Robert Moreno lamenta que el reecuentro con Luis Enrique nunca haya llegado, la conversación quedó clausurada en casa del actual entrenador del PSG, cuando Robert Moreno acudió con la intención de cumplir lo que había dicho públicamente y escuchó algo que no esperaba. «Me dijo que ya no contaba conmigo, que no volvería a entrenar jamás con él», recuerda el técnico de Hospitalet de Llobregat en ‘El camino de Mario’, el pódcast de Mario Suárez donde ha repasado una etapa que lo marcó de formas que aún procesa. Los motivos de aquella decisión los conoce, o cree conocerlos, pero prefiere no compartirlos porque se los transmitieron terceras personas y quiere, dice, que cada uno interprete lo que quiera sin que él añada combustible a un relato que ya lo consumió entonces.. Un aprendizaje brutal. La sensación de quedarse solo en medio de una tormenta mediática que no controlaba lo llevó a una certeza incómoda. «Me he dado cuenta de que el relato es mucho más fuerte que la verdad muchas veces, que alguien como yo, que en ese momento era alguien que no era nadie para el fútbol, era un asistente, no tenía la fuerza ni el apoyo de nadie como para girar el relato, fue un aprendizaje brutal», explica Moreno, que a sus 48 años y sin equipo tras su paso por el Sochi ruso tiene la perspectiva suficiente para entender que aquello, pese al dolor, acabó abriendo puertas que de otra forma habrían permanecido cerradas. El Mónaco, por ejemplo, lo conoció precisamente por eso, por haber estado en el centro de una controversia que lo convirtió en visible cuando antes solo era una pieza del engranaje.. Decidió callarse entonces porque creyó que el respeto a la situación familiar de Luis Enrique exigía exactamente eso, quedarse callado aunque eso supusiese perder el relato, porque la circunstancia que había llevado a todo aquello se merecía su silencio. «Pensaba que el respeto a la situación implicaba quedarme callado, aunque eso supusiese perder el relato, porque la situación que había llevado a eso se merecía estar callado», dice. Lo pasó mal, su familia lo pasó mal, el aprendizaje fue por las malas, pero de todo lo negativo salieron cosas buenas, repite, quizá como un mantra que lo ayuda a sostener la narrativa.. Su deseo de hablar con Luis Enrique. Hoy le gustaría arreglar las cosas porque no le gusta vivir con rencor hacia nadie, aunque sabe que el resto del staff que estaba con él en aquel momento sí volvió después con Luis Enrique, todo el equipo menos él. «A mí me encantaría el poder solucionar las cosas porque no me gusta vivir con rencor hacia nadie», afirma, consciente de que aquello no solo lo separó del asturiano sino también de otras dos personas. Perdió dos amigos allí, dice sin nombrarlos, y esa pérdida pesa tanto o más que la ruptura profesional. «Me encantaría el poder solucionar las cosas porque no me gusta vivir con rencor hacia nadie», dice.. Todo empezó cuando el grave problema familiar de Luis Enrique lo obligó a apartarse y dejó a Moreno al frente sin que él diera un paso sin consultarlo, salvo las decisiones técnicas que en el momento en que Lucho se apartó quedaron bajo su exclusiva responsabilidad porque el asturiano fue claro al respecto. «Me dijo: Es tu responsabilidad, yo no quiero saber nada. Lo que pase lo asumes tú. Lo asumo con naturalidad. Digo, bueno, es lo que toca. Me toca hacer esto», recuerda Moreno, que entonces no imaginaba cómo aquella delegación temporal acabaría convirtiéndose en el epicentro de una ruptura definitiva.. El ofrecimiento de Rubiales. La conversación con Luis Rubiales llegó después, cuando Moreno le transmitió al entonces presidente de la Federación que él y su equipo no querían ser un problema, que lo arreglaban sin necesidad de que les pagasen nada, que entendían la situación y estaban dispuestos a irse. «Yo le digo a Luis, digo, Luis, el míster lo ha dejado, nosotros no queremos ser un problema, lo arreglamos, no necesitamos que nos paguéis nada, entendemos la situación, nos vamos, y entonces él me dice que no, que tienes que ser tú el seleccionador», cuenta Moreno, que se quedó impactado ante una propuesta que no esperaba y que rechazó de entrada porque no quería ser el seleccionador, porque se consideraba parte del staff de Luis Enrique y quería seguir con él. La respuesta de Rubiales fue tajante: «Te tienes que quedar tú porque es la única forma de que en el futuro haya la posibilidad de que él pueda volver».. En aquel momento la comunicación directa con Luis Enrique era imposible, todo pasaba por el psicólogo del equipo, y la decisión final dependía de que el asturiano diese su visto bueno a aquella solución. «Es algo que solo vamos a hacer si tú das el visto bueno. Y lo dio», explica Moreno,. Lo presentaron oficialmente, asumió el rol con la convicción de que aquello era temporal y que cuando Luis Enrique volviese él regresaría a su sitio en el staff, pero la realidad dibujó otro final.
