Vivimos rodeados de mensajes. Las redes sociales, las aplicaciones de mensajería y la comunicación permanente han multiplicado las oportunidades para expresarnos, pero también han transformado la forma en que nos relacionamos. Nunca había sido tan fácil decir lo que pensamos y, sin embargo, muchas personas tienen la sensación de que cada vez cuesta más encontrar a alguien que las escuche de verdad.. Esa es una de las preocupaciones que plantea el filósofo Byung-Chul Han, una de las voces más influyentes del pensamiento actual. En una reflexión que ha despertado gran interés, el autor sostiene que “en el futuro habrá una profesión llamada oyente”, una figura a la que acudiremos porque apenas quedarán personas capaces de prestar una atención auténtica a los demás.. La escucha, un acto de generosidad. La afirmación de Han va mucho más allá de una crítica a los malos modales o a la falta de educación. Para el filósofo, escuchar no consiste simplemente en permanecer callado mientras otra persona habla. Implica dedicar tiempo, atención y presencia al otro.. Según su planteamiento, la escucha verdadera exige apartar momentáneamente el propio ego. Es decir, renunciar a la tentación de interrumpir, de juzgar o de convertir cualquier conversación en una oportunidad para hablar de uno mismo. En este sentido, escuchar sería una forma de entrega.. La idea conecta con una realidad cotidiana que muchos reconocen: conversaciones en las que el interlocutor parece estar preparando su respuesta antes incluso de que el otro haya terminado de expresarse. El resultado es que el diálogo pierde profundidad y se convierte en una sucesión de monólogos.. La era de la hiperconectividad y el “colapso del otro”. Buena parte de la obra de Han gira en torno a los efectos culturales de la tecnología y la hiperconectividad. En libros como La sociedad del cansancio o Psicopolítica, analiza cómo la presión por producir, exponerse y mantenerse constantemente activo afecta a la vida personal.. Dentro de ese diagnóstico aparece una idea recurrente: la progresiva desaparición del “otro”. Según el filósofo, los algoritmos digitales tienden a mostrarnos opiniones, contenidos y personas similares a nosotros mismos. Esto reduce el encuentro con perspectivas distintas y limita la capacidad de sorpresa. Cuando las conversaciones dejan de ser un espacio para descubrir al otro y se convierten en una reafirmación constante de nuestras propias ideas, la escucha pierde protagonismo. El diálogo ya no busca comprender, sino confirmar.. Uno de los aspectos más llamativos de la reflexión de Han es su reivindicación del silencio. En una cultura marcada por la inmediatez, los silencios suelen interpretarse como momentos incómodos que hay que llenar rápidamente.. Sin embargo, tanto la filosofía como la psicología han señalado durante décadas la importancia de esos espacios. El silencio permite procesar emociones, ordenar pensamientos y profundizar en lo que realmente se quiere comunicar. No es casual que muchos terapeutas utilicen pausas deliberadas durante las sesiones. El objetivo no es interrumpir el flujo de la conversación, sino ofrecer el espacio necesario para que la persona encuentre sus propias palabras.. Lo que dice la psicología sobre sentirse escuchado. Las ideas de Han encuentran eco en investigaciones psicológicas sobre la llamada escucha activa. El psicólogo estadounidense Carl Rogers, uno de los principales representantes de la psicología humanista, defendía que sentirse comprendido es una de las experiencias más transformadoras para cualquier persona.. Rogers observó que muchas veces las personas no necesitan consejos inmediatos ni soluciones rápidas. Lo que realmente buscan es ser escuchadas sin juicios y con atención genuina. Esa experiencia favorece la confianza, reduce la ansiedad y ayuda a comprender mejor los propios problemas. Desde esta perspectiva, la advertencia de Han no es únicamente filosófica. También apunta a una necesidad emocional creciente en sociedades donde la velocidad y la productividad ocupan cada vez más espacio.. ¿Pagaremos por ser escuchados?. La imagen de una futura profesión dedicada exclusivamente a escuchar puede parecer exagerada, pero encierra una reflexión inquietante. Cada vez más personas recurren a profesionales no solo para resolver problemas concretos, sino para encontrar un espacio donde expresarse sin interrupciones.. Para Han, esta situación refleja una paradoja de nuestro tiempo: disponemos de más canales de comunicación que nunca, pero corremos el riesgo de perder una de las habilidades humanas más básicas. Escuchar requiere paciencia, atención y una disposición que no siempre encaja con el ritmo acelerado de la vida actual.. Por eso, cuando el filósofo afirma que algún día acudiremos a un “oyente”, no está haciendo una predicción literal sobre el mercado laboral. Está lanzando una advertencia sobre el valor de una capacidad que, precisamente por volverse escasa, podría convertirse en uno de los recursos más preciados del futuro.
