La victoria en el referéndum constitucional que rechazó la reforma de la justicia impulsada por el Gobierno de Giorgia Meloni ha dado un impulso a la izquierda en Italia, que permanecía en horas bajas por el apabullante apoyo popular del que gozaba la primera ministra. Con la vista puesta en las elecciones que se celebrarán el próximo año, el centro-izquierda aspira a formar una gran coalición progresista que pueda ganar en las urnas. Sin embargo, el liderazgo del amplio bloque sigue siendo el principal obstáculo.. Todos los protagonistas del campo progresista -desde el Partido Democrático (PD) hasta el Movimiento Cinco Estrellas (M5E), pasando por otras formaciones más pequeñas como Alianza Verde e Izquierda (AVS)-, repiten como un mantra que el programa es lo primero. Una imagen de unidad que hace aguas cuando se cuestiona quién se encargará de liderar el experimento.. «Los ciudadanos quieren elegir». El primero en romper el tabú fue el líder del M5E, Giuseppe Conte, quien, con las urnas del referéndum aún calientes, lanzó un desafío a sus aliados. «Esta primavera democrática se centra en la participación. Los ciudadanos quieren elegir». El ex primer ministro italiano propuso «primarias abiertas también a los no inscritos» a los partidos para evitar que la elección del futuro líder provenga desde los despachos.. La secretaría del PD, Elly Schlein, no tardó en recoger el guante, pero recomendó prudencia: «Primero el programa». Una voz a la que se unieron en coro también los líderes de AVS, que agrupa a los Verdes de Angelo Bonelli, Izquierda Italiana de Nicola Fratoianni, y Riccardo Magi, de Más Europa, el partido fundado por Emma Bonino, referente de la izquierda italiana.. Schlein cuenta con la experiencia de haber ganado unas primarias abiertas contra Stefano Bonaccini, el entonces presidente en la región de Emilia-Romagna -hoy eurodiputado- de quien la actual líder del PD era su ‘número dos’. Mientras que Conte se hizo con el partido fundado por Beppe Grillo después de una guerra fratricida entre los dos que acabó con la salida definitiva del cómico de la que había sido su criatura política. Pero a Conte le interesaría que fueran los electores los encargados de elegir la líder de una hipotética coalición para evitar que el representante del partido con más votos se convierta automáticamente en el candidato a primer ministro. La misma ‘regla’ con la que Meloni adelantó por la derecha a sus aliados de coalición, Silvio Berlusconi y Matteo Salvini.. Según las últimas encuestas, los progresistas superarían a los conservadores sólo por un punto. Hermanos de Italia, el partido de la primera ministra, se mantiene como la primera formación en intención de voto con el 28% seguido por el PD de Schlein, que alcanza el 22%. Mientras, el M5E se acerca al 13% de las preferencias.. Pasada la resaca por la derrota referendaria de Meloni, la postura oficial de los partidos es tratar de consolidarse antes como una alternativa de gobierno creíble, porque una batalla por el liderazgo en este momento podría crear divisiones y favorecer a la derecha. Pero justo cuando parecía que se había encontrado cierto consenso, una entrevista a Bloomberg de la flamante alcaldesa de Génova, Silvia Salis, volvió a romper la baraja. «Tomaría en consideración presentarme como candidata si me lo pidieran», declaró. El mensaje llegó claro a Roma.. Una contrincante para Meloni. Su nombre figura entre los ‘papables’ desde hace meses, pero hasta ahora había dado largas. «Génova es mi prioridad», solía decir. Muchos la consideran una figura ajena al sistema político porque hasta mayo del año pasado, cuando ganó con más del 50% de los votos, nunca había participado en política. Su rostro estaba asociado al deporte. Atleta profesional -participó en los Juegos Olímpicos de Pekín y de Londres como lanzadora de martillo-, tras su retirada, fue nombrada vicepresidenta del Comité Olímpico Nacional Italiano hasta que fue elegida para liderar una coalición de izquierdas con las que se presentó a las elecciones de su ciudad. Sus detractores la critican por su gusto por el lujo y la ropa de marca, llegando incluso a llamarla ‘Barbie’. «Si eso es lo peor que pueden decir de mí, sigamos adelante», respondió en la revista Vanity Fair.. En las municipales de 2025, Salis logró movilizar a los electores de centroizquierda gracias a su defensa de los trabajadores por encima de las siglas. En este primer año de mandato ha introducido el salario mínimo en los contratos municipales -en Italia no existe una ley de SMI nacional-; ha participado en manifestaciones a favor de la comunidad LGTBI o para evitar el cierre de la antigua siderúrgica ILVA, que amenaza con dejar en la calle a más de un millar de empleados en una región, Liguria, donde no sobra el trabajo. Además, ha registrado una decena de niños nacidos de parejas del mismo sexo para luchar contra la discriminación que sufren en Italia.. Su disponibilidad a desafiar a Meloni en las próximas elecciones complica aún más a una coalición progresista aún en construcción, pero podría ser la carta que necesita la izquierda para derrotar a la primera ministra italiana.