El entrenador se ha confesado acerca de cómo fue su ruptura con Luis Enrique y cómo lo vivió
Robert Moreno lamenta que el reecuentro con Luis Enrique nunca haya llegado, la conversación quedó clausurada en casa del actual entrenador del PSG, cuando Robert Moreno acudió con la intención de cumplir lo que había dicho públicamente y escuchó algo que no esperaba. «Me dijo que ya no contaba conmigo, que no volvería a entrenar jamás con él», recuerda el técnico de Hospitalet de Llobregat en ‘El camino de Mario’, el pódcast de Mario Suárez donde ha repasado una etapa que lo marcó de formas que aún procesa. Los motivos de aquella decisión los conoce, o cree conocerlos, pero prefiere no compartirlos porque se los transmitieron terceras personas y quiere, dice, que cada uno interprete lo que quiera sin que él añada combustible a un relato que ya lo consumió entonces.. Un aprendizaje brutal. La sensación de quedarse solo en medio de una tormenta mediática que no controlaba lo llevó a una certeza incómoda. «Me he dado cuenta de que el relato es mucho más fuerte que la verdad muchas veces, que alguien como yo, que en ese momento era alguien que no era nadie para el fútbol, era un asistente, no tenía la fuerza ni el apoyo de nadie como para girar el relato, fue un aprendizaje brutal», explica Moreno, que a sus 48 años y sin equipo tras su paso por el Sochi ruso tiene la perspectiva suficiente para entender que aquello, pese al dolor, acabó abriendo puertas que de otra forma habrían permanecido cerradas. El Mónaco, por ejemplo, lo conoció precisamente por eso, por haber estado en el centro de una controversia que lo convirtió en visible cuando antes solo era una pieza del engranaje.. Decidió callarse entonces porque creyó que el respeto a la situación familiar de Luis Enrique exigía exactamente eso, quedarse callado aunque eso supusiese perder el relato, porque la circunstancia que había llevado a todo aquello se merecía su silencio. «Pensaba que el respeto a la situación implicaba quedarme callado, aunque eso supusiese perder el relato, porque la situación que había llevado a eso se merecía estar callado», dice. Lo pasó mal, su familia lo pasó mal, el aprendizaje fue por las malas, pero de todo lo negativo salieron cosas buenas, repite, quizá como un mantra que lo ayuda a sostener la narrativa.. Su deseo de hablar con Luis Enrique. Hoy le gustaría arreglar las cosas porque no le gusta vivir con rencor hacia nadie, aunque sabe que el resto del staff que estaba con él en aquel momento sí volvió después con Luis Enrique, todo el equipo menos él. «A mí me encantaría el poder solucionar las cosas porque no me gusta vivir con rencor hacia nadie», afirma, consciente de que aquello no solo lo separó del asturiano sino también de otras dos personas. Perdió dos amigos allí, dice sin nombrarlos, y esa pérdida pesa tanto o más que la ruptura profesional. «Me encantaría el poder solucionar las cosas porque no me gusta vivir con rencor hacia nadie», dice.. Todo empezó cuando el grave problema familiar de Luis Enrique lo obligó a apartarse y dejó a Moreno al frente sin que él diera un paso sin consultarlo, salvo las decisiones técnicas que en el momento en que Lucho se apartó quedaron bajo su exclusiva responsabilidad porque el asturiano fue claro al respecto. «Me dijo: Es tu responsabilidad, yo no quiero saber nada. Lo que pase lo asumes tú. Lo asumo con naturalidad. Digo, bueno, es lo que toca. Me toca hacer esto», recuerda Moreno, que entonces no imaginaba cómo aquella delegación temporal acabaría convirtiéndose en el epicentro de una ruptura definitiva.. El ofrecimiento de Rubiales. La conversación con Luis Rubiales llegó después, cuando Moreno le transmitió al entonces presidente de la Federación que él y su equipo no querían ser un problema, que lo arreglaban sin necesidad de que les pagasen nada, que entendían la situación y estaban dispuestos a irse. «Yo le digo a Luis, digo, Luis, el míster lo ha dejado, nosotros no queremos ser un problema, lo arreglamos, no necesitamos que nos paguéis nada, entendemos la situación, nos vamos, y entonces él me dice que no, que tienes que ser tú el seleccionador», cuenta Moreno, que se quedó impactado ante una propuesta que no esperaba y que rechazó de entrada porque no quería ser el seleccionador, porque se consideraba parte del staff de Luis Enrique y quería seguir con él. La respuesta de Rubiales fue tajante: «Te tienes que quedar tú porque es la única forma de que en el futuro haya la posibilidad de que él pueda volver».. En aquel momento la comunicación directa con Luis Enrique era imposible, todo pasaba por el psicólogo del equipo, y la decisión final dependía de que el asturiano diese su visto bueno a aquella solución. «Es algo que solo vamos a hacer si tú das el visto bueno. Y lo dio», explica Moreno,. Lo presentaron oficialmente, asumió el rol con la convicción de que aquello era temporal y que cuando Luis Enrique volviese él regresaría a su sitio en el staff, pero la realidad dibujó otro final.
Fútbol hoy: Últimas noticias en La Razón
