material. En conflictos recientes, como la guerra de Ucrania, los convoyes de abastecimiento se han convertido en uno de los objetivos prioritarios de drones, misiles y artillería. Eliminar al condu
Su función será transportar munición, baterías, combustible, repuestos o equipos podrán llegar hasta las unidades desplegadas sin exponer a un conductor al fuego enemigo.
La idea del vehículo militar siempre ha sido la misma: un conductor al volante, una tripulación y, en muchos casos, soldados transportando munición, combustible o suministros hacia la primera línea. Pero esa imagen podría empezar a cambiar.El Cuerpo de Marines de Estados Unidos ha adjudicado su primer contrato de producción para desplegar vehículos terrestres completamente autónomos, un paso que marca la entrada de esta tecnología en operaciones reales y no solo en programas de demostración. El contrato, valorado en cerca de 20 millones de dólares, permitirá a la empresa estadounidense Overland AI entregar más de una docena de estos vehículos antes de comienzos de 2027. Aunque el anuncio pueda recordar a la llegada de los coches autónomos a las carreteras, el desafío tecnológico es mucho mayor. La mayoría de los vehículos autónomos civiles dependen de mapas de alta precisión, señales de tráfico perfectamente definidas y, en muchos casos, de una conexión continua con sistemas de posicionamiento por satélite. En un conflicto armado ocurre exactamente lo contrario. Los caminos pueden desaparecer tras una explosión, los puentes quedar destruidos, las comunicaciones ser interferidas deliberadamente y las señales GPS resultar inutilizables mediante guerra electrónica. Eso obliga al vehículo a tomar decisiones por sí mismo.Gracias a un conjunto de cámaras, sensores, radares y algoritmos de inteligencia artificial, estos vehículos son capaces de interpretar el terreno, identificar obstáculos y calcular rutas alternativas incluso cuando pierden la comunicación con sus operadores. Según Overland AI, esa autonomía permite que el vehículo continúe avanzando aunque quede aislado de la red de comunicaciones, una capacidad especialmente importante en escenarios donde el enemigo intenta bloquear o interferir las transmisiones.Pese a que la palabra «robot militar» suele evocar máquinas armadas, este vehículo nace con una misión mucho menos llamativa, pero posiblemente más importante: transportar suministros. Desde munición, baterías, combustible hasta repuestos o equipos que podrán llegar a las unidades desplegadas sin exponer a un conductor al fuego enemigo. En esta primera fase, el ULTRA apoyará al sistema Marine Air Defense Integrated System (MADIS), encargado de proteger a las tropas frente a drones y aeronaves de baja cota. En lugar de sustituir a los vehículos de combate existentes, actuará como un compañero logístico capaz de mantener abastecidas a las unidades mientras estas permanecen desplegadas. Puede parecer una tarea secundaria, pero la historia militar demuestra que la logística suele decidir el resultado de las guerras. Los ejércitos modernos consumen enormes cantidades de combustible, munición y material. En conflictos recientes, como la guerra de Ucrania, los convoyes de abastecimiento se han convertido en uno de los objetivos prioritarios de drones, misiles y artillería. Eliminar al conductor
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