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Como defendía el economista austriaco, lo más importante no es el grado de competencia en los mercados actuales, sino asegurar los incentivos y las capacidades para competir en los mercados del futuro
En la época en que vivió el gran economista austriaco Joseph Schumpeter el mundo aún era analógico, pero sus reflexiones sobre los factores que mueven la innovación y el dinamismo de una economía de mercado son incluso más relevantes hoy, en la era digital.. Probablemente, una de las ideas más influyentes de Schumpeter fue enfatizar que, en las economías capitalistas, es más importante centrarse en la competencia por el mercado que en la competencia en el mercado. En épocas de rápidos cambios tecnológicos, para él era más transcendental generar las condiciones para que las empresas innoven e inviertan con el objetivo de crear y conquistar nuevos mercados, que preocuparse demasiado por el grado de rivalidad en la oferta de bienes y servicios ya existentes.. Este principio se aplica de manera natural a los sectores más dinámicos de una economía entre los que está, sin lugar a duda, el sector digital, tanto por lo que se refiere a las redes como a los servicios que sobre ellas se proporcionan a empresas y consumidores.. Cuando se publicó el informe de Mario Draghi en septiembre de 2024, su inspiración fue muy schumpeteriana por lo que respecta a la dinámica de la competencia y los determinantes de la innovación. Las ideas que allí se vertían, y muchas de las propuestas, se fundamentaban en la visión de que lo más importante no era el grado de competencia en los mercados actuales, sino asegurar que las empresas tenían los incentivos y las capacidades para competir, y ganar, en los mercados del futuro.. En el caso de las redes digitales, este enfoque comportaba un cambio de paradigma en las principales políticas económicas que afectan al desarrollo del sector: la política de espectro, la regulación del despliegue y el acceso a las redes de fibra, y una política horizontal clave como es la de defensa de la competencia.. Han transcurrido dos años desde el informe Draghi y nos encontramos en un momento clave. La Unión Europea corre el grave riesgo de que el complejo proceso legislativo comunitario convierta en papel mojado el desiderátum del célebre economista italiano. Su informe, aunque influyente, no constituye por desgracia una decisión de urgencia, como el whatever it takes con el que en su día atajó la crisis del euro.. En política de espectro, las propuestas de la Comisión Europea van en la línea correcta, pero no son suficientemente ambiciosas. Alargar la duración de las concesiones y abaratarlas libera recursos. Los puristas argumentarán que el coste de las licencias es irrecuperable y, por tanto, no afecta a los incentivos. Sin embargo, los mercados de capitales son imperfectos y, como ya nos decía Schumpeter —y el sentido común—, disponer de más recursos financieros es un factor importante para poder invertir e innovar.. En el ámbito regulatorio, la propuesta de nuevas normas persiste en la idea de poner un precio bajo al acceso a las redes, para facilitar su uso, en lugar de precios que promuevan el desarrollo de nuevas infraestructuras. Para estas se recurre a la imposición de obligaciones de despliegue, algo ajeno al desarrollo de un mercado libre. De hecho, sería incluso mejor abandonar la regulación y dejar, como en EE UU, que la política de competencia intervenga si se registran comportamientos anticompetitivos.. El informe Draghi también abogaba por una política de fusiones que tuviera en cuenta explícitamente su efecto en la competencia dinámica. Es decir, sobre la competencia por el mercado y los incentivos a invertir e innovar. Aquí el nuevo marco legal europeo está aún menos cerrado, aunque Bruselas ya ha sometido a discusión pública un borrador de las nuevas directrices de fusiones. Un informe reciente de Oxera ha clarificado técnicamente los posibles efectos contrapuestos (a favor y en contra de la competencia dinámica) de las fusiones. Será importante que la versión final de las nuevas directrices recoja el espíritu del informe Draghi. En general, y pese a las excepciones, añadir consideraciones de competencia dinámica al proceso de análisis sobre posibles fusiones debiera tender a facilitarlas. De este modo, la regulación favorecería que Europa progrese en la creación de compañías fuertes, con capacidad para invertir y competir a nivel global.. Europa se enfrenta a un reto de competitividad e innovación muy serio, y parte en desventaja respecto a Estados Unidos y China, tanto en el ámbito de los servicios digitales como en el desarrollo de la inteligencia artificial. Recuperar ese retraso acumulado pasa, en parte, por incrementar las inversiones en las infraestructuras digitales para asegurar que Europa dispone de redes de alta calidad y en grado suficiente. Esa inversión y esa innovación requieren un marco razonable de estabilidad jurídica y regulatoria que permita a las empresas invertir y competir con el riesgo de negocio normal en sectores de rápido avance tecnológico. Esta es la lección que hoy nos impartiría el gran Schumpeter y que, transcurridos 150 años, todavía continúa vigente.. Jordi Gual es profesor de IESE.
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