En una sociedad que nunca deja de hablar, el pensador surcoreano-alemán advierte de que escuchar se está convirtiendo en un bien cada vez más escaso
Vivimos rodeados de mensajes. Las redes sociales, las aplicaciones de mensajería y la comunicación permanente han multiplicado las oportunidades para expresarnos, pero también han transformado la forma en que nos relacionamos. Nunca había sido tan fácil decir lo que pensamos y, sin embargo, muchas personas tienen la sensación de que cada vez cuesta más encontrar a alguien que las escuche de verdad.. Esa es una de las preocupaciones que plantea el filósofo Byung-Chul Han, una de las voces más influyentes del pensamiento actual. En una reflexión que ha despertado gran interés, el autor sostiene que “en el futuro habrá una profesión llamada oyente”, una figura a la que acudiremos porque apenas quedarán personas capaces de prestar una atención auténtica a los demás.. La escucha, un acto de generosidad. La afirmación de Han va mucho más allá de una crítica a los malos modales o a la falta de educación. Para el filósofo, escuchar no consiste simplemente en permanecer callado mientras otra persona habla. Implica dedicar tiempo, atención y presencia al otro.. Según su planteamiento, la escucha verdadera exige apartar momentáneamente el propio ego. Es decir, renunciar a la tentación de interrumpir, de juzgar o de convertir cualquier conversación en una oportunidad para hablar de uno mismo. En este sentido, escuchar sería una forma de entrega.. La idea conecta con una realidad cotidiana que muchos reconocen: conversaciones en las que el interlocutor parece estar preparando su respuesta antes incluso de que el otro haya terminado de expresarse. El resultado es que el diálogo pierde profundidad y se convierte en una sucesión de monólogos.. La era de la hiperconectividad y el “colapso del otro”. Buena parte de la obra de Han gira en torno a los efectos culturales de la tecnología y la hiperconectividad. En libros como La sociedad del cansancio o Psicopolítica, analiza cómo la presión por producir, exponerse y mantenerse constantemente activo afecta a la vida personal.. Dentro de ese diagnóstico aparece una idea recurrente: la progresiva desaparición del “otro”. Según el filósofo, los algoritmos digitales tienden a mostrarnos opiniones, contenidos y personas similares a nosotros mismos. Esto reduce el encuentro con perspectivas distintas y limita la capacidad de sorpresa. Cuando las conversaciones dejan de ser un espacio para descubrir al otro y se convierten en una reafirmación constante de nuestras propias ideas, la escucha pierde protagonismo. El diálogo ya no busca comprender, sino confirmar.. Uno de los aspectos más llamativos de la reflexión de Han es su reivindicación del silencio. En una cultura marcada por la inmediatez, los silencios suelen interpretarse como momentos incómodos que hay que llenar rápidamente.. Sin embargo, tanto la filosofía como la psicología han señalado durante décadas la importancia de esos espacios. El silencio permite procesar emociones, ordenar pensamientos y profundizar en lo que realmente se quiere comunicar. No es casual que muchos terapeutas utilicen pausas deliberadas durante las sesiones. El objetivo no es interrumpir el flujo de la conversación, sino ofrecer el espacio necesario para que la persona encuentre sus propias palabras.. Lo que dice la psicología sobre sentirse escuchado. Las ideas de Han encuentran eco en investigaciones psicológicas sobre la llamada escucha activa. El psicólogo estadounidense Carl Rogers, uno de los principales representantes de la psicología humanista, defendía que sentirse comprendido es una de las experiencias más transformadoras para cualquier persona.. Rogers observó que muchas veces las personas no necesitan consejos inmediatos ni soluciones rápidas. Lo que realmente buscan es ser escuchadas sin juicios y con atención genuina. Esa experiencia favorece la confianza, reduce la ansiedad y ayuda a comprender mejor los propios problemas. Desde esta perspectiva, la advertencia de Han no es únicamente filosófica. También apunta a una necesidad emocional creciente en sociedades donde la velocidad y la productividad ocupan cada vez más espacio.. ¿Pagaremos por ser escuchados?. La imagen de una futura profesión dedicada exclusivamente a escuchar puede parecer exagerada, pero encierra una reflexión inquietante. Cada vez más personas recurren a profesionales no solo para resolver problemas concretos, sino para encontrar un espacio donde expresarse sin interrupciones.. Para Han, esta situación refleja una paradoja de nuestro tiempo: disponemos de más canales de comunicación que nunca, pero corremos el riesgo de perder una de las habilidades humanas más básicas. Escuchar requiere paciencia, atención y una disposición que no siempre encaja con el ritmo acelerado de la vida actual.. Por eso, cuando el filósofo afirma que algún día acudiremos a un “oyente”, no está haciendo una predicción literal sobre el mercado laboral. Está lanzando una advertencia sobre el valor de una capacidad que, precisamente por volverse escasa, podría convertirse en uno de los recursos más preciados del futuro.
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