España juega contra Irak su último partido en España, antes de cruzar el Atlántico y empezar la preparación en el Mundial. Es un encuentro sin historia, con poco fútbol y pocas conclusiones, pero que ha sido bonito por el ambiente en La Coruña y por lo que ha sucedido al sonar el himno.. La descripción de Juan Carlos Rivero. Riazor vivió algo que no se ve cada día antes de un partido de fútbol. Cincuenta músicos, entre gaiteros y percusionistas, tomaron el césped para interpretar el himno nacional, y el estadio respondió como suelen responder los estadios cuando algo les sorprende de verdad: con entusiasmo, con banderas en alto y con una ovación que llenó las gradas antes de que empezara el fútbol. Juan Carlos Rivero, que narraba el partido para Televisión Española, lo resumió así desde la cabina: «De esta manera tan original han querido en Riazor interpretar el himno nacional español, con una banda de 50 músicos entre gaiteros y percusionistas». La ciudad gallega regaló un arranque que quedará en el recuerdo de quienes estuvieron presentes, y también de quienes lo vieron por televisión.. La expectación que rodea a esta selección tiene una explicación sencilla: España llega al Mundial de 2026 como campeona de Europa, con una generación que ilusiona y con la memoria viva del título de 2024. Los aficionados que llenaron Riazor llevan semanas soñando con una segunda estrella y ese sueño convierte cada encuentro previo en una ocasión para calentar motores y para creer un poco más. El partido contra Irak era el último en suelo español antes del viaje a América, y aunque nadie esperaba un choque de alto voltaje, la afición quiso despedir a la Roja a la altura de lo que esta selección merece.. Sobre el campo, Luis de la Fuente apostó por un once que reflejaba las numerosas bajas que arrastra la convocatoria, y aprovechó la ocasión para dar minutos a caras nuevas. Jon Martín debutó en la defensa y Marc Bernal lo hizo en el centro del campo, dos estrenos que amplían la nómina de futbolistas que ya conocen lo que es vestir la camiseta de España. El equipo se adelantó en el marcador y parecía que el partido iba a seguir el guion previsible de un amistoso de trámite, pero la selección iraquí, que sobre el papel tenía poco que hacer, encontró el empate con un tanto que pilló desprevenido a Joan García. Fue el único momento de tensión real de la noche, y también la única conclusión táctica que deja el encuentro sobre la mesa.. Viaje al Mundial. El resultado, en todo caso, importa menos que el viaje que viene después. España se marchará a América para cerrar la preparación, con un amistoso contra Perú en México antes de que arranque la competición. Lo que ocurra a partir de entonces es lo que de verdad tiene en vilo a un país entero. La primera estrella tardó mucho en llegar, la segunda lleva años esperando, y esta generación tiene los argumentos y el talento para conseguirla. La noche de Riazor ha sido un recordatorio de todo eso, con gaitas, con banderas y con un himno que sonó distinto al de siempre.
España ha disputado su último encuentro antes de viajar a disputar en el Mundial. El partido no ha tenido más historia
España juega contra Irak su último partido en España, antes de cruzar el Atlántico y empezar la preparación en el Mundial. Es un encuentro sin historia, con poco fútbol y pocas conclusiones, pero que ha sido bonito por el ambiente en La Coruña y por lo que ha sucedido al sonar el himno.. La descripción de Juan Carlos Rivero. Riazor vivió algo que no se ve cada día antes de un partido de fútbol. Cincuenta músicos, entre gaiteros y percusionistas, tomaron el césped para interpretar el himno nacional, y el estadio respondió como suelen responder los estadios cuando algo les sorprende de verdad: con entusiasmo, con banderas en alto y con una ovación que llenó las gradas antes de que empezara el fútbol. Juan Carlos Rivero, que narraba el partido para Televisión Española, lo resumió así desde la cabina: «De esta manera tan original han querido en Riazor interpretar el himno nacional español, con una banda de 50 músicos entre gaiteros y percusionistas». La ciudad gallega regaló un arranque que quedará en el recuerdo de quienes estuvieron presentes, y también de quienes lo vieron por televisión.. La expectación que rodea a esta selección tiene una explicación sencilla: España llega al Mundial de 2026 como campeona de Europa, con una generación que ilusiona y con la memoria viva del título de 2024. Los aficionados que llenaron Riazor llevan semanas soñando con una segunda estrella y ese sueño convierte cada encuentro previo en una ocasión para calentar motores y para creer un poco más. El partido contra Irak era el último en suelo español antes del viaje a América, y aunque nadie esperaba un choque de alto voltaje, la afición quiso despedir a la Roja a la altura de lo que esta selección merece.. Sobre el campo, Luis de la Fuente apostó por un once que reflejaba las numerosas bajas que arrastra la convocatoria, y aprovechó la ocasión para dar minutos a caras nuevas. Jon Martín debutó en la defensa y Marc Bernal lo hizo en el centro del campo, dos estrenos que amplían la nómina de futbolistas que ya conocen lo que es vestir la camiseta de España. El equipo se adelantó en el marcador y parecía que el partido iba a seguir el guion previsible de un amistoso de trámite, pero la selección iraquí, que sobre el papel tenía poco que hacer, encontró el empate con un tanto que pilló desprevenido a Joan García. Fue el único momento de tensión real de la noche, y también la única conclusión táctica que deja el encuentro sobre la mesa.. Viaje al Mundial. El resultado, en todo caso, importa menos que el viaje que viene después. España se marchará a América para cerrar la preparación, con un amistoso contra Perú en México antes de que arranque la competición. Lo que ocurra a partir de entonces es lo que de verdad tiene en vilo a un país entero. La primera estrella tardó mucho en llegar, la segunda lleva años esperando, y esta generación tiene los argumentos y el talento para conseguirla. La noche de Riazor ha sido un recordatorio de todo eso, con gaitas, con banderas y con un himno que sonó distinto al de siempre.
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