La victoria en el referéndum constitucional que rechazó la reforma de la justicia impulsada por el Gobierno de Giorgia Meloni ha dado un impulso a la izquierda en Italia, que permanecía en horas bajas por el apabullante apoyo popular del que gozaba la primera ministra. Con la vista puesta en las elecciones que se celebrarán el próximo año, el centro-izquierda aspira a formar una gran coalición progresista que pueda ganar en las urnas. Sin embargo, el liderazgo del amplio bloque sigue siendo el principal obstáculo.. Todos los protagonistas del campo progresista -desde el Partido Democrático (PD) hasta el Movimiento Cinco Estrellas (M5E), pasando por otras formaciones más pequeñas como Alianza Verde e Izquierda (AVS)-, repiten como un mantra que el programa es lo primero. Una imagen de unidad que hace aguas cuando se cuestiona quién se encargará de liderar el experimento.. «Los ciudadanos quieren elegir». El primero en romper el tabú fue el líder del M5E, Giuseppe Conte, quien, con las urnas del referéndum aún calientes, lanzó un desafío a sus aliados. «Esta primavera democrática se centra en la participación. Los ciudadanos quieren elegir». El ex primer ministro italiano propuso «primarias abiertas también a los no inscritos» a los partidos para evitar que la elección del futuro líder provenga desde los despachos.. La secretaría del PD, Elly Schlein, no tardó en recoger el guante, pero recomendó prudencia: «Primero el programa». Una voz a la que se unieron en coro también los líderes de AVS, que agrupa a los Verdes de Angelo Bonelli, Izquierda Italiana de Nicola Fratoianni, y Riccardo Magi, de Más Europa, el partido fundado por Emma Bonino, referente de la izquierda italiana.. Schlein cuenta con la experiencia de haber ganado unas primarias abiertas contra Stefano Bonaccini, el entonces presidente en la región de Emilia-Romagna -hoy eurodiputado- de quien la actual líder del PD era su ‘número dos’. Mientras que Conte se hizo con el partido fundado por Beppe Grillo después de una guerra fratricida entre los dos que acabó con la salida definitiva del cómico de la que había sido su criatura política. Pero a Conte le interesaría que fueran los electores los encargados de elegir la líder de una hipotética coalición para evitar que el representante del partido con más votos se convierta automáticamente en el candidato a primer ministro. La misma ‘regla’ con la que Meloni adelantó por la derecha a sus aliados de coalición, Silvio Berlusconi y Matteo Salvini.. Según las últimas encuestas, los progresistas superarían a los conservadores sólo por un punto. Hermanos de Italia, el partido de la primera ministra, se mantiene como la primera formación en intención de voto con el 28% seguido por el PD de Schlein, que alcanza el 22%. Mientras, el M5E se acerca al 13% de las preferencias.. Pasada la resaca por la derrota referendaria de Meloni, la postura oficial de los partidos es tratar de consolidarse antes como una alternativa de gobierno creíble, porque una batalla por el liderazgo en este momento podría crear divisiones y favorecer a la derecha. Pero justo cuando parecía que se había encontrado cierto consenso, una entrevista a Bloomberg de la flamante alcaldesa de Génova, Silvia Salis, volvió a romper la baraja. «Tomaría en consideración presentarme como candidata si me lo pidieran», declaró. El mensaje llegó claro a Roma.. Una contrincante para Meloni. Su nombre figura entre los ‘papables’ desde hace meses, pero hasta ahora había dado largas. «Génova es mi prioridad», solía decir. Muchos la consideran una figura ajena al sistema político porque hasta mayo del año pasado, cuando ganó con más del 50% de los votos, nunca había participado en política. Su rostro estaba asociado al deporte. Atleta profesional -participó en los Juegos Olímpicos de Pekín y de Londres como lanzadora de martillo-, tras su retirada, fue nombrada vicepresidenta del Comité Olímpico Nacional Italiano hasta que fue elegida para liderar una coalición de izquierdas con las que se presentó a las elecciones de su ciudad. Sus detractores la critican por su gusto por el lujo y la ropa de marca, llegando incluso a llamarla ‘Barbie’. «Si eso es lo peor que pueden decir de mí, sigamos adelante», respondió en la revista Vanity Fair.. En las municipales de 2025, Salis logró movilizar a los electores de centroizquierda gracias a su defensa de los trabajadores por encima de las siglas. En este primer año de mandato ha introducido el salario mínimo en los contratos municipales -en Italia no existe una ley de SMI nacional-; ha participado en manifestaciones a favor de la comunidad LGTBI o para evitar el cierre de la antigua siderúrgica ILVA, que amenaza con dejar en la calle a más de un millar de empleados en una región, Liguria, donde no sobra el trabajo. Además, ha registrado una decena de niños nacidos de parejas del mismo sexo para luchar contra la discriminación que sufren en Italia.. Su disponibilidad a desafiar a Meloni en las próximas elecciones complica aún más a una coalición progresista aún en construcción, pero podría ser la carta que necesita la izquierda para derrotar a la primera ministra italiana.
El centro-izquierda italiano aspira a formar una gran coalición progresista cuyo liderazgo aún no se ha definido
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